NOVENTA MINUTOS DE BÚSQUEDA FINAL

NOVENTA MINUTOS DE BÚSQUEDA FINAL

Eran la 1 y 30 de la tarde del jueves 2 de diciembre. La central de Comunicaciones del Bloque de Búsqueda en Medellín recibió un llamada de Bogotá. Era un agente encubierto que estaba en las Residencias Tequendama, unos pisos abajojo de donde se hallaba la familia Escobar, en pleno centro de la capital. Está hablando , dijo el oficial.

04 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Se refería a una conversación que en ese instante sostenían Pablo Escobar, en Medellín, y su hijo Juan Pablo en el piso 29 del céntrico apartahotel. De inmediato, los cincuenta radio operadores de la central del bloque en la capital antioqueña sintonizaron sus frecuencias. Ubicaron la voz en un área de 800 metros cuadrados alrededor del Estadio. Enviaron su señal de alarma a las unidades policiales destacadas en toda la ciudad.

Una camioneta, dotada de un radiogonómetro, empezó entonces a captar una señal que inicialmente registró una intensidad de 3 en una escala de uno a diez. Esto significaba que la voz de Escobar estaba cerca.

En esta camioneta, se hallaba al mando un capitán con cinco oficiales más. Iba somnoliento, pues había trabajado hasta las 12 de la noche del miércoles. Pero al escuchar a uno de sus hombres decir: Ahí está, está cerca se incorporó de inmediato. Vió que la aguja del aparato subía a medida que transitaban.

El vehículo siguió desplazándose y diez minutos más tarde el nivel de intensidad era mayor: 3.5. El oficial y los cinco hombres del Bloque de Búsqueda siguieron rondando por el área para ver si se acercaban más. A esa hora, las 2:45 de la tarde, otras dos unidades, un poco más distantes, también se aproximaban guiadas por la señal de radio. Mientras tanto, Escobar seguía hablando con su hijo en el piso 29 de Residencias Tequendama.

Fue entonces cuando el monitor llegó al nivel cuatro. Los ocupantes del vehículo continuaron en la misma dirección hasta cuando la frecuencia llegó a un punto que no dejó ninguna duda: la aguja marcaba 7.5. Escobar se encontraba muy cerca. Instintivamente tomó el radio para dar parte a su coronel que permanecía atento en la sala de comunicaciones de la Escuela Carlos Holguín, cuartel general del Bloque de Búsqueda. Mientras el oficial y el agente hablaban, intervino una tercera voz. Veo a un hombre hablando por teléfono. Esta muy cerca a la ventana y se parece mucho a él , dijo agitado un joven suboficial que observaba a través de un teleobjetivo desde la azotea de un edificio próximo a la casa donde se ocultaba el jefe del cartel de Medellín.

En la sala de radio, el coronel Hugo Martínez Póveda impartió una orden precisa: Acérquense .

La furgoneta en la que estaba montada el radiogonómetro se parqueó entonces justo en frente a la casa. !Ese man se pellizcó! , gritó el operador cuando advirtió el desespero de Escobar. El capo, según escucharon los que monitoreaban su conversación, dijo entonces: Veo algo raro....hasta luego... . Y colgó. Intempestivamente, la aguja que marcaba 7.5 bajó a cero. El oficial de la unidad apenas alcanzó a gritar: Aquí es! . Los seis hombres que estaban en la camioneta y conformaban una escuadra del Copes (Comando de Operaciones Especiales), expertos en este tipo de acciones relámpago, se dividieron en dos pequeños grupos de asalto y lanzaron su ataque. Los últimos minutos Un grupo derribó la puerta con los golpes secos de un maceta metálica, mientras el otro se desplazó hacia la parte trasera para asegurar el área , es decir, para cubrir las posibles rutas de escape del objetivo .

Alvaro de Jesús Agudelo (El Limón), un hombre que llegó a convertirse en escolta de Escobar después de haber sido chofer de su familia, fue el primero en reaccionar. Saltó por una de las ventanas traseras y cuando creyó hallar un parapeto abrió fuego. Le dimos y luego lo vimos rodar hasta caer al piso del patio desde una especie de balcón interno , recuerda uno de los agentes.

Escobar respondió disparando. Uno de los agentes que venía siguiéndolo por detrás, sobre los techos cayó. Su compañero pensó erróneamente que estaba muerto y soltó una ráfaga de ametralladora contra el capo.

Este enfrentamiento duró algo más de un minuto, antes de que Escobar cayera abatido, en el momento en que se disponía a saltar hacia el solar de una casa vecina.

Creía que debía disparar únicamente hacia la ventana por donde lo seguía el comando que rompió la puerta, pero no advirtió que estaba cercado. Cuando comprobamos que estaba muerto vimos también que había alcanzado a disparar 12 de los 16 tiros de su pistola zig sauer, una sofisticada arma de 9 milímetros que le debieron haber enviado de Alemania , relata uno de los oficiales.

Escobar tenía también a su alcance una pistola glock, de fabricación automática.

Iban a ser las tres de la tarde del jueves cuando el capitán responsable de la operación dijo a través de su radio portátil: !Viva Colombia! . Todos entendieron que Escobar había caido...

Ese viva Colombia sonó refrescante para los oficiales del estado mayor del bloque que se encontraban en la sala de operaciones de la Escuela Carlos Holguín. La noche anterior sólo habían dormido un par de horas en los alojamientos de la unidad, situada al noroccidente de Medellín, en dirección hacia el municipio de Bello.

No hubo expresiones de júbilo. No es nuestro estilo bailar sobre los cadáveres , dice uno de ellos al rememorar el momento.

El comandante del bloque llamó de inmediato al despacho del gobernador de Antioquia, Juan Gómez, donde a esa hora se encontraba el director de la Policía, general Miguel Antonio Gómez Padilla, que había llegado a la ciudad a primera hora para seguir de cerca el desenlace de la operación.

El teléfono estaba ocupado. El oficial llamó entonces a Bogotá, a la oficina del general Vargas Silva, subdirector de la Policía y comandante nacional del bloque de búsqueda. Misión cumplida, mi general , le dijo.

La tropa que estaba destacada en el barrio Los Olivos pidió no ser relevada, pese a la tensionante jornada. Mi mayor, queremos ver a Escobar. Convencernos de que lo que pasó fue verdad , le dijo un agente a su superior mientras sacaba de la funda de su cantimplora la foto del hombre al que habían estado buscando febrilmente durante los últimos 18 meses.

No recoja rencores A las 3:20 de la tarde, cuando los helicópteros artillados hacían vuelos rasantes sobre las casas de Los Olivos y los vecinos del barrio trataban de abrirse paso entre el creciente tumulto de curiosos, llegó al lugar Hermilda Gaviria, madre de Escobar.

La mujer corría del brazo de su hija Luz Marina y atenazaba con su mano derecha un pañuelo. Imploró a los policías que montaban guardia que la dejaran pasar. Se sentó en la acera frente a la casa y allí aguardó durante dos horas hasta cuando funcionarios de la Fiscalía le dejaron ver el cadáver de su hijo que yacía sobre una camilla y estaba cubierto por una sábana blanca.

Después entró a la casa y quiso recoger algunas de las vainillas de las balas disparadas allí.

No lo haga señora. No recoja más reconcores , le dijo en voz baja uno de los centinelas.

Le hemos cumplido al país Sentado en uno de los corredores que rodean el cuartel central del Bloque de Búsqueda, en la escuela de Policía Carlos Holguín, en Medellín, Humberto, un agente aprieta su fusil de dotación R-15.

El aire frío de esa tarde invernal en Medellín parece sobrecogerlo. Va vestido con su uniforme verde oliva. Soba su arma y afirma: Nos sentimos orgullosos. Le hemos cumplido al país . Su expresión es de satisfacción. Y no es para menos. Han pasado 24 horas de la muerte de Pablo Escobar Gaviria, el mayor capo del narcotráfico del mundo. Y él, Humberto, tomó parte directa en el asalto, como integrante del Comando de Operaciones Especiales de la Policía (Copes). A sus 24 años de edad y seis de haber ingresado a la Policía Nacional, Humberto nunca había sentido una sensación similar como la de ese día. No obstante, después de haber participado en estos hechos históricos, luego de dos años en Medellín, y de haber sido uno de los pocos elegidos para integrar el Bloque de Búsqueda, no hace gala de su triunfo. Nosotros nos sentimos orgullosos por haber cumplido el deber que la Constitución nos ha delegado en la Policía , dice Humberto. Pero, nos hubiera gustado mejor capturarlo vivo y mostrárselo al país. Porque así lo hubiéramos dejado a disposición de la autoridad competente y el Gobierno, por medio de sus leyes, le hubiera dado un castigo ejemplar . Aunque fue un honor el haber sido escogido con otros pocos compañeros para la búsqueda final contra Escobar, reconoce que la labor encomendada le perturbó. Lo único que recuerdo es que pensé en alcanzar el objetivo. Salí del comando central con la iniciativa de ser positivo y ojalá dar con el blanco. Sabía que me tenía que cuidar. Todos somos humanos y nos da miedo, y en ese momento lo tuve. Pero nosotros como policías nos toca aprender a controlarlo. Cuando pasó todo di gracias a Dios. Pero, nosotros somos católicos, y no podemos bailar encima de los muertos. No nos agrada lo que hicimos. El haberlo tenido que matar... .

A la llegada a la Escuela de Policía Carlos Holguín, los agentes del Copes, fueron abrazados por su compañeros y felicitados por los superiores. Eso fue espectacular, fue apoteósico. Nuestros superiores, como hermanos mayores, nos supieron felicitar y nos agradecieron el ver que la confianza que ellos depositaron en nosotros no se vió frustrada . Humberto está amañado en Medellín y quiere seguir su servicio en la ciudad. Cree que empieza una nueva etapa en la capital antioqueña. Yo creo que a partir de ahora, Medellín empieza una nueva vida y, también, Colombia y todo el mundo. Creo que vamos a tener paz de ahora en adelante . Ahora, Humberto piensa en las personas que siguen el camino de la delincuencia... Que cambien , dice. Que el que empieza por mal camino termina por mal camino. Este tipo tuvo mucha suerte. Demasiadas veces se logró escapar y burló muchos cercos que le hizo la Policía y de otros enemigos. Sin embargo, se llegó el día, y cayó .

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