DON ROBERTO ECOLOGISTA

DON ROBERTO ECOLOGISTA

El profundo editorial, la sentida e íntima nota del doctor Abdón Espinosa Valderrama EL TIEMPO noviembre 30/93 y las elocuentes palabras del mismo doctor Espinosa y del doctor Otto Morales Benítez en las exequias de don Roberto García-Peña coforman una excelente semblanza y una espléndida microbiografía de este coloso del periodismo y paradigma de colombianos. No obstante hay una faceta del inolvidable amigo a que no se ha aludido: don Roberto ecologista. Cuando nuestras preocupaciones ecológicas nos llevaron a pensar que escritos sobre la materia podrían contribuir a concientizar a la gente sobre algo tan vital, una apreciada amiga Julia de Milewickz entonces redactora de EL TIEMPO, nos ofreció presentarnos al director del periódico. Cuando le expusimos a don Roberto, animados por su amable y bondadosa acogida, nuestra preocupación e intenciones, se entusiasmó y aceptó nuestros puntos de vista y luego de una breve pero enjundiosa lección de periodismo, nos preguntó qué nombre le íb

04 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Esto fue a mediados de marzo de 1977. Al día siguiente entregamos nuestra nota Una adición al decálogo y el 24 de ese mismo mes al mirar la página editorial la 4A quedamos asombrados: nuestra nota estaba ahí. Un día después fuimos a agradecer a don Roberto, la publicación y sobre todo el lugar tan honorífico. Con esa inmensa afabilidad que lo caracterizó, don Roberto nos felicitó por el escrito y nos recomendó que no dejáramos de escribir sobre un tema tan útil e importante y así comenzó esa generosa hospitalidad que desde entonces EL TIEMPO nos ha brindado en sus columnas.

Establecida esa relación, una que otra vez al llevar nuestras notas platicábamos con el insigne periodista y excepcional hombre que fue don Roberto. Y así se gestó una amistad que nos permitió conocer esa devoción suya por la naturaleza, su gran preocupación por el medio ambiente, su amor por las aguas cristalinas, por las selvas, por todo ese contenido maravilloso del ente físico de Colombia, que se está desmoronando y envenenando sin pausa.

Pensando, cómo y quien fue Roberto García-Peña, necesariamente debía ser y lo fue, un ecologista convencido, no de esos de relumbrón y pacotilla insensibles ante las sequías, ante los cerros erosionados, ante los cauces enantes llenos de agua y hoy secos, ante la humareda de las quemas veraniegas o las avalanchas espectaculares o las tremendas inundaciones en un invierno normal, pero muchos que hablan y dicen de ecología lo hacen porque está de moda, porque es un peldaño para escalar posiciones o conseguir votos.

Don Roberto un enamorado de Colombia, un poeta que se dolía de los amaneceres sin el canto de las aves, de la turbidez de las aguas o la desolación de los campos, fue un ecologista de verdad y mucho hablamos de esas cosas. Conservamos como reliquia un obsequio suyo, el libro The Twenty Ninth Day donde se plantean temas tan preocupantes como la superpoblación, la posibilidad de recursos para la supervivencia de la humanidad, etc.

Don Roberto orientó a EL TIEMPO por esa preocupación ecológica, definitiva para la humanidad y el país y no solamente fue un hombre verdaderamente bueno, sino que a través de su apasionante y nobilísima profesión fue incalculable el bien que hizo en su tránsito por esta vida.

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