RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA

RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA

La primera operación de cirugía estética se remonta al año 3.000 a. C. y la mayoría de los avances recientes en este terreno se apoyan en técnicas elaboradas a lo largo de los siglos, afirma una ponencia científica de un conocido cirujano francés, el doctor Francis Roucher. En su conferencia 50 siglos de cirugía restauradora de la imagen corporal , el doctor Roucher sostuvo esta inédita tesis sobre la antigedad de la cirugía plástica, subrayando que sólo cinco tipos de intervenciones estéticas nacieron realmente en este siglo: el lifting, la cirugía reparadora de la calvicie, el aumento mamario, la lipoabsorción y el trasplante libre por microsutura vascular.

02 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

De hecho, el deseo de corregir las desgracias corporales se remonta a 3.000 años antes de Cristo, como lo prueba la primera comunicación científica de la Historia , según el doctor, un documento que trata sobre cirugía estética y, concretamente, sobre las desviaciones nasales.

Ese documento no es ni más ni menos que un papiro de cinco metros de largo con todo tipo de informaciones sobre el tema, elaborado por Imhotep, un arquitecto de la corte de los faraones egipcios.

En el siglo XVI, el francés Ambroise Pare, otro pionero de los liftings de hoy, se percató de que los arcabuceros sufrían numerosas llagas por los fogonazos de esa arma rudimentaria.

Aunque esa herida, en los tiempos que corrían, no era de gravedad, Pare inventó una técnica destinada a curar y embellecer las llagas mediante un emplaste de yema de huevo y concentrado de terebintina, sacado de un arbusto muy común en el sur de Francia.

El remedio existente en la época para tratar las llagas del arcabuz era casi peor que la enfermedad: consistía simplemente en vertirles aceite hirviendo o cauterizarlas con un hierro al rojo.

El doctor Roucher, fundador de la Unidad de Investigación Pluridisciplinaria de Cirugía Plástica de Grenoble (este de Francia), citó también el caso de un médico del siglo XIX, Jean Francois Dieffenbach, que se ganaba la vida cobrando caballos, a cambio de corregir las narices de los que sufrían rinophima, la grotesca nariz con forma de fresa tan corriente en los cuadros flamencos.

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