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MALDICIÓN PARA UN SICARIO

MALDICIÓN PARA UN SICARIO

Quince años de desgracia caerán sobre la familia de quienes tienen que ver con el crimen del santero y espiritista cubano Mario Santiago Vizcay Hirrezuelo, fue la premonición del Hermano Roy en Buenaventura al enterarse de la muerte de su padrino en el barrio Vipasa de Cali.

Según ese anuncio, el espíritu del padrino Viscay vagará en el espacio hasta hacer justicia, la cual comenzará con insoportables dolores de cabeza a quienes se encuentren vinculados a su muerte, para luego sobrevenirles una racha de enfermedades y accidentes que los llevarán al suicidio ante el desespero.

Solo así descansará el Santero, pues aunque su familia y los 120 ahijados que tiene en Colombia, le harán una misa espiritual para que su alma ascienda, los espiritistas que le admiraron y aprendieron de él en vida pondrán toda su fe en los rezos para que su viaje no quede impune.

El homicida le disparó a través de una ventana en su casa del norte caleño. Es de mencionar que hace unas semanas fue muerto otro experto en santería.

Vizcay, de 53 años, había entrado hace tres años a Colombia como músico de una orquesta internacional que participo en la Feria de Cali y se quedó en la ciudad. Quienes le conocieron dicen que fue un hombre justo, bondadoso y noble, que ejercía la Santería invocando a Ubatalá (la Vírgen de las Mercedes para la paz y la tranquilidad), Yemayá (la Vírgen de regra que todo lo arregla), Ochún (la Santísima Caridad del cobre, para el dinero y el amor) y Changó (Santa Bárbara bendita, para evitar el mal).

Además, su vocación de espiritista la utilizaba para limpiar a las personas poseídas y hacer placentera la vida de quienes estaban sufriendo. Para ello bajaba del más allá a Francisco y Micaela, dos muertos que tenía como guías espirituales y en quienes no cabía la maldad.

La gente le tenía fe a los collares que él asignaba. Nunca cobraba las sesiones de espiritismo, pero para la santería exigía los derechos monetarios anuales a cada ahijado, sin salirse de la tarifa establecida por el número cabalístico 77.777 pesos, la cual aplicó en los 32 países que visitó durante sus 53 años de existencia.

A pesar de convivir en su casa con las pocetas de diez santos, el tabaco para leer y el coco para visualizar, Dios era el eje central de todas sus cosas. Odiaba la mentira y admiraba la justicia, aprendidas de su madre evangélica y su padre católico, a quienes hacía 15 años no visitaba.

Sin embargo, por aquellas ironías de la vida, un sicario truncó la promesa que había hecho a los suyos de ir a visitarlos a Cuba el próximo diciembre. Y aunque su cuerpo inerte será llevado a La Habana, su espíritu y su bondad permanecerán en todos aquellos que vestidos de blanco han acogido a Ubatalá, Yemayá, Ochún y Changó.

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