ROBERTO GARCÍA-PEÑA

ROBERTO GARCÍA-PEÑA

Nacido en el año 10, acaba de abandonar este mundo quien hasta la fecha ha sido en su calidad de editorialista el mejor que haya tenido el periodismo colombiano. Y tanto lo fue así, que ese otro coloso del periodismo colombiano, el doctor Eduardo Santos Montejo, lo escogió, entre muchos muy brillantes para dirigir su diario EL TIEMPO, cargo en el que laboró en forma continua durante más de 40 años. Cuentan quienes lo conocieron en sus mejores épocas, cuando magistralmente combinaba la bohemia con la responsabilidad de dirigir la opinión pública, que llegaba al periódico en las primeras horas de la mañana y escribía o dictaba en forma brillante su editorial directamente en las máquinas.

02 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

No somos ni mucho menos los llamados a calificar las calidades intelectuales de Roberto García-Peña, de fama internacional, especialmente en el mundo de la intelectualidad hispana, pero no podemos menos de expresar nuestra admiración y el pesar que nos produce su marcha definitiva.

Especialmente porque durante sus últimos años tuvimos la oportunidad y el gusto de estar más con él con motivo de su parcial regreso a su terruño, en su casa de San Juan de Girón. Allí pasó gratas temporadas, acompañado unas veces por su querida hija Mariluz, su yerno Jaime Posada, o sus nietos Roberto Posada, D Artagnan, o los Pardo, o de su sobrino Jaime, residente en Bucaramanga, en fin, siempre acompañado cariñosamente por algunos de sus familiares. No le fastidiaba el calor, no le molestaban los mosquitos, le agradaba encontrarse con sus amigos y colegas y nunca perdonaba su ida a La Tusa , el famoso restaurante de la Negra Evelia, caracterizado porque el menú siempre lo sirven en la mesa completo, encabezado por la crema de fríjoles y las paticas de cerdo y seguido por la carne seca, la sobrebarriga, el pollo, las papas chorriadas y la famosa yuca frita, todo rociado con un buen vino chileno.

Lástima que la situación de inseguridad y la misma molestia que lo acosó durante los últimos tiempos, hicieron que no lo pudiéramos disfrutar durante los casi dos años pasados.

Es verdaderamente deplorable para un país perder una de las mentes más cultivadas y brillantes que tenía. Pero, desafortunadamente, la muerte es lo único seguro con que cuenta el ser humano.

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