EL DISFRAZ SUPRAPARTIDISTA

EL DISFRAZ SUPRAPARTIDISTA

Las candidaturas suprapartidistas son casi siempre habilidosos procedimientos para pescar votos de intonsos, y también un recurso estratégico como en el caso colombiano para superar la condición minoritaria del partido a que pertenece determinado candidato presidencial. Es lo que está ocurriendo con el doctor Pastrana Arango, quien aparenta encarnar una candidatura nacional y no propiamente conservadora, así hechos inocultables como la proclamación que le hiciera el destacado dirigente conservador de Antioquia, doctor Valencia Cossio, y las de 32 convenciones regionales de su partido, tiñan de indeleble azul sus aspiraciones. La estrategia no hay que dudarlo está muy bien montada y orquestada. Es una pieza de teatro político donde los actores urden una trama que persigue atrapar al espectador desprevenido. El discurso en todo este montaje es único y repetitivo: al país no hay que mirarlo con lente partidista y quien lo haga comete un despropósito. Dentro de esta teoría los partidos

02 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Con ese enfoque todo candidato suprapartidista habla de la muerte de las ideologías, como lo intentó el doctor Pastrana Arango ante los convencionistas conservadores. Sin embargo, en el mensaje a sus copartidarios de siempre no pudo dejar de reconocer sentimientos coincidentes... con los de su partido, y por haber dicho eso será su candidato oficial. Entonces, el tal suprapartidismo debe considerarse como un producto de exportación, vale decir, para el consumo del resto de los colombianos, quienes se taparían los ojos para no percatarse del gran truco electoral.

La experiencia no muy lejana del triunfo del doctor Belisario Betancur, ha servido seguramente de fundamento para adoptar otra vez la estrategia del suprapartidismo. El propio doctor Betancur abrió uno de sus frecuentes paréntesis de elocuencia en su mensaje a la Convención de su partido para decir que el país necesitaba un presidente conservador de teoría y prácticas nacionales , tal como él mismo se presentara en las elecciones que lo consagraron Presidente de la República. Cómo no recordarles a los suyos que por esta vía llegó al poder? Históricamente, sin embargo, el suprapartidismo no ha resuelto los problemas del país. El Frente Nacional, que ha sido su máxima expresión política, lejos de lograrlo, los represó peligrosamente. Porque los partidos estuvieron durante 20 años de vacaciones burocráticas, abandonados de sus responsabilidades como guías de la nación.

En nuestro sentir, hay que rescatar el papel de los partidos en el manejo de los grandes asuntos del Estado. Eso no es proponer regresar al sectarismo o volver a prender la mecha de la violencia política. No. Lo que hay que hacer y eso lo debe decir el candidato liberal que resulte escogido en la consulta popular es gobernar para las mayorías directamente, con énfasis social, y sin tener que hacerles reverencias a los plutócratas. Ya es tiempo de buscar la paz por otros medios que los de acentuar las diferencias entre los colombianos. Y en ese propósito, el liberalismo está suficientemente preparado ideológicamente para asumir el reto. Si se decide, por supuesto.

Dejémosles el suprapartidismo a los conformistas, a quienes tienen una visión de espejo de nuestro país. Es decir, a quienes no ven claramente el futuro sino su propia imagen conservadurista, que son, afortunadamente, la minoría de los colombianos.

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