DE INQUILINOS A DUEÑOS DE CASA

DE INQUILINOS A DUEÑOS DE CASA

Diecisiete familias de escasos recursos económicos dejaron de ser inquilinos y pasarán a ser propietarios de la vivienda en uno de los barrios más bonitos de la capital como es la Candelaria, gracias al programa de dignificación de la vivienda que adelanta la Corporación La Candelaria, con el apoyo de la empresa privada. La casa, situada en la calle 10 # 2-85, la ocuparon durante muchos años quienes hoy son sus propietarios, y fue comprada por la Corporación al Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) que la tenía destinada a la ampliación de las calles del sector.

01 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La entidad adquirió el predio por su valor catastral y vinculó a la empresa privada con aportes en especie que lograron la disminución de los costos finales del proyecto y posibilitaron su clasificación dentro del marco de vivienda de interés social.

El Inurbe reconocerá el subsidio correspondiente para la totalidad de las viviendas, y el Banco Central Hipotecario otorgará créditos a los usuarios que los necesiten.

La gerente de la Corporación, María del Rosario Agudelo, dijo que el propósito de la entidad es hacer de esta realización un modelo encaminado al cumplimiento de su misión, e impulsar el programa integral del centro histórico con la participación y el compromiso de la sociedad.

Durante dos años los inquilinos fueron alojados en un hogar de paso en el barrio Egipto, mientras la Corporación reconstruía la casa.

Con la ayuda del alcalde Jaime Castro, quien estuvo presente y quien prometió que entregará las viviendas con la firma de la promesa de compraventa, las diecisiete familias pasarán su primera navidad en lo propio.

Ayer, estas personas no cabían de la dicha y solo atinaban a recordar cuando vivían hacinados en el inmueble y tenían que compartir el mismo baño, la misma cocina y el mismo tendedero de ropa.

Hoy, cada una de los apartamentos los hay desde $1 800.000 hasta $5 822.000 cuenta con baño privado, cocina, mezanine, y mucha privacidad. La vida para estas personas tuvo un giro de 180 grados y ante todo se dignificó.

Agudelo explicó que la demora para entregarles los apartamentos a los ex inquilinos es que el Inurbe no les ha girado el subsidio de $1 200.000 a que tienen derecho, ni el Banco Central Hipotecario les ha concedido los préstamos. La funcionaria dijo que este es el inicio del programa y que con la colaboración de la empresa privada y de la Administración Distrital, la Corporación La Candelaria continuará dignificando la vivienda para más familias necesitadas.

Posteriormente, la alcaldesa de La Candelaria, Elizabeth Cortés Suárez, entregó a Castro y a la comunidad la repavimentación de la carrera 1a., con lo cual recuperó el espacio público y solucionó en gran parte la congestión de tráfico que allí se presentaba.

No vio el sueño hecho realidad Jan Serafín llegó a Colombia procedente de Polonia, su tierra natal, huyendo de la segunda guerra mundial y al parecer, luego de deambular por varias ciudades del país, finalmente se radicó en Bogotá.

Durante más de 20 años vivió como inquilino en la casa de la calle 10 # 2-85 hasta que tuvo que salirse del inmueble como los demás ocupantes e irse a vivir al hogar de paso del barrio Egipto, mientras la Corporación La Candelaria hacía los apartamentos.

Según cuentan Luis Ramón Martínez y Luis E. Lizarazo Bonilla, vivía en el segundo piso de la casa completamente solo. Nunca le conocieron la actividad a la que se dedicaba, pero se afirmó que gozaba de una pensión de las Naciones Unidas.

Jan no alcanzó a ver hecho realidad el sueño de ser propietario del inmueble porque murió el pasado mes de julio en el hospital del Guavio, víctima de una afección coronaria a los 82 años de edad.

Tal vez fue mejor así, porque ayer se supo que por no tener familia y ser extranjero, no podía ser dueño de un apartamento como los demás. Los responsables del programa le habían garantizado que lo dejarían continuar viviendo allí como inquilino.

El polaco como le decín cariñosamente los otros inquilinos, duerme el sueño de los justos en el cementerio de Chapinero. El sepelio lo pagó la ONU, dijeron los vecinos.

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