MI ÚLTIMA LECCIÓN

MI ÚLTIMA LECCIÓN

En la semana pasada me despedí de los estudiantes en la última lección. No es tan fácil después de 70 años, desligarse de la Universidad. Ni creo que definitivamente lo logre. Otra cosa es dictar conferencias de dos horas cuando se han perdido la vista y los oídos. Esto de seguir de profesor a los 93 años, no lo permiten en otro país. Si yo viviera en Estados Unidos, me habrían retirado del servicio hace más de 20 años. Además, estaría muerto. Desligarse del trabajo que voluntariamente se ha buscado, es poco menos que imposible. Yo todos los días estoy rectificando la materia que empecé a estudiar hace más de 70 años. Salí de la universidad con la convicción de no saber ni el piso en que estaba parado. Es lo normal. Lo que le entregan a uno al salir de las aulas son los instrumentos de trabajo y la convicción de que no sabe. La exploración empieza desde ese mismo día. Tomo los libros que he publicado de 1930 en adelante, y encuentro los mismos temas que hoy son materia de mi curiosidad

02 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

No voy a hacer, con sólo tres sentidos funcionando, un profesor irreductible. Seré un voluntario. Los estudiantes se han acostumbrado a preguntarme las cosas más insólitas. Creo que la última clase fue puro relajo. Me preguntaron hasta cómo había conquistado a mi novia y cómo me le había declarado. Naturalmente, muchas de las preguntas y como es obvio, todas las respuestas, se quedaron dentro del aula. Y el relajo va a seguir indefinidamente, porque a mi casa llegan con las preguntas más indiscretas a buscar las contestaciones menos esperadas. La clase se convertirá, si logro que lo que está pasando continúe, en un movimiento de preguntas y respuestas en que se admita a todo inmigrante o descendiente de inmigrante, que eche su cuento para ver, en su conjunto, cuál es el origen variopinto de la América de siete colores. Mi ambición no es poca. Yo quería que en cada universidad se abriera una investigación parecida. Porque es evidente que el aporte de los nativos ha sido inmenso, pero no por donde se ha visto. Si nos desayunamos con maíz en los corn flakes o en las tortillas, estamos rindiéndoles un homenaje a quienes en América hicieron de ese grano, un cereal comestible. Cómo prepararon el cacao para convertirlo en chocolate o las curubas para el sorbete. Lo mismo pasa con la contribución negra, que no sólo de jazz y de spirituals sino de muchas otras artes que prepararon para la formación de pueblos como el de Brasil o el cubano. Lo fundamental está en llegar a lo que yo he llegado: Que América es otra cosa y esto no se hace en las lecciones de sólo unos pocos 70 años.

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