LA CRISIS DEL CONSERVATISMO

LA CRISIS DEL CONSERVATISMO

Los partidos no se acaban en manos de las multitudes, sino de sus dirigentes . Núñez Moledo. Fundado en 1849 por don Mariano Ospina Rodríguez y don José Eusebio Caro, el partido conservador ha librado grandes batallas, pareciendo llegar a su final o liquidación en 1993. Ha llevado al solio de los presidentes a sus más ilustres hijos, ha sido el partido del orden, la justicia y la paz. Laureano Gómez en compañía de ese prócer y figura de Alberto Lleras, fundaron el Frente Nacional.

01 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Ya no hay en el Congreso esos verbos elocuentes de Laureano Gómez, Alzate Avendaño, Eliseo Arango, Silvio Villegas, Serrano Blanco, Ramírez Moreno, los Valencia y tanto otros. Ya no hay en el Congreso esos gigantes de la palabra, defendiendo las ideas de Caro y Ospina. Hay actualmente un conservatismo ecléptico y funesto, miedoso y triste que ha terminado agonizante a las puertas de una nueva Constitución.

Al conservatismo no lo liquidaron sus doctrinas, sino los protervos intereses de sus jefes, siempre el sórdido interés, sumados al joven candidato, que es el qué más tiene opinión, en 1994 llegaremos al poder; o si no, le toca esperar al conservatismo otro Frente Nacional, para estar en la Casa de Nariño; de lo contrario, los cinco candidatos conservadores serán la mejor garantía para el triunfo del candidato oficial del liberalismo.

El conservatismo se acabó por culpa de unos jefes inteligentes para pelear entre sí pero miedosos para enfrentar al contrario. Cuando hace algunos años empezó a ser derrotado, no hubo una oposición digna y heroica que lo levantara. Cayó el coloso en manos de unos dirigentes que tornan su debilidad en indignación.

No hay en Colombia hombres valerosos y de criterio que acusen a los contrarios, enfrenten la guerrilla, el narcotráfico y la delincuencia común; una ola de debilidad ahoga a la sociedad colombiana, hemos convertido al país en un inmenso campo de experimento, sin resultados positivos.

La nueva Constitución empezó a ser descuartizada. Nadie se atreve a decir la verdad, porque el que lo hace es perseguido o asesinado. Los partidos perdieron toda capacidad de liderazgo; llevamos ocho años de gobierno liberal, donde la única oposición la ha hecho el mismo partido de gobierno.

Colombia ha desandado esa luminosa ruta que le trazara con sabia visión el estadista campesino Mariano Ospina Pérez. Como no hay conservadores honestos que tengan la capacidad de acusar a quienes exterminaron el partido, nos toca esperar que la historia los juzgue. Sabemos que la libertad política puede perdonarnos, pero la verdad no. Fabio Ramón Gómez (ex concejal); John Castrillón Alzate (coordinador). Garzón (Huila).

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