LA LUCHA CONTRA LA INFECCIÓN

LA LUCHA CONTRA LA INFECCIÓN

En esta etapa de la medicina el nombre de José Lister deberá ser recordado, como quiera fue él quien aportó el primer elemento efectivo contra este nuevo flagelo de la humanidad. Hijo del óptico británico José Jackson Lister, famoso por su descubrimiento de los lentes acromáticos para corregir esa plaga de los telescopios, que como los virus de los computadores de nuestros tiempos impedían su correcto uso, permitiendo observar ahora por primera vez los glóbulos rojos de la sangre con sus características peculiares y por cuyo trabajo la Royal Society lo recibió en su seno, como excepción.

01 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Había nacido José en Londres, el 5 de abril de 1827 y obligado por su padre, no sólo se haría bachiller sino que ingresaba a la Facultad de Medicina donde fue distinguido con la amistad del famoso cirujano Charles Linton, de quien no pudo ser su ayudante, como se lo propuso, debido a su muerte prematura, graduándose éste cuando apenas había cumplido 19 años.

Entonces se dedica a la investigación con los lentes fabricados por su padre, llegando a certificar la existencia de los músculos involuntarios que nos ponen los pelos de punta ante el terror, lo mismo aquellos que producen la apertura y cierre de la pupila en el ojo humano, según la intensidad de la luz que los excite.

Por su carácter jovial muchos eran sus amigos y es así como, mediante la influencia de uno de ellos, Guillermo Charpey, decide trasladarse a Edimburgo en donde lo esperaba la bondad del no menos reputado doctor John Syme y el amor de su hija Inés, con quien contraería matrimonio, y se convirtió al tiempo en el heredero forzoso de su fortuna, de su clientela y de su Cátedra Regia , que le abrió las puertas de la misma en Glasgow, donde inició sus experimentos en el campo que lo llevaría a la fama, no ya la cirugía sino el descubrimiento del método antiséptico.

Lister comenzó por demostrar que en las partículas del polvo circulante se encontraban los pequeños organismos que en París un sabio francés aseguraba eran vegetales, haciéndose necesario acudir a los métodos para evitar el contagio, principalmente de las heridas quirúrgicas o neutralizar su acción valido de alguna sustancia que él creyó sería el ácido fénico, elemento presentado por el químico Federico Calvert, combinado, para impedir las quemaduras iniciales producidas por su utilización en forma pura. Entonces las estadísticas de mortalidad comenzaron a disminuir y su método, como el espolvoreador , también invención suya, recorrieron las salas de cirugía de Europa y América, debiendo destacar lo acontecido en el Congreso Internacional de Cirugía celebrado en París en 1879, cuando Lister, ahora médico de su majestad y habiendo recibido los más grandes honores científicos, hizo público su descubrimiento. Concluida su intervención, los aplausos de los asistentes fueron delirantes.

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