Por qué Peñalosa

Por qué Peñalosa

Si algo está claro en la recta final de la campaña para la Alcaldía de Bogotá es que se trata de una reñida competencia entre el ex alcalde Enrique Peñalosa y el ex senador Samuel Moreno. Como lo fue en el 2000 entre Antanas Mockus y María Emma Mejía, y en el 2003 entre Luis Eduardo Garzón y Juan Lozano. La decisión parece estar en manos de un electorado que cada día traga menos entero, está más consciente de la calidad de vida a la que tiene derecho y exige que lo convenzan con propuestas serias y realistas.

17 de octubre 2007 , 12:00 a.m.

Quizás por esa batalla cabeza a cabeza, la campaña no se ha destacado por debates de gran altura. Peñalosa, quien arrancó con una ventaja holgada y tal vez se confió demasiado, ha tenido que redoblar sus esfuerzos en las semanas recientes, pero manteniendo el tono realista de sus propuestas y sin caer en promesas efectistas. Moreno, que comenzó a la zaga, ha sido imaginativo y, aunque poco específico en materia de programas, se ha destacado por usar un lenguaje positivo y alegre, que recuerda el ‘Sí se puede’ de Belisario Betancur en 1982.

Se trata de una elección crucial. Que se suma a las cuatro anteriores, en las que han sido elegidos alcaldes que, construyendo sobre lo construido, han ido consolidando un proyecto de ciudad en el que hay espacio para el optimismo, como lo señalan las encuestas. Eso no quiere decir que el próximo alcalde no tenga frente a sí unos monumentales desafíos, sobre los cuales parece haber consenso ciudadano.

Pese a las impresionantes cifras de crecimiento económico –9,65 por ciento en el primer trimestre–, existe la percepción de que la ciudad no ofrece las suficientes oportunidades de empleo. Y aunque las cifras oficiales muestran una leve disminución del desempleo, producto de la reactivación económica en todo el país, el subempleo y la informalidad siguen pesando mucho. Bogotá va a tener que pensar de una manera mucho más estratégica en un modelo de desarrollo económico que genere riqueza y al mismo tiempo disminuya la informalidad y produzca empleos dignos y de calidad. En estos planes, la Nación es definitiva.

* * * * En el frente de la seguridad hay nubarrones. Mientras el espectacular descenso de las cifras de homicidios parece estar llegando a su piso, otras modalidades delictivas –el hurto, el robo de edificios completos, el raponazo callejero, el atraco– tienen innegable impacto sobre la percepción ciudadana de que las calles de su ciudad y su sitio de residencia son cada vez más inseguros. Bueno, cuando se tiene una vivienda. Porque si en algo se han rajado las últimas administraciones es en subsanar el dramático déficit de vivienda de Bogotá, sobre todo el de los más pobres. En esta materia, el próximo alcalde va a tener que hacer un titánico esfuerzo para ir cerrando una brecha que hoy se acerca a las 400 mil viviendas de interés social.

Capítulo aparte merecen el transporte público y la movilidad. Bogotá no puede posponer más las soluciones de fondo que eviten el colapso del tránsito de la ciudad, si es que ya no colapsó. Que van desde la implementación decidida de un sistema integrado de transporte masivo, eficiente y razonable en sus costos, hasta el desestímulo del uso del carro particular. El pulso de la chatarrización no pueden seguir ganándolo los viejos transportadores públicos, y la ciudad va a tener que implementar soluciones definitivas para la eterna queja ciudadana por el lamentable estado de las vías. La revolución que en su momento fue TransMilenio urge una reedición que le devuelva la credibilidad y la fama de buena gestión. El metro del candidato Moreno es una propuesta ambiciosa por sus exorbitantes costos, que de no calibrarse con responsabilidad podría aplazar otras soluciones de más corto plazo y ahondar aún más una crisis que no resiste más demoras ni propuestas alegres.

No se podrá bajar la guardia –y sí incrementar, por la cantidad de población desplazada que ha llegado– en el gasto social relacionado con educación, salud, comedores comunitarios. Un importante legado del alcalde Garzón, que se suma a la responsabilidad fiscal de su administración, al haber entendido la importancia de la continuidad de algunos de los programas que tienen un alto impacto en la calidad de vida de los bogotanos.

Y no será poco lo que tendrá que hacer el próximo alcalde en luchar contra la negra nata de polución que se ha posado sobre la ciudad. El aire envenenado que estamos respirando los bogotanos se ha convertido en un delicado problema de salud pública, en el que perdemos todos, pero particulamente los menores de edad.

* * * * Una compleja agenda que demanda un administrador público serio, con experiencia en temas urbanos y que sume a lo que ya han hecho con éxito las últimas cinco alcaldías. Y esa persona es el candidato Enrique Peñalosa, quien ha dado amplias muestras de buena gestión, de conocer la ciudad, de entender sus necesidades y de atenderlas con soluciones realistas, pensando a largo plazo y en los recursos disponibles. Peñalosa no duda de lo maravilloso que sería tener un metro. Pero también sabe que eso equivaldría a hipotecar las rentas de la ciudad casi por medio siglo, con un costo en la inversión social de incalculables consecuencias.

No hay que olvidar que fue él quien encarriló a Bogotá por el sendero de las transformaciones que la tienen en el envidiable sitio que le ha servido para convertirse en un modelo para muchas ciudades de Colombia y el mundo.

Peñalosa fue mucho más que bolardos y cemento. De este candidato nos gusta su concepto del espacio público como igualador social. Ahí están como ejemplo la red de bibliotecas, las alamedas y los andenes amplios. Es buena su idea de crear una secretaría de seguridad para focalizar la estrategia contra la inseguridad. Nos atrae su compromiso con la inversión social, del que ya dio muestras en su primera administración en impecables colegios en barrios deprimidos, refrigerios, cobertura de acueducto y alcantarillado y legalización de barrios piratas. Nos gusta más su concepción de ciudad, en la que la felicidad de los niños sea posible. Nos gusta su seriedad, responsabilidad y decisión a la hora de tomar decisiones difíciles, por impopulares que parecieran. Por eso recomendamos votar por Peñalosa editorial@eltiempo.com.co .

Enrique Peñalosa, un administrador serio y experimentado, es quien puede sumar a lo hecho en Bogotá por sus antecesores.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.