CUBA: EL FRACASO DE LA VARIANTE CHINA

CUBA: EL FRACASO DE LA VARIANTE CHINA

Algo se mueve en Cuba. Ahora estamos en la variante china. La variante china consiste en admitir cambios económicos pero no cambios políticos. Es un chop-suey de inversiones extranjeras espolvoreado con picadillo de disidentes. La receta no produce platos suculentos sino apenas una magra ración para matar el hambre. Algo para ir tirando no se sabe qué ni hacia dónde. Magnífico. Otra prueba de que Castro no está totalmente mineralizado. No era verdad su fiero grito de marxismo-leninismo o muerte. El Máximo Líder está dispuesto a cambiar el sistema económico si con ello consigue conservar el poder político. Está resignado a recurrir al capitalismo para salvar la revolución marxista.

01 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El asunto no deja de tener su gracia. La columna vertebral del marxismo, la piedra angular del dogma, sostiene que todos los valores y creencias, toda la superestructura, descansan en el régimen de relaciones económicas. Para Marx, política y economía no están separadas. No son entidades distintas. La política es una expresión de la economía. Si cambia la economía tiene que cambiar la política. Todo el galimatías marxista está montado sobre ese supuesto. No es posible negarlo y afirmarlo al mismo tiempo sin decir una inmensa tontería.

Pero si Castro entiende poco de marxismo, sus conocimientos del capitalismo son aún más precarios. Quién pudo meterle en la cabeza que los grandes inversionistas, las compañías serias, van a acudir a un país cuyo principal factor de riesgo es, precisamente, de carácter político? No se da cuenta este confundido caballero de que toda la estabilidad del país depende de un anciano hipertenso de 67 años, que patrulla y reprime a una sociedad mayoritariamente hostil, mientras administra un Estado en ruinas dentro de la peor tradición caudillista latinoamericana? Qué sucedió cuando terminó la dinastía somocista? En 1979, cuando se fue Somoza, Nicaragua tenía 1.500 dólares anuales per cápita y una moneda estable. En 1990, cuando Daniel Ortega perdió el poder, los ingresos per cápita apenas alcanzaban los 350 dólares por año y la inflación llegaba al 43 mil por ciento anual. En ese momento un dólar valía cinco mil millones de córdobas. He dicho bien: cinco mil millones. Las revoluciones ya se sabe son incosteables.

Para los cubanos el problema es Castro, pero para los inversionistas extranjeros el problema consiste en el después de Castro. Qué pasará después de Castro? Viene el caos? Viene la matanza? Viene un golpe militar? De qué signo será ese golpe? Cuántos años demorarán esta vez los cubanos en alcanzar la estabilidad? La revolución del 33 no amainó hasta siete años más tarde. La del 59 todavía está dando coletazos.

De qué sirve posicionarse en Cuba ahora, para esperar el fin del castrismo, si ese episodio puede acarrear una feroz turbulencia de muchos años de duración? Castro no entiende que el requisito más importante para los inversionistas es la posibilidad de hacer planes futuros sin otros sobresaltos que los que proporciona la competencia.

El 90 por ciento de las inversiones que se hacen en el mundo se llevan a cabo en Europa, Japón, Estados Unidos, Canadá y Australia. Y no es precisamente la rentabilidad lo que explica este fenómeno de endogamia económica, sino la posibilidad de poder predecir a largo plazo el resultado de las inversiones. Lo que se busca es seguridad, leyes que se cumplan y, sobre todo estabilidad política. Lo que se aprecia (y se precia) es poder asegurar que si a Kennedy lo matan, o a Nixon lo envían a su casa antes de tiempo, nadie tiene que correr rumbo a Suiza con un fajo de billetes atado a los calzoncillos.

La más notable bendición que proporciona la democracia es la calma social. Nadie puede afirmar que la mayoría siempre toma las decisiones más sabias. Pero no se trata de eso: lo importante es poder transmitir la autoridad ordenadamente de acuerdo con reglas previamente pactadas dentro de un Estado de Derecho, y en Cuba no existe nada de eso. Si mañana Castro muere de un infarto, o si su lugarteniente le perfora el occipital de un taconazo, es muy probable que sobrevenga un largo período de desconcierto y violencia que se saldará con la ruina absoluta de la nación. Quién va a invertir con esos truenos potenciales? Va a invertir cierta gente de dudosa catadura. Van a invertir, pero poco, los tramposos. En general, a Cuba no acude venture capital sino capital de aventureros. Gente que quiere lavar dinero mal habido, o capital de muerde y huye que acude a la Isla para hacer una inversión rápida que proporcione en el acto resultados importantes. Y así, claro, no es posible aliviar la crisis tremenda que el país padece. Por esa vía lo que Castro logrará son pequeños y malos negocios que desangrarán aún más la ya casi exange economía nacional.

Cuándo se convencerá Castro de que su variante China no funciona y se moverá en otra dirección? Dado lo agudo del desastre, no creo que demore seis meses en advertir las dimensiones de este nuevo fracaso. En ese momento descubrirá un fenómeno que no es extraño en la historia: descubrirá que carece totalmente de opciones. Descubrirá que no puede evadirse del camino de la reforma política, aunque se resista, aunque sea el más autoritario y déspota de los dictadores, porque no tiene absolutamente nada más que hacer o ensayar.

Sin embargo, todavía intentará una última jugada: la llamada a escena de una falsa o débil oposición con el objeto de controlar la democracia con la misma cadena con que controló la tiranía. Pero será totalmente inútil: en Cuba no habrá sosiego, alivio de las penurias, buenas relaciones con Estados Unidos, inversiones extranjeras o recuperación económica, hasta que exista una democracia real en la que toda la sociedad pueda expresar sus preferencias. Algo de esto sin pensar en Cuba, naturalmente fue lo que trató de explicar Fukuyama cuando habló del fin de la historia. No hay más camino que la democracia. No existen las variantes. Y mucho menos la China. Eso es imposible, incluso para China. Mucho menos para Cuba, claro. (Firmas Press).

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