GIACOMETTI: EL ÚLTIMO MAESTRO

GIACOMETTI: EL ÚLTIMO MAESTRO

Acaba de publicarse en Londres el magistral estudio de David Sylvester sobre el arte de Alberto Giacometti, Looking at Giacometti . El mundo de Giacometti es austero y áspero; un lugar aparte como el escarpado y estrecho Val de Bregaglia en Suiza, donde nació en 1901, donde el sol es invisible durante tres meses del año. Sus figuras, cada una rodeada de precipicios infinitos, están desprovistas de cualquier elemento de superfluidad física, tenues sin ser etéreas, paradas sin estar completamente quietas, temblando al borde del movimiento virtual. Giacometti decía que su meta era de dar la sensación más semejante a la que se desprende del acto de ver la figura . Quería copiar, captar la semejanza, tarea que consideraba como el reto más noble del artista.

26 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Al igual que Francis Bacon y, en otro registro, Samuel Beckett, Giacometti fue uno de los últimos grandes maestros en el sentido renacentista del término, para quienes el arte fue la destilación de la existencia humana, tradición que se refleja en una de las últimas notas escritas por Giacometti durante una travesía del Atlántico entre Nueva York y Le Havre: ... ahora sé que avanzó sólo si doy la vuelta a mi meta, sólo hago deshaciendo. No sé si soy actor, farsante, idiota o más bien un tipo muy escrupuloso. Pero sí sé que tengo que tratar de copiar una nariz al natural . El problema, por supuesto, es que la distancia que separa un lado de la nariz de la otra puede ser tan grande como el Sahara .

Es una filosofía que también inspira este libro del gran crítico británico, David Sylvester, escrito durante un período de cuarenta años, desde su primera visita al estudio de Giacometti en París a finales de los años cuarenta, pasando por las numerosas sesiones para su celebrado retrato por el maestro, hasta sus meditaciones largas y profundas, de gran emotividad y valor estético, sobre el arte de Giacometti.

Y como todas las grandes obras de crítica, no se limita a ser discurso sobre el artista del caso, sino que nos dirige acertadamente hacia la esencia del arte, en general, y el arte de escribir, en particular. Con su presentación casi monocromática y sus exquisitas fotografías de época por Patricia Matisse, es un libro destinado a ser uno de los textos claves para nuestra comprensión del arte del siglo veinte.

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