Secciones
Síguenos en:
E de erratas

E de erratas

En esto del periodismo –y más cuando el escritor es pontífice– no vale la pena darse golpes de pecho por las erratas, ni por las garrafales siquiera, ni excusarse por ellas, porque con el trago amargo de la vergüenza que se pasa ya es suficiente.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de octubre 2007 , 12:00 a. m.

Yo tenía una amiga estupenda, que a pesar de ser tan menuda llegó a ser periodista de talla, antes de que me la arrollara la vida. Alegre Levy.

Empezó en Cali haciendo notas culturales para el diario Occidente. Cuando comentó el libro Ciudadela, de Saint Exupéry, el autor de El Principito, se tomó la libertad de recomendar toda la obra “de este importante santo de nuestro tiempo”.

El profesor Pangloss, de los célebres catedráticos que informaban, hablando del surrealismo en una de sus sapientes columnas, se refirió a “un poema insignia, Libertad, escrito por Louis Aragon”. Hasta allí me llegó la veneración por el sabelotodo. Yo sabía que Aragon había publicado un libro de ensayos titulado Libertinaje, que él confundía. Pues con toda seguridad que quería aludir al famoso poema de Paul Eluard que comienza: “En mi cuaderno escolar / en mi pupitre y los árboles / en la arena y en la nieve / escribo tu nombre”.

Cuando, por el paso del tiempo, heredé su espacio en los diarios, pensé que nunca me iba a pasar. Leo tres veces lo que escribo antes de mandarlo. Y miren por las que he pasado. Una vez me referí al Discurso del método, de Erasmo. Antes no me descartaron en el periódico. Otra vez exalté el Gran sertón: Veredas, como de Lezama Lima. Qué oso con Guimaraes. Y hace poco proclamé que uno de mis escritores favoritos era Tristam Shandy, cuando quién no sabe que es el personaje de Sterne.

Me sacaron en cara una de estas pifias y monté en cólera. Ello me dio la posibilidad de encontrar 20 perlas por el estilo en el último libro de Icono, El mundo según García Márquez, que divulgué con todo respeto por la papisa Piedad Bonnet, su compiladora. Con razón que nunca me he ganado el Premio Nacional de Periodismo, ni siquiera el Simonne Bolívar.

Pero tengo un amigo que sí se lo ha ganado dos o tres veces porque nunca se equivoca, pues cuando se equivoca lo amenazan de tumba. Óscar Collazos.

Pugilista verbal que acabó con el mito de Cortázar y de paso con el de la revolución. Como todo buen escritor, trabaja con sus dos plumas. Sus escritos parecen editoriales de Combat o de Les Temps Modernes. Domina todos los temas, como domina la expresión, el francés y a sus enemigos. El domingo pasado, sin embargo, al meter la cucharada en el tema del Premio Nobel, metió la pata, como paso a hacérselo notar cariñosamente. Con entonado acento, expresó: “¿Un colombiano? Mejor no repetir la ridiculez de Fernando González, poeta colombiano, ya fallecido, que residió en México, a quien sus amigos candidatizaban para el Nobel, muchos años antes de que lo ganara Gabo.” Según el dicho de García Márquez, no hay que confundir el culo con las témporas. Fernando González –que más que poeta era un filósofo en alpargatas, abuelo del nadaísmo para más señas–, para empezar nunca vivió en México. Sí fue postulado al Nobel, pero no por cualquier perico, sino por un comité de escritores encabezados por Jean Paul Sartre y Thornton Wilder, quienes buscaron el aval en Colombia de la Academia de la Lengua, y el padre Félix de Restrepo los mandó a freír espárragos por andar recomendando a un brujo. ‘El Maestro’, nuestro maestro, solía hablar de “el complejo de hideputas” que nos carcome.

En el mismo espacio, otro novelista con síndrome de papiso, Santiago Gamboa, reclama el Nobel para el renegado de Fernando Vallejo, que es el discípulo de mostrar de González, viviente en México. Quién los entiende.

De quien Collazos quería rajar –me lo dijo Adela– era del difunto poeta Germán Pardo García, ese sí eterno autopostulante pusilánime del tal premio.

Avalado, según Rogelio Echavarría, por don Hernando Santos Castillo. Espero que por este dislate no le pase cuenta de cobro a nuestro escritor la Fundación Nobel

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.