EN NAVIDAD, NEGOCIOS QUE SE PRENDEN

EN NAVIDAD, NEGOCIOS QUE SE PRENDEN

Nini Johana Peña tiene una sonrisa radiante. Pasa de los 30 años de edad pero su entusiasmo por la vida la hace parecer menor. Todos los días, desde las 8 a.m. hasta las 8 p.m., recorre la capital del país ofreciendo sus productos en la época de Navidad.

22 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Ella porta una cartera negra repleta de folletos baratos con el contenido de la Novena de Aguinaldos y pequeñas estatuillas del Niño Dios.

Desde el 12 de diciembre empecé a vender la Novena de Aguinaldos a $200 y el Niño Dios a $500. Me pongo entre 15.000 y 20.000 pesos diarios que me permiten el sustento diario para mí y mis cuatro hijos. .

También llevo la pandereta y canto Nanita Nana y Noche de Paz . En algunos lugares me contratan para rezar la novena y yo lo hago con mucha devoción dice esta mujer que desde el primero de enero de cada año planea su cronograma de actividades.

Es una vendedora de productos que tienen alta demanda en determinadas épocas del año. Una vez pasada la Navidad, empezará a vender rosarios y la Novena de la Virgen del Carmen, patrona de los conductores.

Después, en mayo, ofrecerá tarjetas con mensajes a la madre, para luego, en septiembre, ofrecer a los interesados motivos que permitan celebrar el Día del Amor y la Amistad.

En las épocas muertas se defiende trabajando con el Club de Leones. Se encarga de vender bonos para rifas de automóviles que realiza esa entidad y que le permiten, además, adelantar campañas en favor de los niños de la calle que encuentran en ella una voz de consuelo y un plato de sopa.

Así como Nini Johana Peña son muchas las personas que en la capital del país y en las demás ciudades y pueblos de Colombia esperan con ansia la Navidad para ofrecer artículos típicos que les permitan enfrentar apuros económicos.

Productos típicos La lista continúa. Muñecos, tarjetas, cintas, juegos pirotécnicos, figuras de icopor, pesebres y árboles de navidad son el centro de atención, alrededor de los cuales gira la Natividad.

Sobre todo, de los pesebres que a medida que se reducen las viviendas se convierten en patrimonio de los artesanos.

Es el caso de los moldeados con capacho de maíz, que promociona una entidad oficial, y otros donde la creatividad es evidente. Son productos que se exhiben en las numerosas ferias de artesanía de importantes ciudades del país, especialmente en Bogotá donde Expocultura y Expoartesanías, realizada en Corferias, son un buen motivo para unirse alrededor del Niño Dios.

También, alrededor de la comida existe el rebusque. Es la venta de lechona, pavo y tamales, ponqués, tortas y el pan navideño al igual que la natilla y los buñuelos, productos que se elaboran a nivel industrial o casero para satisfacer a quienes celebran las fiestas con mucho apetito.

En síntesis, el diálogo del rebusque en Navidad supera la imaginación. Desde modestos juguetes artesanales hasta sorprendentes máquinas mecánicas o eléctricas, carros de madera, muñequería industrial, globos de papel, farolas del mismo material, velas (para la fiesta del 7 de diciembre) hasta luces de colores para alegrar ventanas, balcones, pesebres y árboles navideños.

Y faltan muchos otros artículos que ofrecen a los vendedores su agosto en diciembre. Una temporada que permite recuperar las tradiciones mientras ofrecen mensajes de amor y paz.

Es decir, una combinación muy atractiva para el comprador que al empezar el nuevo año, y a pesar de tener el bolsillo vacío, espera que pronto vuelva la Navidad.

Papel y luces En Navidad se venden millares de pliegos de papel regalo y gruesas tarjetas, incluyendo aquellas con el Para y el De se despachan sin cesar.

Al respecto, existen empresas que tienen representación exclusiva de firmas extranjeras que elaboran los motivos de mayor impacto o calidad de papel y tintas.

Pero así como en el campo de la impresión hay de donde escoger, existen otras empresas que en Navidad brillan con luz propia. Se trata de la industria de la pólvora que solamente en Bogotá, y según cálculos aproximados, le permiten a cerca de cinco mil familias subsistir.

Los polvoreros dividen el proceso en etapas para diferentes lugares, alejados unos de otros. La manufactura de empaques y cauchos no implican riesgos, y de ella suelen ocuparse niños y ancianos, quienes no participan en la mezcla de sustancias explosivas, operación más delicada, pues las proporciones deben ser exactas y los materiales de buena calidad para evitar los accidentes.

Aquí entra en juego la pericia aprendida por tradición familiar. Es un trabajo de hombres, junto con el relleno de los cartuchos. La postura de los mechos y el empaque se dejan a las manos femeninas.

Sólo en Bogotá existen, de manera permanente, 200 fabricantes de pólvora que aumentan a 1.000 para fin de año. Además, se suman unos 4.000 comerciantes del producto, entre intermediarios y vendedores en casetas. Estos suelen llegar a 2.000, aunque sólo se autorizan algo más de 1.000.

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