UN ESPÍRITU POR RECOBRAR

UN ESPÍRITU POR RECOBRAR

Navidad es Navidad! Sí, todas las cosas que se hacen por esta época son distintas.

23 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Todos, especialmente los niños, esperan con ansia los días de los regalos, de los villancicos, de las tarjetas de Navidad, de los pesebres, de los árboles decorados, de las comidas especiales...

Es la época más linda del año para las comunidades cristianas de todo el mundo.

La Navidad siempre ha encerrado ese espíritu mágico que transforma todas las cosas.

Desde lo más remoto de la tradición cristiana, en aquella pesebrera de Belén, cuando María de Nazaret hizo realidad el privilegio de tener al Niño Dios, este acontecimiento siempre ha marcado la vida de las personas.

Y aunque es una tradición recogida de las más profundas enseñanzas de la Iglesia cristiana de la antigedad, aún sigue aferrada a las costumbres de muchos pueblos en el mundo.

Tal vez en todas partes no se celebre de la misma manera, pero lo que sí se repite sin excepción es el espíritu de sobrecogimiento y alegría que representa la Navidad.

A pesar de que en Colombia el poder del consumo generalizado ha ido desplazando el sentido profundo de esta época, lo cierto es que las fiestas de Navidad siguen siendo un buen pretexto para estar cerca de los amigos y dar un abrazo sincero de hermanos.

De los niños Pero fundamentalmente, la Navidad es de los niños. Por qué? Muy simple. El que nace cada año en un pesebre es un niño, como los muchos que nacen en cualquier rincón del planeta ó como cualquiera de los 35.000 que mueren cada día en los países subdesarrollados.

Y es de los niños, porque ellos son el futuro de las familias, de los barrios, de las ciudades, de los países...

Son ellos los que representan el nuevo mundo, ese que todos queremos ver transformado utópicamente en un paraíso.

Y aunque esos niños de hoy tienen otros gustos, de acuerdo a los avances de la ciencia y la tecnología (los muñecos de plástico han sido cambiados por computadores, nintendos o juegos de multimedia), es claro que lo fundamental permanece: su sonrisa.

Por eso la Navidad es una buena ocasión, la mejor, para regalarles esa sonrisa, a los pobres y a los ricos, porque la vida no hace distinciones.

Hoy la Navidad debería representar esa oportunidad que nos brinda la vida cada año para hacer realidad ese pedazo de Dios que cada uno lleva dentro. O bueno, por lo menos dejarlo traslucir.

Más allá de los regalos, de los juegos pirotécnicos, de los faroles y las luces, de la natilla y los buñuelos, incluso de la novena de aguinaldos, está un espíritu por recobrar.

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