UNA MENTALIDAD DE MARATÓN

UNA MENTALIDAD DE MARATÓN

El presidente Clinton afirmó en la Cumbre de Miami que aproximadamente en 10 años, para la época en que se prospecta la firma del acuerdo sobre una zona de libre comercio desde Alaska hasta la Argentina, el mercado hemisférico podrá ser el más grande del mundo. No estoy seguro de ello, pero 850 millones de consumidores y 13 trillones de dólares en mercancía y servicios constituyen, en todo caso, uno de los pilares de la nueva economía global. Habrá que dilucidar factores, interacciones, para comprender mejor el significado de las cifras astronómicas y del proceso. Se requiere un ejercicio riguroso, de comparación -cuantitativa y cualitativa- con los otros mercados comunes, y por dentro, para descifrar qué corresponde a Norte y a Latinoamérica.

22 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Históricamente Europa (la de Roma y Maastritch) tomó la delantera, constituye el modelo para seguir o rectificar. Algunos analistas sostienen que está en mejores condiciones que la Cuenca del Pacífico o las Américas en la impiadosa mezcla de competencia y cooperación que predominan. Si incorpora satisfactoriamente, a medio plazo, a todos sus miembros, Europa tendría una población similar a las Américas, pero con ciertas ventajas: estabilización demográfica, altos niveles de educación, muchos seres más instalados en el desarrollo por más largo tiempo.

En cambio los 850 millones hemisféricos se encuentran separados por un muro invisible e implacable entre el Norte y el Sur, cuya persistencia es obstáculo mayor para la integración que en Europa. Sobre las perspectivas decenales no hay consenso. Según el Banco Mundial, el crecimiento del Producto Interno Bruto en Latinoamérica será del 3.4% anual, o sea más alto que el de los industrializados ricos (2.7%) pero menos de la mitad que el del Este del Asia (7.6%). El temor a la pérdida del privilegio comercial, a la desaceleración económica y el desempleo en los industrializados ya se advierte, con su apelación a sofisticadas prácticas neo-proteccionistas, a cláusulas sociales y ambientales que deforman el libre comercio.

Entre las Américas las distancias no son sólo tecnocientíficas, de potencialidad, productividad, gobernabilidad. El crecimiento económico está afectado por el crecimiento de la población: alrededor del 2% en promedio para América Latina y por debajo del 1% en los Estados Unidos y Canadá. The Economist pinta un cuadro optimista para la integración basado en su rápido crecimiento para las exportaciones de los del Norte, que ayuda a sacarlo de la recesión y les asegura empleos, flujos masivos de capitales y servicios. La vieja teoría de la locomotora habría cambiado. América Latina jugará ese papel también empujando, en forma recíproca, una economía como la de los Estados Unidos. En cambio, hay escépticos, como Lester Thurow, que -con anterioridad a Miami- sostienen que América Latina no agrega nada importante a América del Norte, nadie conoce el modo de incorporar a un país pobre a un mercado común de países ricos . México es una doble prueba de fuego. Por una parte se trata de constatar el impacto real de un proceso abierto de inserción en el Norte, en prácticas antidemocráticas y la violencia. Si el T.L.C. resulta exitoso, el porvenir de la zona de libre comercio aparecería despejado. Pero esto no significa que las condiciones pactadas trilateralmente se apliquen intactas al conjunto hemisférico. El G3 permitirá medir hasta qué punto los mejicanos están interesados en facilitar el ingreso de los latinoamericanos al T.L.C.

Hay que prepararse para distintos tipos de negociación, bilaterales, subregionales, regionales y también intraregionales, ligadas con la Organización Mundial del Comercio, estrenando globalidad.

Colombia tiene ante ella esa tarea. Escoger opciones prioritarias, en algunos casos alternativas, con un sentido de acumulación. Es necesario tener en cuenta que aún el Libre Comercio triunfante, despojado de trabas como las mencionadas, no alcanzará a satisfacer las demandas, a medio plazo, de mejoramiento sustancial, más equitativo, de nuestro nivel y calidad de vida. En Miami se consagró un tipo de integración hemisférica de geometría variable, a distintas velocidades. No todos van a ganar. Como aconseja Thurow, para incorporarse a los ganadores hay que competir con una mentalidad de maratón, y no de corta distancia.

Habrá que comprobar qué tanto sirve el estilo de integración adoptado en Miami para acelerar reformas internas. No para sustituirlas o para maquillar la injusticia social, con una concentración, en sectores reducidos, de los beneficios de la modernidad capitalistas.

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