LA SERPIENTE EN EL HOTEL

LA SERPIENTE EN EL HOTEL

Desde los tiempos de Adán y Eva, tan conflictivos como los presentes, no ha sido muy común ver a la serpiente inserta en el nido de amor de la pareja, pues sobraría. De veneno se alimentan muchos amores, más que de la miel de la leche.

19 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Del venenito aquel con que el enemigo malo roció la fruta que hizo a nuestra primera madre saberse en cueros. Entonces ya para qué se presenta este Satanás falofórico con su colmillo. El roce de los enamorados en busca de la cosquilla famosa, en muchas ocasiones produce chispas eléctricas, y es así como la gente muere incendiada en los hoteles , para utilizar un verso memorable de Tennesse Williams.

Ya tuvo suficiente la serpiente con disfrutar el manzano. Con habernos legado la claridad del desnudo. Y con habernos aportado el pecado como incentivo. Pero el caso sucedido en Barranquilla hace algunas semanas es para pasmar al más curado de espantos, pues de allí se desprende que el demonio todavía pide pista en su forma más primitiva. Una chica muy bella de la alta sociedad de la Arenosa se fue con su amigo a un motel. Al fin se había operado la persuasión por la palabra y se pasaba a la seducción de la imagen. En medio de los besos vestidos de la ardentia, la niña sentía cierta protuberancia prometedora. Era la primera vez que iba a acceder a la caricia profunda.

El novio, para quitarse primero la arena de las manos, se dirigió al lavado. Se tomó su tiempo con el jabón. Refrescó sus axilas. Se peinó con cuidado. Hizo gárgaras. Pensó con entusiasmo en todo el tiempo del noviazgo que hoy culminaba. No se sabe si para una operación tan delicada accedería al condón. El caso es que cuando regresó con su sonrisa de tenor italiano al tálamo donde le esperaba su amada la encontró inmóvil, con una serpiente enroscada alrededor de su cuerpo.

Hasta allí la noticia de El Espectador, que a pesar de ser tan picante no tuvo el seguimiento que en casos como éste aconsejan las reglas del periodismo. No sabemos la reacción del Don Juan ante los ofidios, porque no era sólo la serpiente asesina, sino toda una camada anidada bajo el colchón. No sabemos si las autoridades de sanidad hayan sancionado el famoso motel. Si el obispo de Barranquilla celebró un exorcismo. O si el silencio posterior obedeció al temor de la tutelitis .

En todo caso, aquí tenemos una historia que ameritaría todo un Shakespeare. O por lo menos el ingenio de un cuentero o un culebrero. Qué más da!

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