Mujeres: las ‘duras’ del campo

Mujeres: las ‘duras’ del campo

El llamado sexo ‘débil’ pareciera que solo está en la mente de quienes las consideran así a las mujeres, pues en el sector agropecuario, hombro a hombro con los hombres, ellas son una mano de obra que cuenta. En el renglón del trabajo asalariado, las mujeres participan en un 34,9 por ciento, mientras que en artesanías lo hacen en un 67,8 y en comercio en un 65,5 por ciento; adicionalmente, en el trabajo doméstico, las mujeres continúan representando un alto porcentaje (95,6) mientras que los hombres sólo lo hacen en un 4,4 por ciento.

29 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Las cifras están compiladas en la serie ‘Situación de las Mujeres Rurales en América Latina’, estudio dado a conocer esta semana por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En nueve capítulos, la publicación detalla, entre otros, variados temas como el contexto socioeconómico en que se desenvuelven las mujeres rurales, la participación productiva, el empleo, el trabajo y el acceso a recursos económicos y productivos.

Las mujeres del campo alcanzan un total que está entre los 7 y 8 millones si son incluidos dentro de la población rural los habitantes de las cabeceras municipales menores de 10.000 habitantes quienes, en su mayoría, están vinculados al sector rural.

En otros términos, la población de mujeres rurales representaría cerca del 20 por ciento de la población del país, según en dato del Dane.

De acuerdo con la serie de la FAO, las ocupaciones de las mujeres rurales se han diversificado en los últimos años.

Para el 2000, se ocupaban principalmente en el sector servicios y comercio (44 por ciento), en la agricultura (38 por ciento), en trabajos profesionales técnicos y de mano de obra calificada (13 por ciento) y en labores de mano de obra no calificada (5 por ciento).

La mayor participación de las mujeres aparece en los renglones de transformación alimentaria y en las artesanías.

Comparativamente, los hombres se desempeñan como asalariados en 65,1 por ciento mientras que las mujeres lo hacen en 34,9; sin embargo en el resto de los renglones, las mujeres tienen una mayor participación que los varones.

Esto es un indicador de cómo ellas asumen tareas en sus parcelas u hogares, mientras que ellos son contratados como jornaleros o asalariados.

En cuanto al mercado de trabajo rural, una característica son los bajos ingresos, pues de las mujeres que trabajan, el 65,2 por ciento recibe pago en dinero por su trabajo; el 10,9 por ciento, pago en dinero y especie y al 23,6 por ciento no le pagan o sólo recibe algo en especie.

Estas últimas son consideradas como ‘ayudantes de familia’, lo que refleja la explotación de la cual son victimas aún muchas mujeres rurales.

Otra particularidad del mercado de la fuerza de trabajo femenina es su carácter temporal: las mujeres son contratadas así en ciertas actividades del ciclo agrícola, sobre todo en la recolección.

En general, concluye la serie de FAO, las actividades de las mujeres rurales están marcadas por condiciones como ausencia de activos suficientes y adecuados, falta de formación técnica, poca disponibilidad de tecnologías adecuadas y una relación más baja de capitaltrabajo que en las actividades masculinas.

También, limitaciones en el acceso al crédito, por no tener dominio legal de la tierra, imposibilidad de demostrar ingresos cuando los perciben debido a la informalidad laboral y deficiente o nulo acceso a la información.

www.rlc.fao.org/mujer/docs/colombia.

Archivo – EL TIEMPO.

de las mujeres trabajadoras del campo les pagan salario por su trabajo, el 10,9 por ciento les retribuyen en dinero y en especie, y al 23,6 por ciento no les pagan o solo reciben algo en especie. Las cifras revelan que aún son víctimas de explotación laboral en el sector rural.

65,2.

TRABAJO TEMPORAL.

‘‘Son contratadas de forma temporal en trabajos como la recolección”.

Dice el informe de la FAO.

Los roles de la mujer rural.

Como ama de casa: cocinar, arreglo de ropa (lavar, coser, planchar y confeccionar), cuidado de los hijos (aseo, darles de comer y ayudar en las tareas escolares), arreglo de la casa (barrer, tender camas y trapear) y conseguir los insumos para cocinar (rajar leña, recolectar y cargar agua).

Como comerciante: venden productos agrícolas y leche y otros elaborados en casa como quesos y cuajadas.

Como participante activa de la sociedad: asiste a reuniones de padres de familia de los colegios, juntas de acción comunal, así como a cursos y charlas técnicas.

En la actividad agrícola: preparación de terrenos para siembra, la siembra misma y otras labores de los cultivos como fertilización, riego, control de plagas y enfermedades y los trabajos de cosecha y poscosecha.

En la actividad pecuaria: ellas cuidan de los animales en pastoreo e igualmente intervienen en otros trabajos como vacunar, ordeñar, controlar parásitos, alimentar animales, asear instalaciones, cortar colmillos y castrar, entre otras.

Cuando tienen algún tiempito para descansar, lo utilizan en labores manuales como hacer ruanas y cobijas y tejer sacos, que sirven para reforzar los ingresos de la economía familiar.

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