‘Lléveme, lléveme a Villavo porque si no me matan’

‘Lléveme, lléveme a Villavo porque si no me matan’

Era la primera vez en la vida que el capitán Jhon Maldonado veía una guerrillera.

29 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

La mujer, vestida con un pantalón camuflado, blusa de rayas claras y botas negras, caminó por la rústica pista La Victoria, de Puerto Príncipe (Vichada), hasta la avioneta Piper HK 1816.

La guerrillera, acomodándose el fusil en el hombro derecho, se hizo al lado de la aeronave a la espera de que desembarcaran sus ocupantes.

“Uno sabe que esa zona es de influencia de la guerrilla, pero suponía que con uno no se metían; por eso no le puse mucha atención”, contó ayer el piloto, de 27 años, a EL TIEMPO.

De la nave descendieron los dos pasajeros y luego Maldonado. Tras conversar con la despachadora, empezó a ver el descargue de los 100 kilos de carga con los que despegó, al mediodía del jueves pasado, del aeropuerto de Villavicencio.

Uno de los coteros le pasó a la guerrillera un paquete de periódicos. La mujer se puso a ojear Llano 7 días.

“Le pregunté a la despachadora que con cuántos pasajeros me devolvía a Villabo –relató el piloto–. Ella me dijo que iba una señora a la que tocaba esperar un rato”.

‘No le voy a hacer nada’ Media hora después, con la pasajera sentada, Maldonado se alistaba a prender el motor de la nave cuando la guerrillera dobló el periódico que leía y le gritó: “¿Capitán, me lleva a Villabo?”.

“Se me hizo extraño –contó Maldonado– y no le contesté. Corrió hacia la puerta del avión y la pasajera trató de cerrarla”. La subversiva se subió, abrió ruidosamente la culata del fusil y, ahí sí con desesperación, gritó ‘lléveme, lléveme a Villabo porque si no acá mismo me matan’.

La pasajera, aterrorizada, se bajó. Las cuatro personas que estaban cerca al avión le gritaban a la guerrillera que no se fuera.

Desesperada, la mujer se sentó al lado del piloto, puso el fusil en sus piernas (el cañón apuntaba a Maldonado) y le pidió que arrancara.

“Me asusté –confesó Maldonado–. Pensé que si le digo que no ella pasa del desespero a la rabia y puede disparar. También que si me demoraba, podían salir sus compañeros a dispararle”.

El piloto prendió el motor y sin siquiera cerrar la puerta del avión, recorrió los 800 metros de la pista y despegó.

En el aire, llorando, la guerrillera se asomaba por las ventanas a ver si sus compañeros salían a dispararle. A unos 1.500 metros de altura, Maldonado notificó a la torre de control cercana, a través de un código numérico, que habían secuestrado su avión.

“Me dijo ‘capitán, tranquilo; yo no le voy a hacer nada. A mí ya me están esperando en Villabo. Esto ya lo tenía planeado desde hace tiempo’ ”, dijo Maldonado.

Durante el vuelo, la mujer contó que estaba aburrida porque no la dejaban ir a ver a su mamá enferma, que tenía una hija, que el ‘Negro Acacio’ sí estaba muerto y que se iba a entregar.

“Me contó también que hace tres meses una compañera suya trató de hacer lo mismo y que la fusilaron”, relató Maldonado.

Faltando una hora para culminar el vuelo, la guerrillera se puso a leer los periódicos. Solo suspendió la lectura cuando iban a aterrizar, alrededor de las 5:30 de la tarde.

“De la torre me preguntaron si la pasajera se llamaba Yorlei, y ella me dijo que sí. Cuando apagué el motor, llegó un cura y un médico en una ambulancia y se la llevaron”, relató el piloto.

‘Guillermo’, el reemplazo de ‘Acacio’.

‘Angely’, como era conocida esta mujer de 23 años en el frente 16 de las Farc, dijo ayer que tras la muerte de Tomas Medina Caracas, el ‘Negro Acacio’, las tropas del frente 16 se dividirán y la situación se hará inmanejable”.

“Hay gente que no sabe de la muerte de ‘Acacio’, pero cuando se enteren se van a sentir muy desmotivados. Muchas personas se quieren desertar, pero no han podido. La situación se volverá insostenible”, dijo.

La guerrillera le contó a las autoridades que ella supo el mismo día del bombardeo del Ejército al campamento de ‘Acacio’.

“Supe que había salido mal herido. A los cuatro días me enteré de que había muerto. Eso se corroboró cuando mandaron a comprar cuatro ataúdes, de los cuales uno era lujoso y costó como 3 millones de pesos”, dijo la mujer.

Según contó, el mando del frente 16 lo tomó ‘Guillermo’, un guerrillero que, afirmó, no está preparado para dirigir las tropas y no sabe motivar a los combatientes.

“Ha tenido muchos errores con la gente y con la tropa. No tiene credibilidad y finalmente no terminará siendo el comandante del frente. Cuando me vine, él tenía una reunión con otros comandantes para tomar una decisión final”, dijo la guerrillera.

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