El paisaje dorado del país está en los Llanos orientales

El paisaje dorado del país está en los Llanos orientales

En medio de tierras doradas por el sol, llenas de tibieza y fortaleza, se esconde la Orinoquía, esa parte de Colombia que respira biodiversidad y variedad genética con la combinación de múltiples formas de vida en sus departamentos del Meta, Arauca, Casanare y Vichada.

28 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Las mutuas interacciones de la región con el resto del entorno fundamentan el sustento de la vida de esta inmensa sabana, conocida también con el nombre de Llanos Orientales, que se extiende con una superficie de 240.000 kilómetros cuadrados, desde las estribaciones de la cordillera Oriental hasta el río Orinoco y desde el río Arauca al Guaviare.

Esta región de gran actividad ganadera, como consecuencia de ser una llanura cubierta de pastos, bosques, matorrales, haciendas y riquezas hídricas, desempeñó un papel preponderante en las luchas de la Independencia colombiana y venezolana para liberarse de España.

El ‘llanero’, como se le suele llamar al habitante de esta región, tiene particularidades bien marcadas. Es por excelencia el vaquero colombiano, recio, fuerte, trabajador y dedicado a realizar la crianza del mejor ganado del país.

El llanero fue el resultado del mestizaje entre el conquistador europeo y el indí-gena y su sociedad se ha venido desarrollando históricamente alrededor de un proceso de colonización, hechos que marcaron sus costumbres y música escondidas a través de las arpas, en los hatos de las sabanas, fundaciones, conucos y pueblos. Trabajos de llano, el coleo y las peleas de gallos, entre otras tradiciones, representan lo típico de esta sociedad de sabana.

Los grupos étnicos culturales tienen sus nichos en la Orinoquía, donde cerca de trece mil indígenas habitan la sabana llanera; por ello, es muy fácil encontrarse con comunidades como las de las Selvas del Pipichonare. En el Vichada, por ejemplo, se encuentran los Guahibo, Puinave, Piaroa, Sáliva, Curripao, en los ríos Muco, Guarrojo, Vichada, Vita, Alto Tomo, Cegua, Cadá y Uva y también en los núcleos urbanos de Puerto Carreño y Casualito.

Las tradiciones culturales de esta región están vinculadas a los recursos del medio ecológico, de los cuales salen leyendas, relatos y dichos relacionados con las aves, caimanes y monos aulladores. De cada uno de ellos se describen cualidades, y, en algunos casos, propiedades curativas o mágicas. Bajo estos parámetros son populares las leyendas de la Bola de Fuego, el Carro Fantasma, el Duende, la Casa de Hierro o la del Tesoro de Caribabare.

Así mismo, acostumbran practicar la medicina popular con el uso de numerosas plantas, infusiones y fomentos, donde el onoto, escorzonera, fortunanegra, silbadora, pegapega, el malojillo, zábila, tártago, cocoyo, el berro, la flor de mayo y otras son utilizadas con propósitos medicinales.

Turismo La dorada región de la Orinoquía, famosa por sus espectaculares atardeceres, turísticamente ofrece un llano inmenso en el que se destacan sus cuatro departamentos. Es así como en el Meta se encuentran ciudades pujantes como Villavicencio, donde las montañas y sus paisajes adormecen la imaginación, que es producto de un hechizo en el que son cómplices el clima calido y seco.

En pueblos como Acacías y Granada, en los que la llanura se convierte en valle de ríos, es fascinante observar la rutina diaria de las fincas ganaderas, con hombres descamisados y en cotizas persiguiendo las reses para coronarlas, marcarlas o curarlas.

La mirada se extiende hacia la Macarena, donde las aguas cristalinas se tiñen de algas y taninos.

Las piscinas naturales se encuentran en el Casanare, entre montañas y ríos que se adecúan para que los turistas se deleiten en Monterrey, Yopal, Tauremena, Agua azul y Orocué. En este departamento son inmensas las caídas de agua, los parques naturales, las lomas y las cuencas.

Aquí, el sol se esconde para que aparezca la luna roja y para recordar a personajes de la Vorágine, novela típica de la historia colombiana, en medio de aves, plantas y culturas que abundan y dan colorido a bellos paisajes.

Del Vichada, se debe indudablemente rescatar su gran pulmón verde, el parque natural el Tuparro, un área a conservar en su estado natural y que se caracteriza por ser representativa de una región fitozoogeográfica, de gran inte-rés científico.

Los municipios de Cumaribo, La Primavera, Puerto Carreño y Santa Rosalía ofrecen parques y paisajes aptos para deportes extremos y sitios especiales como el Centro Gaviotas y Marandúa.

Y qué decir del Arauca vibrador, que deriva su nombre de un ave llanera llamada Arauco, al igual que su capital, y guarda en sus entrañas todo un patrimonio natural y cultural, donde está el Malecón Eco turístico, la piscina agua-parque Las Toninas, el Forum Los Libertadores, el Puente José Antonio Páez, la piscina Femar y el parque Simón Bolívar, entre otros.

Esta región posee uno de los terrenos más grandes de la Orinoquía, donde habitan los grupos etnicos U'wa, Betoyes y Guahibos, y se escuchan las garzas y los potros encantando con sus llanos y paisajes y seduciendo a la gente que se encuentra a su paso.

Gastronomía En la Orinoquía abundan los restaurantes y asaderos llaneros donde se prepara la típica mamona, la llanerita, el pan (de pan de arroz), asaduras, picadillo, guarapo y el casabe, una especie de arepa grande elaborada con harina de yuca brava. En la mesa llanera, igualmente no pueden faltar el pan de trigo y frutas exóticas como el arazá, el copoazú y el anón amazónico.

Cada plato típico tiene su propia historia y está preparado con alimentos al alcance de la mano como el chigüiro, el guiso de tortuga de río, con papas, yuca, tomates, cebolla y hojas de cilantro, las bolitas de pirarucú, pescado de río, el caimarón o la uva llanera ofrecida en racimos.

También están el agridulce champés, que se parece a la breva o el cacay, similar al cacao, que se consume después de secarse y tostarse al sol; el bistec, el guiso y el sancocho llaneros.

del medio ecológico, de los cuales salen leyendas, relatos y dichos relacionados con las aves, caimanes y monos aulladores. De cada uno de ellos se describen cualidades, y, en algunos casos, propiedades curativas o mágicas. Bajo estos parámetros son populares las leyendas de la Bola de Fuego, el Carro Fantasma, el Duende, la Casa de Hierro o la del Tesoro de Caribabare.

Así mismo, acostumbran practicar la medicina popular con el uso de numerosas plantas, infusiones y fomentos, donde el onoto, escorzonera, fortunanegra, silbadora, pegapega, el malojillo, zábila, tártago, cocoyo, el berro, la flor de mayo y otras son utilizadas con propósitos medicinales.

Turismo La dorada región de la Orinoquía, famosa por sus espectaculares atardeceres, turísticamente ofrece un llano inmenso en el que se destacan sus cuatro departamentos. Es así como en el Meta se encuentran ciudades pujantes como Villavicencio, donde las montañas y sus paisajes adormecen la imaginación, que es producto de un hechizo en el que son cómplices el clima calido y seco.

En pueblos como Acacías y Granada, en los que la llanura se convierte en valle de ríos, es fascinante observar la rutina diaria de las fincas ganaderas, con hombres descamisados y en cotizas persiguiendo las reses para coronarlas, marcarlas o curarlas.

La mirada se extiende hacia la Macarena, donde las aguas cristalinas se tiñen de algas y taninos.

Las piscinas naturales se encuentran en el Casanare, entre montañas y ríos que se adecúan para que los turistas se deleiten en Monterrey, Yopal, Tauremena, Agua azul y Orocué. En este departamento son inmensas las caídas de agua, los parques naturales, las lomas y las cuencas.

Aquí, el sol se esconde para que aparezca la luna roja y para recordar a personajes de la Vorágine, novela típica de la historia colombiana, en medio de aves, plantas y culturas que abundan y dan colorido a bellos paisajes.

Del Vichada, se debe indudablemente rescatar su gran pulmón verde, el parque natural el Tuparro, un área a conservar en su estado natural y que se caracteriza por ser representativa de una región fitozoogeográfica, de gran inte-rés científico.

Los municipios de Cumaribo, La Primavera, Puerto Carreño y Santa Rosalía ofrecen parques y paisajes aptos para deportes extremos y sitios especiales como el Centro Gaviotas y Marandúa.

Y qué decir del Arauca vibrador, que deriva su nombre de un ave llanera llamada Arauco, al igual que su capital, y guarda en sus entrañas todo un patrimonio natural y cultural, donde está el Malecón Eco turístico, la piscina agua-parque Las Toninas, el Forum Los Libertadores, el Puente José Antonio Páez, la piscina Femar y el parque Simón Bolívar, entre otros.

Esta región posee uno de los terrenos más grandes de la Orinoquía, donde habitan los grupos etnicos U'wa, Betoyes y Guahibos, y se escuchan las garzas y los potros encantando con sus llanos.

COMPRAS Y HOSPEDAJES.

Las compras en la Orinoquía están ligadas a las hamacas, mochilas y chinchorros, todos ellos elaborados en la cabuya que se extracta de las palmas. Los aperos, campechanas, botas y accesorios en cuero son conseguidos en mercados populares y centros comerciales de las diferentes ciudades.

Hoteles como Arizona, Acapulco, La mansión, La Posada, el hotel del llano Puerto López, los Lagos del Menegua y diversas casonas y posadas son vitales para hospedar a turistas y visitantes de la región, quienes consideran que deben pernoctar en la región entre tres y cinco días para alcanzar a compartir costumbres, recrearse y disfrutar con las fiestas del coleo y, por supuesto, de su exótica flora y fauna.

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