Noruega, riqueza natural pura

Noruega, riqueza natural pura

Pocos lugares en la tierra pueden igualar el esplendor de Noruega, una larga y delgada faja de tierra en la corona del planeta, llena de lagos de agua cristalina, profusos bosques y escabrosas montañas al occidente, legendaria tierra de los majestuosos fiordos bordeada por el Mar Noruego y el Océano Atlántico. Al noreste, su geografía más suave y reprimida está salpicada con colinas y valles.

27 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Los noruegos tienen una enorme relación con la reconocida belleza de su país. Aun en el clima riguroso y los paisajes abruptos del occidente se les puede encontrar afuera, esquiando, escalando o pescando. En contraste, las ciudades de Noruega son la cara cosmopolita de esta nación moderna y liberal. Una de las civilizaciones más antiguas de Europa convertida en una joven nación.

Aquí es posible encontrar el estilo de vida nocturna más moderno y próspero, bares y restaurantes llenos, al igual que excelentes instituciones culturales. Hay que tomarse un tiempo para explorar desde las playas del sur hasta la tierra de los sami, en el techo de Europa, y estar preparado para un viaje de prodigiosa variedad.

Los mayores atractivos son las montañas y sus profundos valles, las agrestes gargantas y los bosques de roble, fresnos abetos y abedules. Pero cualquiera que sea el trazado de la ruta, las grandes cataratas que se arrojan sobre abismos o lagos desde los picos nevados o los glaciares que habitan en las cumbres, siempre están presentes.

Los fiordos Los fiordos, esas entradas del mar que penetran entre las montañas rocosas y que han sido formadas en la Era del Hielo, constituyen sin duda el más grande atractivo del país y definen la cultura de los noruegos como versados marineros.

El mar ha sido determinante en Noruega. Tanto para los vikingos, a quienes les pareció más fácil llegar a Islandia, Groenlandia y el resto de Europa que a Oslo, y para los modernos viajeros que encuentran en el barco la manera más cómoda de viajar por su seductora línea costera.

Los fiordos empiezan al sur, en Stavanger, hoy considerada la capital petrolera de Noruega, cerca de Prekestolen (Piedra del Púlpito), ese gran bloque de piedra que se alza 600 metros sobre el fiordo de Lyse. Se extienden al norte hacia el fiordo de Hardanger, uno de los más largos, favorito de turistas y locales por las antiguas tradiciones de cuenteros y músicos que influenciaron a viajeros.

En el recorrido hacia el norte, estos rodean a Bergen, por eso es llamada la capital de los fiordos. El Sognefjorden o Fiordo de los Sueños (con 204 kilómetros de largo y 1.308 metros de profundidad) y el Nordefjorden o Fiordo del Norte están en un área de glaciares, lagos y cadenas montañosas; el Storfjord o Gran Fiordo, que se adentra considerablemente en tierra firme; y finalmente, el tranquilo Fiordo Geiranger, el más hermoso.

Paisaje y obras de ingeniería Viajar por Noruega no ha sido nunca fácil, pero los noruegos han inventado soluciones ingeniosas para afrontar su naturaleza agreste.

Su capacidad para construir túneles a través de la roca sólida que forman sus montañas causa una de las mayores impresiones entre los visitantes.

Entre Aurland y Laerdal se encuentra el túnel de carretera más largo del mundo (24,5 kilómetros), que conecta a Bergen con el oriente del país.

Es especialmente importante en invierno, cuando los pasos de alta montaña de la llamada Carretera de la Nieve se encuentran cerrados. Para soportar y fortalecer el techo y las paredes del túnel se usaron 200.000 tornillos de acero de 5 metros de longitud.

Para romper la monotonía de un recorrido de 20 minutos, el túnel está dividido en cuatro secciones mediante tres inmensas cavernas equipadas con luz azul y amarilla. Esto da la ilusión de conducir en luz natural y también la luz amarilla en el piso produce el efecto del amanecer.

Otra muestra de sus habilidades se encuentra al final del fiordo de Aurland, en la población de Flåm. Desde allí parte hacia Myrdal uno de los trenes más famosos del mundo, y también uno de los que tienen mayor pendiente de inclinación. La esencia paisajística de Noruega desfila por sus ventanas, una sucesión de cascadas, valles y parcelas que desafían los precipicios.

En menos de una hora este mirador ambulante asciende 865 metros, atravesando 20 túneles y realizando ocho paradas, la más dramática frente a la poderosa cascada de Kjos, con casi 100 metros de altura. Allí, entre la bruma que se desprende de la catarata, aparecen bailarinas vestidas de rojo. Son los duendes de Huldra, una reencarnación de los espíritus del bosque y el lago, que envían un mensaje de la naturaleza.

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