CHILE AL TLC, CUESTIÓN DE POLÍTICA

CHILE AL TLC, CUESTIÓN DE POLÍTICA

Este año, el gobierno de Chile recibió de modo anticipado su más anhelado regalo de navidad. La invitación cursada por Estados Unidos, México y Canadá en la reciente cumbre Hemisférica para que Chile ingrese próximamente al Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLC) ha sido el mejor obsequio que el gobierno de Eduardo Frei haya podido recibir.

18 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Desde que el presidente George Bush lanzara la iniciativa para las Américas, las autoridades chilenas se mostraron muy entusiastas con la liberalización del comercio en la región. Sobre todo porque la propensión de las autoridades estadounidenses de presentar a Chile como modelo a seguir por las restantes naciones latinoamericanas auguraba que el país sería uno de los primeros en obtener los beneficios de la iniciativa.

El deseo de integrarse con América del Norte llegó tan lejos que en varias ocasiones se planteó retrasar la subscripción de acuerdos con países latinoamericanos porque se temía que ello dilatara o entorpeciera las negociaciones con el coloso del norte.

Objetivos chilenos La disposición del gobierno a avanzar en la integración con las economías de América del Norte y fundamentalmente con la estadounidense se explica por diversas razones. De una parte, un mayor acercamiento con uno de los principales polos económicos mundiales constituiría una buena carta de presentación para la economía chilena, lo cual a su vez, serviría para mejorar los términos de negociación con los otros países y regiones.

De la otra, este paso demostraría a la clase empresarial y a los sectores nostálgicos del pasado autoritario que la democracia no es incompatible con el desarrollo económico nacional.

De modo más concreto, un acuerdo de este tipo significaría la eliminación de los aranceles a las importaciones y la disminución del valor de los insumos que requiere la industria nacional, la ampliación del acceso a las inversiones extranjeras y a la moderna tecnología, lo cual, por su parte, podría traducirse en un estímulo a la diversificación de las exportaciones ya que abriría nuevas posibilidades para colocar en el mercado estadounidense una oferta exportable con mayor valor agregado.

Aún cuando en la actualidad han surgido voces de sectores contrarios al ingreso de Chile al TLC, la noticia ha encontrado en general un beneplácito por parte de las principales organizaciones sociales y políticas ya que el tema ha hecho parte de las políticas de consenso que han logrado los dos gobiernos democráticos.

Desde hace varios meses se ha dado inicio a una serie de consultas para alcanzar un acuerdo nacional en la materia. Para tal fin las autoridades han adelantado conversaciones con el sector productivo y con la Central Unica de Trabajadores, CUT y se ha creado un equipo de análisis sectorial a través de los ministerios.

Los intereses de EE.UU.

Si las motivaciones de Chile por subscribir este acuerdo obedecen fundamentalmente a consideraciones de naturaleza económica, el consentimiento estadounidense para ampliar el TLC responde a factores de tipo político.

El restringido mercado interno chileno no puede despertar un sensible interés económico. La invitación cursada a Chile debe entenderse como un indicador del respaldo que Estados Unidos otorga a los países latinoamericanos comprometidos en economías de libre mercado y en procesos democráticos. Es, además, una señal que confirma el compromiso de Washington por crear una zona de libre comercio en el hemisferio occidental.

Por último, es una clara demostración de que EE.UU. no va a dejarse desplazar por bloques extracontinentales que han manifestado cierto interés por fortalecer posiciones en suelo latinoamericano, como está ocurriendo con la Unión Europea que ha comenzado a adelantar negociaciones para crear una zona de libre comercio con los países del MERCOSUR.

Hay peligros El acuerdo plantea para Chile, sin embargo, un gran desafío. En buena medida la fortaleza de la economía chilena radica en el carácter multilateral de su inserción en el sistema internacional.

Las relaciones económicas están ampliamente diversificadas: el 30 por ciento de las exportaciones se destinan a los países Asia-Pacífico, un 25 por ciento a la Unión Europea, el 20 por ciento a Norteamérica y un 20 por ciento a América Latina.

Si bien es innegable que el ingreso de Chile al TLC, puede recortar grandes beneficios, este tipo de acuerdo también podría traducirse en una desviación de las exportaciones chilenas a EE.UU. en detrimento de las otras regiones.

En tal sentido, no estaría de más recordar las palabras del senador Carlos Ominami quien recuerda que se debe evitar quemar naves en el TLC dándole la espalda a socios comerciales tan gravitantes en nuestros intercambios, como los del sureste asiático, los países de la UE o América Latina .

De tal suerte, la conservación de una adecuada inserción internacional de Chile dependerá de la capacidad que tenga la sociedad civil y la clase política para concebir imaginativamente una estrategia que la aproxime al TLC pero que le permita mantener y fortalecer las posiciones alcanzadas en las otras latitudes.

*Hugo Fascio Vengoa es profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional.

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