Los safaris de Ardila, la labor de Piedad

Los safaris de Ardila, la labor de Piedad

La arrolladora dinámica de la realidad colombiana ha desnudado en forma simultánea a dos personajes, uno lamentable y otro ejemplar, representantes, respectivamente, de la política clientelista y de la política servicial.

26 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Hablo de Pablo Ardila, gobernador de Cundinamarca, y Piedad Córdoba, la senadora encargada de promover el intercambio humanitario. Acusado de corrupción el uno, entusiasta promotora de la libertad la otra, Ardila y Piedad –cariñosamente conocida como ‘la Negra’– marcan un hondo contraste entre dos Colombias no solo diferentes sino opuestas.

Las grabaciones que permitieron detener al contralor de Cundinamarca, Juan Carlos Medina Ovalle, acusado de cobrar sobornos a una empresa, son apenas la nariz de la monstruosa corrupción que se ha apoderado del departamento, según denuncian personas como la presidenta del Senado. Otra grabación sorprendió a Julio Eduardo Riveros, cercano colaborador de Ardila, en un diálogo de alcantarilla con un representante a la Cámara durante el cual hablaban de repartos de dinero y de mordidas. Las actividades del gobernador fueron denunciadas por la prensa de tiempo atrás, pero difícilmente podían prosperar porque el encargado de vigilarlo, el Contralor Departamental, era parte de la misma maquinaria corrupta.

Un reciente reportaje de la revista Donjuán muestra a Pablo Ardila en su condición de niño rico que habita una lujosa casa rodeado de piezas disecadas de cacería africana, viste ropa de marca, usa relojes Cartier, viaja con frecuencia (acababa de mandar desde Bogotá al apartamento familiar de Nueva York su cama favorita) y tiene polígono de tiro en su mansión para que al cazador blanco no se le olvide matar jirafas. Uno preferiría que sus gobernantes llevaran una vida más espartana y acorde con la realidad de este pobre país. Los quehaceres del plutócrata no parecen los más aconsejables para quien debe estar al servicio del interés público.

Respetando la presunción de inocencia que lo cubre, hay que decir que el gobernador Ardila, su círculo de empresas, sus colaboradores y sus cuentas bancarias merecen una buena investigación.

Por fortuna, en el extremo opuesto a tan deprimente ejemplo está el de Piedad Córdoba, tenaz, rebelde, enemiga de toda injusticia, que ostenta actos políticos valerosos y una rica trayectoria de iniciativas a favor de los marginales. Le sobran enemigos, y por eso los paramilitares estuvieron a punto de asesinarla. Pero sigue defendiendo sus creencias –entre ellas las críticas a la barbaridad histórica del Caguán– y colaborando en lo que puede. Si algún pecado tiene, es venial: la efervescencia. Cuando el presidente Alvaro Uribe se jugó la audaz carta de encomendarle el intercambio humanitario, ignoraba que estaba desamarrando el huracán. Desde entonces, ‘la Negra’ sacude el escenario internacional con sus iniciativas, que buscan comprometer a muchos actores en una solución. Ojalá el Presidente sea fiel a su palabra de que ahuyentará a los ministros de Relaciones Exteriores y Agricultura, interesados en atravesarle palos en la rueda.

Ante el espectáculo deprimente de esa Cundinamarca donde apestan muchas cosas, la mística de servicio de una Piedad Córdoba impide que se entregue uno en brazos del pesimismo absoluto.

ESQUIRLAS. 1) Una de las mejores notas que registra Colombia en las tablas internacionales de The Economist es el puesto 17 en “desempeño medio ambiental”; a ver si logramos hundirnos hasta el 80 con el grotesco proyecto de combinar en Cartagena playas turísticas, aldeas nativas y muelles carboníferos. 2) Estará en Bogotá esta semana, invitado al festival cultural de los diez años de la revista El Malpensante, el más interesante autor de reportajes de las últimas décadas: Gay Talese. Puedo decir, personalmente, que casi todo lo que sé sobre crónicas y reportajes lo aprendí en los impecables textos de este gran periodista gringo. ¡Cambio tres autógrafos de Ronaldinho por uno de Talese!

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