CUMBRE DE MIAMI UNIÓ AL CONTINENTE

CUMBRE DE MIAMI UNIÓ AL CONTINENTE

Un año atrás, cuando convoqué a una Cumbre de las Américas para reunir a los líderes de todo nuestro hemisferio, tenía la esperanza de que seríamos capaces de dar pasos concretos para crear empleos y ampliar las oportunidades para todos nuestros pueblos. Hoy, después de que los 34 líderes democráticamente elegidos han concluido sus reuniones, resulta claro que la cumbre de Miami fue una apertura para nuestro hemisferio. Las medidas que tomamos ayudarán a forjar una era de democracia y prosperidad que enriquecerá a nuestros hijos en futuras generaciones.

18 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Este es un significativo momento de esperanza para nuestro hemisferio, una era en que la reforma económica está en ascenso y la democracia resulta triunfante.

Las economías del hemisferio Consideremos: cuando la primera cumbre hemisférica de este siglo se realizó en Panamá en 1956, 11 países del hemisferio estaban bajo regímenes autoritarios. En 1967, cuando la siguiente cumbre tuvo lugar en Punta del Este (Uruguay), 10 naciones del continente eran gobernadas por dictadores. Hoy, todos los líderes que asistieron a Miami, han sido elegidos democráticamente por pueblos libres. Sólo una dictadura permanece en nuestras costas, y tenemos confianza en que la marea de la historia llegará a Cuba también.

Al mismo tiempo, la reforma económica, perseguida frente a profundas disparidades por dedicados líderes, ha transformado las economías del hemisferio. Nuestro propio país fue afectado por un creciente déficit presupuestario. Muchos de nuestros vecinos estaban sufriendo una severa inflación y padecían las limitaciones de ineficientes estructuras económicas. Hoy, todos los países han dominado la inflación. Nuestro hemisferio es la segunda región de más rápido desarrollo del mundo. Se espera que hacia el año 2003, el Hemisferio Occidental sea el mayor mercado del planeta. Y el comercio en rápido crecimiento hace que nuestros pueblos se unan.

Ahora, hemos usado este momento para impulsarnos hacia adelante, dando pasos específicos para que, dentro de una década, los frutos de la democracia y los beneficios del libre comercio sean compartidos por todos nuestros trabajadores y nuestras familias.

Estados Unidos tenía tres propósitos en esta cumbre, propósitos abrazados por todos los líderes de la región que asistieron al encuentro.

Nuestro primer propósito era promover la prosperidad, para nuestro pueblo y para los pueblos de nuestros vecinos. Para Estados Unidos, la creación de empleos y el incremento de los salarios dependen de nuestra capacidad para vender a mercados extranjeros en crecimiento. Los empleos relacionados con las exportaciones pagan 17 por ciento más que otros empleos.

Este hemisferio es nuestro mercado de exportación más importante. Y una clave para las exportaciones es echar abajo las barreras comerciales, de modo que nuestros valiosos productos y servicios puedan entrar libremente en los mercados de nuestros socios comerciales. Cuando abrimos los canales del comercio, ganamos, y lo mismo hacen nuestros socios.

Por eso era crucial que los líderes que se reunieron en Miami accedieran a derribar barreras y se comprometieran a crear una zona de libre comercio que abarque todo el hemisferio. Acordamos medidas específicas y establecimos planes concretos para expandir el comercio, con el año 2005 como fecha de cierre para las negociaciones. Que nadie subestime la significación de este paso: sobre el libre comercio hemisférico se ha hablado durante años; y en la reunión de Miami, hemos acordado actuar.

Democracia y desarrollo Nuestro segundo propósito era consolidar las instituciones democráticas en todo el hemisferio. Reconocemos que las elecciones libres, siendo tan necesarias, no resultan suficientes. También es necesario fortalecer los elementos de la sociedad civil combatiendo la corrupción, deteniendo el flujo de las drogas y secando el cauce del lavado de dinero.

Tercero, reconocimos que el desarrollo económico no es suficiente si no favorece a nuestra gente y a nuestras comunidades. La pobreza, la atención médica inadecuada y el saqueo del medio ambiente siguen amenazando el progreso que hemos logrado. Los líderes tomamos medidas concretas dirigidas a mejorar la educación y la salud de nuestra gente. Y reconocimos que el desarrollo económico se corresponde con una vigorosa protección al medio ambiente.

Esta es una agenda ambiciosa. Pero ha sido una oportunidad para edificar la era de progreso económico más dramática que haya habido durante décadas.

Hace un año, firmé la legislación que implementó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), para eliminar las barreras comerciales entre Estados Unidos, México y Canadá. En el primer año que ha estado en vigor, el Tratado de Libre Comercio ha resultado un brillante e inconfundible éxito, creando casi 100.000 empleos en Estados Unidos.

Apertura progresiva El mes pasado, viajé a Indonesia, donde los líderes de los países de la Cuenca del Pacífico acordaron abrir progresivamente los mercados, a partir de hoy hasta el año 2000.

Y la semana pasada, firmé la legislación que ratifica la Ronda Uruguay del Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT). El acuerdo es el mayor tratado comercial que se haya alcanzado: un corte de impuestos mundial que asciende a la cantidad de 744.000 millones de dólares. Este compromiso establecerá las leyes que regirán el comercio durante la próxima generación.

Al final de la Guerra Fría, todos los países del mundo tienen la opción de encerrarse dentro de sí mismos o volcarse hacia el exterior y forjar nuevos vínculos de comercio y amistad. En nuestros hemisferio, hemos escogido crecer juntos. La cumbre -realizada en una atmósfera de respeto mutuo y buena voluntad- fue una oportunidad para contribuir a que tales ganancias sean permanentes.

Al ser el anfitrión, el pueblo de Miami hizo algo más que proporcionar un hermoso, colorido y eficaz ambiente para un encuentro de jefes de Estado. Crearon el escenario para una reunión donde se forjaron vínculos reales y perdurables entre las naciones del hemisferio. Lo que ocurrió en Miami afectará profundamente la vida de nuestro pueblo en los años futuros. Gracias por el gran esfuerzo y la cálida bienvenida. Miami debe estar orgullosa.

Tomado de El Nuevo Herald, de Miami

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