FRONTERA CALIENTE

FRONTERA CALIENTE

Dos soldados en traje de combate pasan agazapados en el platón de la camioneta roja, de vidrios oscuros, que devora la recta a más de ochenta kilómetros por hora. Llevan el rostro sudoroso y la gorra camuflada con la visera hacia atrás. El cañón de sus fusiles apunta hacia el cielo, limpio de nubes.

18 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Ese carro es de un ganadero que secuestraron. Creo que le sacaron nueve millones de bolos , dice el conductor del automóvil que recorre la carretera en el piedemonte de la Sierra del Perijá, en territorio venezolano.

La camioneta, modelo Silverado, se alinea de nuevo en el carril derecho, al borde de los pastizales, y se vuelve en un punto en el horizonte. Los soldados y los fusiles ya son una costumbre entre los ganaderos de los Estados Zulia, Táchira y Apure que salen a visitar sus fincas, a pocos kilómetros de la frontera con Colombia.

En ese sector existe un complejo fenómeno cuyos principales componentes son el secuestro, la extorsión, el narcotráfico, el contrabando de vehículos robados hacia Colombia, la guerrilla, la delincuencia común, la ausencia de programas oficiales de desarrollo y la creciente militarización de la zona limítrofe.

Los tres estados abarcan 1.500 de los 2.219 kilómetros de frontera que existen entre Colombia y Venezuela.

Los efectos de la actividad desplegada por la guerrilla colombiana se alcanzan a sentir con mayor fuerza en la región de la Victoria y el Nula, dos poblaciones del municipio autónomo de Páez, en el estado Apure.

En la deteriorada carretera que une a la Victoria con el Nula, a orillas del río Arauca, la guerrilla mató a dos militares venezolanos e hirió a otros diez el pasado 29 de octubre. Un año antes murieron otros cinco militares del vecino país en otra emboscada de los subversivos.

El sector es considerado zona de combate por los militares venezolanos. El ejército y la Guardia Nacional vigilan las escasas calles de la Victoria. Sus habitantes se resisten a hablar para no meterse en problemas como se metieron unos comerciantes que hablaron de los atropellos de la Guardia Nacional. Aquí nadie sabe quien es quien .

Sin embargo, es un secreto a voces que a pesar de la presencia militar, es la guerrilla colombiana la que define algunos conflictos familiares, de linderos y de robo de ganado en esta parte del territorio venezolano. Frente a la Victoria, al otro lado del río Arauca, se ven las primeras casas de zinc de Arauquita, un poblado colombiano donde, según dicen en la Victoria, es fácil ubicar a la guerrilla.

En esa zona, según una fuente de los organismos colombianos de seguridad con sede en Arauca, actúan los frentes 10 y 45 de las Farc, y la compañía Simacota del Eln. Entre los tres suman unos 1.200 hombres en armas y alrededor de 3.000 en milicias, redes de inteligencia y logística.

Los deportados A estos grupos es atribuida la mayor parte de los diez secuestros de ganaderos y comerciantes que aparecen registrados en los cuatro últimos años en el Municipio de Páez. Seis de ellos ocurrieron este año. Eso y los ataques de la guerrilla colombiana, que desde 1987 han dejado 22 oficiales y soldados venezolanos muertos, han obligado a la militarización de la región y al aumento de los controles.

Los campesinos colombianos que habitan en territorio venezolano son los más afectados. En los primeros diez meses de 1994 fueron deportados, en el estado Apure, 578 colombianos, cinco veces más que el año pasado.

Pero menos de una hora después de llegar a territorio colombiano, estas personas atraviesan en lanchas el río Arauca para regresar junto a su esposa e hijos venezolanos. Algunos viven al otro lado del río desde hace 20 0 25 años.

Casi todo ellos son indocumentados que trabajan en las haciendas con un permiso fronterizo que deben renovar constantemente.

La compañía Simacota y los frentes de las Farc, además del grupo Domingo Laín del Eln, también actúan en la zona fronteriza que limita con el estado Táchira.

Las estadísticas de las organizaciones ganaderas indican que en ese estado han sido secuestradas 76 personas en los últimos 18 años. Se sabe a ciencia cierta, aunque nadie denuncia, que muchos ganaderos y comerciantes pagan vacuna a los grupos guerrilleros y de delincuentes comunes.

Voceros de la cámara de comercio de Ureña y San Antonio, a unos 90 kilómetros de San Cristóbal, la capital del Estado, dicen que por los menos 50 comerciantes han cambiado su lugar de residencia luego de los cinco secuestros ocurridos este año en ese sector. Algo similar ocurre con los ganaderos de la Fría, en el norte del Táchira.

La baja del Bolívar que varía entre 3.70 y 4.00 pesos, ha agudizado el clima de incertidumbre en la línea fronteriza.

Por las calles de Ureña y San Antonio, a media hora de Cúcuta, se ven jeeps con grandes ametralladoras emplazadas en trípodes y militares de traje camuflado, boina roja y mirada inquisidora.

Los patrullajes y las alcabalas (retenes) también se han incrementado en el estado Zulia, especialmente al sur del lago de Maracaibo. De esta región sale el 70 por ciento del total de la producción lechera del país y el 40 por ciento de la producción de carne.

Aquí las familias de los 45 ganaderos secuestrados han pagado 1.030 millones de bolívares de rescate desde 1988. Los hacendados andan con guardaespaldas particulares o con efectivos del ejército venezolano. La extorsión es una práctica tan generalizada que muchos hacendados han puesto sus fincas en venta, pero los precios han bajado.

Dos profesores de la Universidad de los Andes, en el Táchira, y fuentes oficiales de Guasdualito y Maracaibo, coinciden en que el maltrato al que han sido sometidos muchos braceros colombianos ha generado un malestar entre estos y, en ocasiones, ha motivado la vinculación de ex trabajadores a los secuestros.

Lanchas y helicópteros Otro elemento que, en opinión del coordinador policial del Zulia, Luis Prieto, ayudó a complicar el panorama fue la aparición de grupos civiles contratados y armados por algunos productores y que generaron terror en la zona y que fueron desactivados por las autoridades venezolanas hace dos años.

Por la misma época también fue disuelta la Guardia Rural, cuyos integrantes eran llamados los negritos , por el color de su uniforme. Esta era un cuerpo armado por la Gobernación del Zulia, que resultó implicado en la desaparición y muerte de un número indeterminado de campesinos. Las denuncias reseñadas por la prensa local hablan del asesinato de 300 personas.

Ante el crecimiento de la inseguridad, el ejército también ha incrementado los patrullajes en las planicies del sur del lago de Maracaibo. Con lanchas y siete helicópteros artillados, el ejército de Venezuela también escudriña cada recodo de los ríos Tarra y Catatumbo, en una zona montañosa donde, según las autoridades, se mueve la guerrilla con relativa facilidad.

Entre los venezolanos circulan diversas versiones sobre la actividad guerrillera en la zona fronteriza. Una de ellas, de los que viven pensando en un conflicto por las zonas limítrofes, señala que a Colombia no le interesa combatir a la guerrilla en esa región porque los grupos armados serían el primer escudo en caso de guerra.

Otros, la mayoría, preguntan que si es cierto que el gobierno colombiano mantiene un pacto con la guerrilla para no molestar a los subversivos en la zona fronteriza a cambio de que estos no realicen acciones terroristas en las capitales.

Los run runes van y vienen. La incertidumbre de los venezolanos, además de la inseguridad que recorre la frontera, está marcada por la crisis de su economía. En San Cristóbal y Maracaibo, por ejemplo, los conductores de lujosos taxis Chevrolet Malibú, símbolo de otras épocas, se quejan de que hace años que no se construye un solo kilómetro de carretera, y despotrican contra los administradores del país.

Las dos mafias Hace unos tres meses, en un sigiloso operativo, la fuerza aérea de Venezuela fumigó cerca de mil hectáreas sembradas de amapola en la Sierra del Perijá, en territorio de ese país.

Nadie se sorprendió por el hallazgo. Desde hace 20 años los narcotraficantes han utilizado esa cadena montañosa para el cultivo de marihuana y coca. El coordinador Policial del Zulia, Luis Prieto, afirma que en el Zulia el problema del narcotráfico está más ligado al cultivo, en el Táchira se ha detectado lavado de dólares y en la región de Apure y Amazonas las autoridades hablan de un corredor utilizado por los narcotraficantes, en complicidad con la guerrilla colombiana, para pasar droga.

Una de las teorías de las autoridades es que algunos de los secuestros son patrocinados por el narcotráfico y tienen como fin amedrentar a los propietarios de la tierra para comprarla mediante testaferros.

Paralelo al problema de narcotráfico está el de otra mafia internacional que tiene despistados a los cuerpos de seguridad: los ladrones de vehículos.

En Venezuela se calcula que cada hora desaparecen 19 carros. Maracaibo, la capital del estado del Zulia, ubicada a hora y media de la frontera, por la vía a Maicao, es una de las más afectadas.

En esta ciudad se roban en promedio 30 o 35 vehículos diarios. Y en ocasiones ha ascendido a la cifra de 80. Las autoridades del Zulia calculan que un 60 por ciento de los autos robados atraviesa la frontera hacia territorio colombiano.

Los ladrones utilizan jinetes , expertos conductores a los que les pagan 60 u 80 mil bolívares por llevar un carro por trochas casi imposibles, y entregarlos en poblados de la Guajira Colombiana.

El coordinador policial del Zulia afirma que algunos carros robados han sido vistos en poder de autoridades de la Guajira y que transitan libremente, incluso con la placa original, desde Maicao hasta Santa Marta.

El diario la Nación, de Maracaibo, publicó recientemente que en los poblados y haciendas del Arauca circulan unos 6.000 vehículos hurtados en Venezuela y que 3.600 carros ingresaron ilegalmente a Maicao en 1993.

Las mafias están tan bien organizadas que han dividido Maracaibo en cuatro territorios: norte, sur, este y oeste. En cada una actúa un grupo independiente, aunque mantienen contacto entre si.

Los maracuchos casi que se han hecho a la idea de que cualquier día. en cualquier esquina, serán bajados de sus vehículos con un revólver apuntando a su cuerpo.

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