¿Uribe se enreda con el acuerdo?

¿Uribe se enreda con el acuerdo?

El acuerdo humanitario se le está saliendo de las manos al presidente Álvaro Uribe. En pocas semanas pasó de tener a un grupo de mujeres gritando en la Plaza de Bolívar, los martes en la mañana, “vivos los queremos, porque vivos se los llevaron”, a un concierto de jefes de Estado, cancilleres y grandes personalidades exigiendo, en distintas partes del mundo, esta salida.

23 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Por lo menos así comienzan a verlo en el exterior. Como Michael Shifter, del Diálogo Americano, prestigioso centro de pensamiento de E.U., quien se declaró “sorprendido” por el curso que han tomado los acontecimientos.

“Pensábamos que Uribe sabía a lo que jugaba, pero al parecer las cosas se han salido de su control”, dijo.

Acostumbrado a ganarlas todas en el plano local, Uribe parece estar por primera vez en aprietos frente a un tema que toca su política exterior, así él insista en que se trata de buscar caminos para que “unos secuestradores liberen a sus víctimas”, y que no puede arreglar a su manera.

De la noche a la mañana, una de sus más recias contradictoras, Piedad Córdoba, se convirtió en la “canciller” del acuerdo humanitario, mientras su ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Araújo, visita colegios para contar su fuga de las Farc.

Algunos creen que Uribe no calculó lo que significaba graduar a Piedad de “facilitadora” del intercambio. Y menos lo que se desencadenaría al aceptar que Chávez se autodesignara “mediador” y “garante” del mismo.

El tema se creció. Ya no se habla solo de un intercambio de guerrilleros por secuestrados (lo que era en un principio), sino que Chávez quiere hablar con ‘Manuel Marulanda’ –a quien Uribe considera el mayor terrorista del país–, de “geopolítica, de política latinoamericana”. Precisamente el estatus que Uribe nunca ha querido reconocerle.

Su preocupación porque los actores internacionales (y su misma ‘facilitadora’) se salgan del libreto local, es evidente. El viernes, una fuente de Palacio fue tajante en asegurar que Chávez y Piedad deben limitarse a buscar que “esos secuestradores respondan sobre la liberación de los secuestrados, cero política”.

Lo que más le duele a Uribe es que por cuenta del acuerdo humanitario las Farc terminen con reconocimiento político. Ayer, reiteró esa preocupación en el consejo comunal en Medellín (ver recuadro).

Por no hablar, sostienen las fuentes, del show de unos guerrilleros (para él terroristas) llegando al Palacio de Miraflores, de corbata, a debatir sobre la realidad colombiana.

¿Se meterá E.U.? En este complicado ajedrez del intercambio humanitario también Washington ha comenzado a asomar la cabeza. En dos vagas declaraciones, el embajador William Brownfield y el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Tom Shanon, dieron la bienvenida a todo esfuerzo que conduzca a la liberación de secuestrados. Una gran distancia frente al “no negociamos con terroristas”, que los ha caracterizado.

De hecho, ya se han comenzado a barajar posibilidades para resolver la situación de ‘Sonia’, ‘Trinidad’ y ahora ‘Mincho’ (extraditado el jueves de esta semana).

Fuentes diplomáticas le dijeron a EL TIEMPO que abogados contratados por Venezuela estudian alternativas jurídicas y se han encontrado con tres: un acuerdo bilateral que permita a los guerrilleros extraditados completar sus sentencias en Colombia, enviarlos a un tercer país, o la conmutación de la pena.

Todas suenan muy difíciles, especialmente mientras esté en la Casa Blanca un gobierno republicano. Pero las cosas podrían cambiar si, por ejemplo, llega un demócrata en noviembre del 2008.

El tema es complicado para Washington. Las Farc podrían avanzar en el intercambio, pero negarse a liberar a los estadounidenses, mientras los suyos permanezcan en cárceles de E.U. Eso, sin duda, los tiene pensando.

Prueba de ello fue la reunión del viernes con la senadora Córdoba a la que asistieron oficiales de los departamentos de Justicia y de Estado.

Pero no es solo eso. Piedad también enganchó a un grupo de legisladores de E.U. que ha prometido viajar a Caracas y hasta entrevistarse con las Farc si así lo piden las partes. Todos ellos demócratas, hoy con el sartén por el mango en el Congreso, y que podrían comenzar a presionar también por el intercambio.

Como caballo desbocado La salida de madre tuvo nuevos episodios esta semana y habrá más en las venideras. Mientras Uribe preparaba su discurso ante la Asamblea de la ONU y se imaginaba convenciendo al mundo entero de las conquistas de su Gobierno, los presidentes de Brasil y de Ecuador, cercanos a Chávez, ofrecían su territorio y su mediación para lograr el acuerdo.

Ese mismo día, el canciller francés, Bernard Kouchner, se preguntaba en Washington si Uribe apoyaba los esfuerzos de Chávez. Interrogante que Córdoba, de manera sorpresiva, reforzó el viernes en su visita a esa ciudad.

En España, el canciller Miguel Ángel Moratinos alentaba a Chávez a hacer “todo lo que pueda facilitar el canje humanitario”. Y en París, el presidente Sarkozy seguía empeñado en ir al Caguán.

Piedad, para rematar, echó más leña al fuego. No solo pidió a Uribe que calle a sus ministros de Agricultura, Andrés Felipe Arias, y de Relaciones Exteriores, Fernando Araújo, a quienes acusó de “ponerles ‘palos a las ruedas’ del intercambio”, sino que calificó como una “bomba atómica” la extradición a E.U. de Herminso Cuevas, hermano de ‘Fabián Ramírez’, del secretariado de las Farc.

Como si fuera poco, Piedad, que se desligó de toda actividad política local, tiene en su agenda invitaciones de varios gobiernos (Portugal, Inglaterra, Brasil y México) y prepara un concierto en París, con el patrocinio de Francia y Venezuela.

Uribe no tiene muchas salidas. Si desautoriza a Piedad o a Chávez, e intenta frenar a Sarkozy, volverá a ser el “malo del paseo” ante la comunidad internacional, por oponerse a sus gestiones humanitarias, sin que con eso asegure que ellos dejarán de actuar. Además, en el caso de Chávez están de por medio las relaciones comerciales y políticas con el socio más importante de la región. Y ni qué decir de Sarkozy, hoy muy influyente en Europa.

A estas alturas, Uribe, con el acuerdo humanitario cual caballo desbocado, no parece estar en condiciones de recoger la rienda, a pesar de ser un diestro jinete.

‘FARC QUIEREN POSAR DE POLÍTICOS’: URIBE Ayer, durante el consejo comunal en Medellín, el presidente Álvaro Uribe manifestó abiertamente su preocupación por que las Farc abusen de las gestiones que vienen realizando los facilitadores internacionales en torno al acuerdo humanitario. Dijo, en tono vehemente, que si bien el Gobierno está dispuesto a “avanzar hacia el canje”, rechaza que esa guerrilla aproveche el tema para hacer un “reposicionamiento político”. “¿Vamos a permitir –cuestionó Uribe– que la guerrilla quiera valerse de la generosidad nacional e internacional, para buscar el acuerdo humanitario como un conducto para posar de personajes de la política, cuando hace pocos días asesinaron a los diputados? (...) Si quieren hacer política que se desmovilicen”, dijo Uribe de manera insistente

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