Del sector público a la empresa privada

Del sector público a la empresa privada

Especial para PORTAFOLIO Jack Welch fue presidente de General Electric durante 20 años. Soy licenciada en administración pública y he trabajado en el gobierno durante 13 años, pero estoy pensando en pasar al sector privado. ¿Pueden darme algún consejo? Cynthia Whitbred-Spanoulis, Virginia Beach.

22 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Olvídese de todo lo que ha aprendido. Está bien, se trata de una declaración exagerada. Pero su pregunta nos hace recordar lo que ocurrió a una amiga nuestra. Hace unos 15 años, ella se graduó de una escuela de administración de empresas y fue a trabajar en un cargo gerencial con una organización sin fines de lucro dedicada a defender la ecología. Durante una década, nuestra amiga se sintió encantada con el trabajo. Las personas que conocía eran interesantes, el horario flexible y la causa bien valía la pena.

Pero, hace dos años, ella comenzó a tropezar con la enorme burocracia de la organización. Además, sus progresos a nivel de salario y de ascenso eran muy lentos. Por lo tanto, redactó un currículo mostrando su experiencia gerencial y su capacidad analítica, y lo presentó en cada firma de consultoría de su ciudad.

Nadie quería contratarla, ni siquiera entrevistarla. Finalmente, frustrada, logró que el vicepresidente de una firma hablara con ella por teléfono. “El ejecutivo me dijo que personas del sector público nunca funcionan bien”, nos informó nuestra amiga. “Esas personas pueden cruzar la frontera en el sector privado, pero no parecen en condiciones de capturar la cultura”.

Ahora bien, dudamos que un empleado público no sirva en el sector privado.

Por cierto, los abogados parecen pasar sin problemas de uno a otro sector, especialmente en industrias como servicios financieros, empresas farmacéuticas y firmas aeroespaciales. En esos lugares, es bueno conocer el laberinto de regulaciones del gobierno. Pero entendemos el punto de vista del vicepresidente que habló con nuestra amiga.

La diferencia entre cómo las personas piensan y operan en los sectores público y privado pueden ser realmente grandes. Y la razón, por supuesto, es la competencia. Las organizaciones del sector público, básicamente, carecen de competencia.

En el 2003, el entonces gobernador de Indiana, Joseph Kernan, dijo que quería proteger trabajos locales y puso fin al contrato del estado con una compañía de software de la India. Todos lo felicitaron. Pero los empresarios lanzaron la carcajada. En el mercado global, los bajos costos y un mejor desempeño pueden hacer prosperar una empresa, o llevarla a la bancarrota. Y eso cambia todo.

Tome por ejemplo el caso de la seguridad en el empleo. En las empresas sin fines de lucro usted puede quedarse de por vida, si no comete un error muy grande. En primer lugar, los sindicatos entorpecen la tarea de echar empleados, inclusive si uno de los subordinados no tiene el menor interés en mejorar los resultados del equipo. Pero inclusive, cuando no hay sindicatos, prevalece en el sector público la cultura de “todos somos iguales”.

Evaluaciones rigurosas de desempeño que permiten distinguir entre astros, empleados de desempeño regular e inferior, en muy raras ocasiones se realizan. Por lo tanto, todos están seguros.

La competencia también cambia el ritmo de las cosas. Sin duda alguna, luego de estar varios años enredada en la burocracia del gobierno, usted ha desarrollado una gran paciencia. Está acostumbrada a que los empleados respondan con calma a solicitudes de información o de producción. Tal vez, también ha comenzado a actuar con lentitud. Y eso es muy diferente del mundo empresarial, donde la falta de velocidad puede tener consecuencias. Puede acabar con usted.

La buena noticia es que posiblemente cuente con dos destrezas que la ayudarán a pasar al otro lado. La primera, es la capacidad de motivar a personas con escasas herramientas -esto es, dinero-. Por supuesto, las compañías permiten recompensar a personas con bonificaciones y opciones para adquirir valores en bolsa. Pero usted estará en ventaja, pues sabe cómo galvanizar a los empleados usando su energía y visión.

En segundo lugar, seguramente aprendió el arte de conciliar a diferentes grupos, como por ejemplo, comités de profesores y padres. Tales destrezas interpersonales pueden ser muy bien empleadas en una empresa privada.

Cuando trabajó para el sector público, es como si hubiera estado viviendo en otro país. Pero la frontera no está clausurada si entiende donde se hallaba antes. Le recomendamos que haga la travesía. El cambio de panorama le hará bien.

Acabo de iniciar mi propio negocio. Me gustaría saber qué dureza debo emplear en las negociaciones. No quiero que se aprovechen de mí.

Nombre retenido Tal vez usted es nuevo en los negocios, pero acaba de formular una pregunta de antigua data. Cuando se trata de llegar a acuerdos ¿cuál es la cantidad correcta para dejar en la mesa de negociaciones? Por supuesto, no existe una cifra o un porcentaje exacto, pero, para decirlo en líneas generales, la respuesta es: lo bastante para poder llegar a un acuerdo en otra ocasión.

Dado su nuevo papel como empresario, pensamos que intenta construir una carrera y una reputación. Y eso no puede ocurrir si, después de cada negociación, la otra persona siente que usted lo quiere dejar pelado. En ese caso, nunca podrá obtener otro acuerdo que le convenga.

Por otra parte, tampoco debe ceder tanto para que lo consideren un tonto.

Por eso, el desafío es encontrar un camino intermedio. Y usted lo encontrará, con experiencia.

Le conviene recordar que los negocios, como la vida, consisten en construir relaciones. Equivóquese para el lado de la justicia, y será más rico de todas las maneras posibles.

Jack y Suzy Welch son autores del libro ‘Winning’. Pueden enviarles preguntas al correo electrónico Winning@nytimes.com.

La diferencia entre cómo las personas piensan y operan en los sectores público y privado pueden ser realmente grandes. Y la razón, por supuesto, es la competencia.

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