UN BUEN AÑO

UN BUEN AÑO

El año 1994 fue un buen año económico. El crecimiento será del mismo orden que el del año pasado. La inflación puede ser ligeramente inferior al 22 por ciento y estará por debajo de la del año 1993. Con Cusiana ad portas, la reducción anual de la inflación es el único remedio efectivo contra la revaluación.

17 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

El empleo venía muy bien en septiembre y debe seguir así, a menos que las elevadísimas tasas de interés hayan logrado inducir más desempleo. El sector agropecuario se arregló con el clima y el aumento de los precios de productos básicos; el sector industrial está creciendo satisfactoriamente y el resto de la economía parece comportarse bastante bien. Todo indica que va a culminar otro año que demuestra las bondades económicas de la apertura. Hasta ahí llegará la responsabilidad compartida. De enero en adelante, entramos de lleno a la era económica de Samper.

Ella se ha iniciado con muy buenos auspicios. En primer lugar, el gobierno negoció con gran destreza el alza del salario mínimo por debajo de la inflación del año anterior. Hay que felicitarlo por haber derribado un tótem sindical que fomentaba la inflación.

Adicionalmente, los precios deben comportarse mejor que nunca el próximo enero. Sin embargo, todavía hay peligros que pueden hacer difícil el manejo de 1995; si los grandes grupos económicos hacen en febrero todo el ajuste de precios del 18 por ciento, entierran el pacto social en su segundo mes. Ya le hicieron esa velada al país durante la administración pasada cuando se comprometieron con el Ministro de Desarrollo de entonces a no subir los precios más del 22 por ciento, pero aplicaron toda el alza, o la mitad de ella, en un solo mes. Por otra parte, se espera que los empresarios que apoyan el pacto no suban salarios por encima de las metas. A pesar de ello, en el sector financiero ya se están pactando alzas salariales muy superiores a la inflación esperada. En lugar de apoyarlo, se le está poniendo zancadilla al programa.

Otra preocupación que surge es que pase abril y no se aumente el precio de la gasolina. Si se congela este precio, se crearía un desbalance fiscal que conduciría a alimentar una mayor inflación en el mediano plazo.

De la misma forma que inquieta la posibilidad de que se revivan los precios políticos existe incertidumbre sobre las finanzas públicas en 1995. Quienes conocen la intimidad de las cifras del gobierno creen que los ingresos del sector público pueden estar sobrestimados y que el superávit proyectado solamente es de papel. Si esto no se corrige, todo el esfuerzo se va a perder porque no hay pacto social que valga cuando las finanzas públicas no cuadran con el programa macroeconómico.

Finalmente, alguien tiene que persuadir a las autoridades de que las tasas de interés altas no cuadran con las metas de devaluación, inflación o crecimiento. El Banco adelanta políticas de tasa de cambio y de tasa de interés que se contradicen entre sí. Sube las tasas de interés para recoger liquidez, pero compra divisas a dos manos. La Junta se ha ubicado en una esquina y desde allí podrá defenderse, pero no hacer política económica. Valdría la pena que los directores aplicaran la cartilla que llegaron a dar en 1991 para darle campo a la economía y espacio a la misma Junta.

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