LA CONDENA DURÓ UN AÑO

LA CONDENA DURÓ UN AÑO

Fueron necesarios 402 días, con sus 401 noches, interminables en la B, para que el Deportes Tolima recuperara en noventa minutos el cupo que el año pasado perdió en el fútbol profesional colombiano. Pero la agonía se terminó ayer, luego de vencer 1 a 0 a Lanceros de Boyacá.

15 de diciembre 1994 , 12:00 a.m.

Sobre el papel, las cuentas eran muy claras: había que ganarle al cuadro boyacense y esperar un empate entre Rionegro y Deportivo Antioquia, para lograr regresar a la A después de un año de castigo.

Cuando el reloj marcó las 5:18 de la tarde, el domingo 7 de noviembre de 1993, después de 39 años de historia como equipo profesional, el Deportes Tolima quedó sometido al amargo descenso. Le ganaron 2-0 al Deportivo Pereira en el último partido de la temporada, sumaron 36 puntos y, sin embargo, no les alcanzó.

Pero, como en juego largo hay desquite, con la frente en alto el cuadro pijao decidió asumir el reto y se la jugó para recuperar el puesto perdido. En esta última fase, la del cuadrangular final, venció precisamente a Lanceros y se aseguró como primer finalista de la IV Copa Concasa.

Sin embargo, el trabajo de Humberto El Tucho Ortiz, que se puso al frente de equipo en abril, podía irse por la borda si el equipo, a pesar de cumplir una brillante campaña durante el año, no conseguía asegurar, en el juego de ayer buena parte del título y, de antemano, la mitad del tiquete de regreso al famoso Clan de los 16 .

Más de 12 mil espectadores se ubicaron en las tribunas del Manuel Murillo Toro de Ibagué, preparados, como 402 días atrás, cuando todo fue lágrimas y tristeza, para esta vez celebrar hasta el amanecer y anticipar así el regalo del Niño Dios.

Un hombre medio calvo, de gafas, con la piel tostada por el sol, de pantalón azul, camisa de rayas blancas y azules, y con más pinta de directivo, médico o de hincha que de técnico, salió serio y tranquilo y serio. Pero su cara ni su voz dejaban vislumbrar el mínimo rastro de ansiedad. Era El Tucho , el entrenador del equipo.

Empezaron a correr los noventa minutos y, con cada paso de las manecillas del reloj, este hombre fue mostrando una faceta diferente.

No se metió al banco, sobre el costado norte; no por falta de cupo, ni por la incomodidad, sino porque era una manera de ganar tiempo para el trabajo que le esperaba durante los siguientes minutos. Por eso, prefirió sentarse en un espacio reducido, recostado sobre la malla que separaba la tribuna de occidental del terreno de juego.

Y cuando apenas iban veinte minutos, El Tucho ya había hecho diez viajes de su puesto a la raya del campo para impartir instrucciones. Salía calladito, pero cuando hablaba, lo hacía a todo pulmón, para recordarle al paraguayo Julio César Yegros que no estaba jugando solo; al vallenato Hugo Arrieta, que había que jugar en equipo y al resto, que debían estar tranquilos, pero que el reloj empezaba a correr muy rápido.

La tónica del primer tiempo fue una sola: entregar instrucciones desde la raya y regresar a su puesto apretando los puños, porque el equipo no paraba la bola y Lanceros se defendía muy bien; al fin y al cabo, los boyacenses no tenían mucho afán. Fueron, en total, 23 las veces que se levantó.

Arrancó el período complementario y el tiempo comenzó a preocupar al Tucho . Cuando regresaba de cumplir su viaje número treinta a la cancha, se escuchó el gol de Rionegro, a los 14 minutos. Y, dos minutos después, cuando volvía para cantarlo con sus muchachos, Hugo Arrieta se la pidió al paraguayo Julio Doldán, se la llevó y la metió para el 1-0 en favor del Tolima.

Tucho no alcanzó a ver el gol, porque estaba de regreso de la raya, pero lo celebró como si lo hubiera hecho él mismo. Todo parecía cocinado y su equipo estaba para campeón.

Pero de ahí en adelante aumentaron los nervios y continuó parándose y gritando, incluyendo en cada viaje la pregunta de cuántos minutos de juego iban en el Murillo Toro, y el todo sigue igual entre los paisas .

Era otra faceta del Tucho , invitando a la tribuna a gritar, a animar al equipo. Porque solo cuando Rionegro marcó el gol, y Tolima hizo lo propio unos minutos después, se hicieron sentir los aficionados pijaos.

La cuenta de levantadas del Tucho se disparó de un momento a otro y llegó a 56. Luego no se volvió a sentar más. Solo quedaban cuatro minutos de juego y la misión parecía estar cumplida.

A las 5:23 de la tarde del miércoles 14 de diciembre de 1994, es decir, 402 días después, Tolima volvía a ser uno de los equipos del fútbol profesional colombiano.

Cuando Felipe Russi, el árbitro central del partido, terminó el compromiso, ya nada importó. Ni la expulsión de Arrieta, el hombre gol, por juego brusco, a dos minutos del final; ni los intentos fallidos del paraguayo Yegros por marcar, nada... ni los piques a la raya para corregir o aconsejar.

Tucho , en ocho meses, le había devuelto al pueblo tolimense su equipo profesional. Con 22 fechas invicto; el goleador del torneo, Julio Javier Doldán; el hombre más efectivo de las últimas jornadas, Hugo Arrieta, con siete goles, y con una marca de su arquero Freddy Alexander Torres, que estuvo 590 minutos sin recibir anotación alguna en su portería.

De la mano de Humberto Tucho Ortiz se escribió ayer una nueva página en la historia del Deportes Tolima en sus 40 años de historia, luego de 402 días de exilio con un solo deseo: volver para ser protagonistas, porque a mí me gusta ser primero en todo , gritó Ortiz.

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