Independencia también para Superfinanciera

Independencia también para Superfinanciera

Por los días en que renunció el anterior Superintendente Financiero surgieron voces clamando porque las labores de supervisión financiera fueran trasladadas al Banco de la República. Meses antes, un co-director del banco había hecho una propuesta en igual sentido. En apoyo de dicha propuesta, muchos de quienes se manifestaron en tal sentido se refirieron a un documento que hace varios años elaboramos junto con Alberto Alesina y Alberto Carrasquilla.

20 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Ahora que el Partido Liberal anuncia un proyecto de ley que busca darle independencia al Dane -proyecto cuyo propósito general comparto plenamente, a pesar de que desconozco sus detalles-, quisiera hacer una precisión acerca de la propuesta sobre supervisión financiera que hicimos con Alesina y Carrasquilla y, además, proponer que seamos verdaderamente ambiciosos en el tema de las reformas institucionales.

Primero, dicha propuesta se hacía en un contexto histórico muy preciso, en el cual el Estado era dueño de cerca de una cuarta parte de los activos del sistema bancario. El conflicto de interés que surgía de que el Gobierno se supervisara a sí mismo era evidente. Afortunadamente, dicho conflicto en gran parte ha desaparecido.

Segundo, señalábamos que la supervisión bancaria en cabeza del banco central no era una opción que careciera de riesgos. Al fin y al cabo, dado el mandato constitucional del Banco de la República de mantener baja y estable la tasa de inflación, es concebible que haya situaciones en las que las labores del banco como supervisor bancario entren en abierto conflicto con su mandato como autoridad monetaria. Sería lamentable, por ejemplo, que en situaciones de abundante liquidez el banco central optara por imponerle restricciones al crecimiento de la cartera de los bancos comerciales, en lugar de subir sus tasas de interés de intervención. O peor aún, que se utilizaran herramientas de regulación prudencial (provisiones, normas contables, normas sobre composición de portafolios, etc.) para lograr objetivos de política monetaria.

Ahora que, afortunadamente, el Estado ha dejado de ser un banquero importante, podemos tener aspiraciones más ambiciosas que la de evitar que el Gobierno se supervise a sí mismo. En momentos en que con toda razón se habla de darle independencia al Dane, debería pensarse también en otorgarle plena independencia a la Superintendencia Financiera. La confianza que los usuarios del sistema financiero, en particular los depositantes, tengan respecto de la entidad de supervisión es fundamental para el normal desarrollo de la actividad financiera, y es perfectamente razonable pensar que esa confianza se deteriora entre menos independiente sea percibida la agencia supervisora. Por no mencionar que a una entidad de supervisión sujeta a las normas de contratación del sector público se le dificulta enormemente contar con el personal idóneo para adelantar una labor que cada día es técnicamente más compleja.

Sería muy infortunado esperar a que en el tema de la supervisión financiera se sucedan episodios tan lamentables como los que ahora enlodan al Dane, para proceder a hacer propuestas de reforma institucional. Por cierto, y atendiendo a las ‘buenas prácticas’ a nivel internacional, la independencia de la Superintendencia Financiera debería incluir, sin duda alguna, el otorgamiento de inmunidad para el supervisor.

Como ferviente defensor que siempre he sido de contar con un banco central independiente, registré con beneplácito el hecho de que, cuando el Congreso y la Corte avalaron la reelección presidencial, muchos de quienes en el pasado se habían opuesto a la independencia del banco manifestaron públicamente la necesidad de preservar e incluso de fortalecer dicho arreglo institucional. Esperamos que también brinden su apoyo a la idea de otorgarle independencia tanto al Dane, como a la Superintendencia Financiera.

La independencia de la Superintendencia Financiera debería incluir, sin duda alguna, el otorgamiento de inmunidad para el supervisor”.

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