Sacudón financiero

Sacudón financiero

El fuerte recorte de la tasa interbancaria de interés y de la de descuento en Estados Unidos refleja la preocupación de que la estrepitosa caída del mercado inmobiliario pudiera deprimir con mayor intensidad el crecimiento económico en esa nación. Por haber venido siendo eje cíclico y locomotora de la economía mundial (vale la pena reiterarlo), sus vaivenes tienen vastas repercusiones, tanto más si la incertidumbre prevalece y las perspectivas se tornan desfavorables.

20 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Mucho se discutió sobre la conveniencia de la medida adoptada. Diversos sectores pensaban que los principales beneficiarios de la burbuja hipotecaria (bancos de inversión, fondos de cobertura y especuladores) debían sufrir las consecuencias de su reventón y no resultar premiados por sus aventuras. El factor moral se aducía con rigor, aunque a muchos les correspondiera resignarse a perder sus viviendas. Frente a esta posibilidad, no faltó la propuesta de la candidata presidencial Hillary Clinton de crear un fondo de mil millones de dólares para socorrer a los deudores hipotecarios en graves apuros y evitarles la catástrofe de desprenderse de sus hogares. Como en Colombia ocurriera.

El presidente del Banco de la Reserva Federal y la institución misma resolvieron cortar por lo sano ante la evidencia de la disminución de los puestos de trabajo y el peligro de que la crisis inmobiliaria se transmitiera al resto de la economía y reforzara los efectos del precio del petróleo. A la recesión se le salió resueltamente al paso, aunque no se puede considerar conjurado el debilitamiento económico, con implicaciones inevitables en Colombia.

Conforme era de prever, la decisión tomada despertó inmediata euforia en las transacciones bursátiles, en tanto los temores de inflación y la menor competitividad de las tasas de interés deprimían al dólar. Con mayor razón al incrementarse su diferencia con las de los países emergentes, si los inversionistas se sienten con arrestos para vencer la renovada aversión al riesgo.

En Colombia, su moneda cesó de depreciarse y volvió indeseablemente a revaluarse. ¿Hasta dónde? Falta por ver. Los datos fundamentales sugerirían que no se debería esperar su persistencia en ese azaroso camino. La balanza comercial (exportaciones e importaciones) lleva temerario, excesivo ritmo de déficit. A su turno, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos anda también por las nubes. ¿Cómo se lo absorbe? Hasta ahora, con ingresos de capital. No obstante, si su cuantía disminuyera, tocaría acudir al endeudamiento masivo en el exterior. Es con tales recursos de capital como se está sosteniendo la fiesta de las importaciones y amparando el desaliento inducido de las exportaciones. Razonablemente, nada justificaría ni cohonestaría el regreso al socialmente dañino proceso de revaluación, así fuera coyuntural y pasajero.

Si los caprichos del mercado amenazaran con revivirlo y prolongarlo, habría que confiar en que la acción de los organismos competentes del Estado quisiera contenerlo. En otras circunstancias, observamos que en Colombia había pasado la época del dólar barato, sin perjuicio de los sucesos en otros escenarios y sin desconocimiento de las implicaciones y complicaciones de los déficit fiscal y de cuenta corriente de la superpotencia. Como tampoco de los reacomodamientos en el interior de la economía mundial.

A precipitar y agravar el fenómeno de la revaluación del peso contribuirían nuevas alzas de las tasas colombianas de interés. Por el prurito de luchar contra el fantasma de la inflación no hay que optar por procedimientos francamente recesivos y, además, inductores de la venida de capitales golondrina. Siempre debería recordarse aquí el desastre económico de 1998-1999 para no incurrir en los mismos errores que a él condujeron. Por lo demás, múltiples herramientas se hallan a disposición para contener o regular los flujos especulativos del exterior. Solo requieren la voluntad política de utilizarlas.

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