Gringa, chiquita y tramposa

Gringa, chiquita y tramposa

No escribo sobre Chávez porque lo veo mal, lo ningunean las Farc, lo bajaron de coronel a teniente y lo están utilizando para su show sin devolver a nadie, ni al diputado que dejaron vivo. Lo veo extraviado como mediador; está muy acelerado y se cree árbitro y no lo es. Mi tema es otro; me lo exigieron en la peluquería dos exitosas abogadas porque les hablé de una gringa chiquita, tramposa y multimillonaria y esos ingredientes hacen un coctel más gustador que el dry martini.

19 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

¿Será la casi presidenta Hillary Clinton? No, ella no es tramposa; hasta muy chévere es. La respeto porque se pilló que su marido hacía siesta en la oficina con una novia politóloga y desbordada sexual.Valiente vieja: no reventó su matrimonio, como ansiaron muchas radicales. El castigo fue tenaz, lo mandó a dormir con el perrito en un cuarto donde había ratones, y era nadie menos que Bill Clinton.

Bueno, ¿quién es la gringa tramposa de la que hablaron las señoras de mi peluquería? No es Paris Hilton, que es una gringa alegre, con rica risa, millonaria, muy amiga del whisky y dulcemente guache con los hombres porque los bota como a un ‘kleenex’ en plena gripa. Apunten: la chiquita gringa y tramposa es la poderosa multinacional del banano llamada Chiquita Brands Company, que acaba de ser aplastada en su imagen (no en en sus finanzas multimillonarias) por la justicia de E.U. El juez Royce Lamberth la condenó a pagar 25 millones de dólares por haber financiado a criminales ‘paras’ que mataron a centenas y dejaron miles de huérfanos y viudas. Lamentable que esos 25 millones no sean para Colombia; se quedan allá, así hagan mucha falta aquí para las víctimas de esos ‘paracos’.

Como hablé de Hillary Clinton, le digo ‘bienvenido-welcome’ al nuevo embajador de E.U. en Colombia, William Brownfield, que habla muy buen español y es prudentísimo diplomático. Llegó bien porque nadie lo ha criticado; antes, a cada embajador gringo, al llegar, le gritaban “abajo el Virrey, abajo el imperialismo yanqui”, y en la posesión le dábamos una ñapa, una copla del cubano Carlos Puebla: “Del inglés yo no sé nada, solo hablo el español, del inglés yo solo digo yanqui go home”.

Cambió este país: hoy la izquierda reunida en el Polo Democrático no ataca como antes. Sus parlamentarios visitan Estados Unidos y abrazan a los senadores gringos antiuribistas. Estará dichoso aquí el embajador Brownfield porque este es un país exótico e interesante, donde la política, las mujeres y las elecciones no se entienden. Son como un crucigrama en mandarín para chinos de la China.

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