RIBEYRO SE FUE:

RIBEYRO SE FUE:

18 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

No tan desconocido como dijeron algunos críticos en Colombia cuando se publicaron sus Cuentos completos (Alfaguara) este año y más bien solitario y alejado de la parafernalia de quienes conformaron el boom de la narrativa latinoamericana del 60, Julio Ramón Ribeyro, el gran cuentista y novelista peruano por tantos años residente en París, murió el 4 de diciembre, en Lima, pocos meses después de recibir el Premio Juan Rulfo en México por su vida y obra. (El pasado Premio Juan Rulfo, Eliseo Diego, también murió, curiosamente, poco después.) Ribeyro fue conocido y reconocido desde sus primeros libros, con los cuales ganó otros premios. Luego viajó a Francia y se aisló de las vanidades (es otra clase de vanidad, pienso) de los escritores bandera nuestros. Le gustaba mofarse -al estilo de Augusto Monterroso- de la vanidad de los escritores y de quienes aspiran a serlo (ver su transparente cuento Té literario, de su libro Sólo para fumadores). Siendo realista, era luminoso. Por eso hemos dicho que era un impresionista chejoviano, por calificarlo de alguna manera. Sutil, perverso, sensible con audacia, siempre reanimó en sus páginas las brasas escondidas del fogón. Donde uno creía que el fuego estaba apagado, ahí sacaba chispas inesperadas. Observador agudo del comportamiento de las gentes. Meticuloso. Más clásico que vanguardista. Y sin límites en cuanto al mundo y a la visión de sus cuentos, que lo mismo transcurrieron en su Perú que en Europa. Con su novela Los geniecillos dominicales ganó, en 1965, el Premio Expreso-Populibros. Antes había publicado los dos libros con los que lo conocimos en los 60: Los gallinazos sin plumas (cuentos, 1955) y Crónica de San Gabriel (novela, 1960). Siendo profesor en la Universidad de Ayacucho, viajó becado, de nuevo, a París, en el 60, y allí vivió 34 años. Como periodista, sabía del dolor de estos países, pero Ribeyro, como se ve en la foto de la edición de Alfaguara, un señor y bello volumen de 749 páginas (con nueve libros de cuentos), prefirió sonreír con un perseverante escepticismo ante todo. Nos queda volver, ahora más que nunca, sobre sus páginas, para sonreír, a veces con tristeza, a veces con ternura, tantas con elegante ironía, de lo que somos cuando un escritor de su talla nos encara. Julio Ramón Ribeyro (1929-1994). No sólo para fumadores.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.