Al día se pierden 15 abuelitos

Al día se pierden 15 abuelitos

Agobiados por la falta de recursos y aprovechando que se mudarían de casa, los Quintero decidieron no incluir en el trasteo a César, el abuelo. Laura, nieta de César, se ofreció a acompañarlo al Hospital de Kennedy. “La idea –recuerda el anciano, de 75 años– era que los médicos me revisaran un dolor de espalda”.

17 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Pero, cuál sería la sorpresa de César cuando se percató de que su nieta no lo aguardaba a la salida de urgencias y que, mientras los médicos lo atendían, su familia había desaparecido sin dejar rastro.

Ese día, César pasó a engrosar las lista de los abuelos abandonados en Bogotá y a esperar uno de los 1.385 cupos que existen en los albergues del Distrito. Estos cupos hacen parte de la modalidad de institucionalización que dirige la Secretaría Distrital de Integración Social.

Sonia Salamanca, coordinadora del albergue Bosque Popular, donde ahora vive César y que es una de las 14 entidades que sirven de refugio, cuenta que al día recibe entre 10 y 15 solicitudes para que la Secretaría se haga cargo de la manutención de ancianos en aparente estado de abandono.

“No todas las solicitudes –aclara Sonia– ameritan que el Distrito institucionalice a estas personas. En la mayoría de los casos se encuentra a la familia o se incluye a los abuelos en la modalidad de subsidio”.

Estas solicitudes son hechas a diario por la Policía, los hospitales o la comunidad. “De esas peticiones –precisa la funcionaria–, unas cuatro ingresan a la lista de espera para recibir refugio en los hogares del Distrito. Pero no es nada fácil ubicarlos. Por ahora hay 144 ancianos en Bogotá aguardando por uno de estos cupos”.

Según la experta, la cifra de abandono es más dramática que la que registra el Distrito, pues muchos adultos mayores viven en las calles y evaden la ayuda porque quieren ser independientes.

“Hemos tenido casos de ancianos en silla de ruedas –cuenta Salamanca–, que prefieren el subsidio a ser recluidos en el albergue y recibir lo que necesitan. Dicen que se las arreglan por fuera y que aman la libertad, así tengan que vivir de la caridad y en condiciones de miseria en las calles”.

En este momento hay 46 mil personas de la tercera edad recibiendo subsidios en Bogotá, según información de la Secretaría de Integración Social del Distrito.

La coordinadora del albergue calcula que estos ancianos reciben por lo menos 80 mil pesos mensuales, otorgados por el Ministerio de Protección Social y la ciudad. “Mucho menos que el 1.500.000 pesos que cuesta el mantenimiento integral de cada persona en uno de los albergues geriátricos”, dice.

Además de los viejos que son abandonados por sus familiares, el Distrito muchas veces se encarga de suministrarles atención integral a los que se desaparecen de sus hogares, padeciendo graves problemas mentales. Y asume el cuidado de un buen número de abuelos que llegan a Bogotá víctimas del desplazamiento.

“Estos últimos vienen buscando a sus seres queridos o con la intención de trabajar, pero por lo general terminan mendigando”, explica Salamanca.

Muchos se escapan Vivian López, coordinadora del trabajo social en la Unidad Mental del Hospital de Kennedy, asegura que los ancianos que padecen enfermedades mentales se salen de sus casas y pocas veces saben cómo regresar a ellas.

“La policía –dice– los encuentra deambulando, hablando incoherencias y, a veces, comportándose agresivos”.

En opinión de López, las vacaciones y los puentes festivos son las épocas en las que se presentan más extravíos. Cuenta que “las personas encargadas de suministrar los medicamentos para que los viejitos no sufran una crisis, se van de rumba y se olvidan de darles los remedios”. Este descuido, en opinión de la experta, ocasiona que muchos ancianos, que se la pasan dopados, despierten de su letargo e intenten escapar de sus casas. “La mayoría de las veces la Policía los recoge, pues la gente reporta que los ancianos son agresivos”, comenta López.

Cada mes, la Unidad Mental para la que trabaja –que atiende a los habitantes de Bosa y Kennedy– le pide al Distrito colaboración para darle albergue a un anciano con problemas siquiátricos, que, como César, es abandonado en la sala de urgencia del centro asistencial.

“Usan la misma técnica –asegura Vivian–. Los familiares llegan al hospital pidiendo que estabilicen al viejito de la casa, quien sufre crisis de agresividad, derivada de sus problemas mentales, los dejan en valoración y desaparecen”.

En el hogar geriátrico Bosque Popular hay 130 personas mayores beneficiándose de la modalidad institucionalizada. Y en este grupo hay 20 con enfermedades mentales. Por lo general, las personas de la tercera edad que son vinculadas en el programa de la Secretaría Distrital de Integración Social viven en esos albergues hasta su muerte.

“El que más tiempo lleva ahora acaba de cumplir 20 años con nosotros”, cuenta Sonia Salamanca, la coordinadora del albergue que recibe todas las solicitudes de ingreso a los hogares del Distrito. mauqui@eltiempo.com.co.

Entran más de los que salen.

“En lo que va del año han salido de la modalidad de institucionalización de la Secretaría de Integración Social del Distrito unas 80 personas, mientras que han ingresado, aproximadamente, 130”, dijo Sonia Salamanca, coordinadora de Albergue Bosque Popular.

Según cuenta, un anciano sale de esta modalidad, que cubre su manutención, cuando aparecen sus familiares, empieza a recibir subsidio o muere. “Son más los que han entrado porque tuvimos que albergar a unos que sufrieron un desalojo en el último mes”, aseguró.

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