‘Me gusta que me tengan miedo’

‘Me gusta que me tengan miedo’

Dobla su brazo sobre la mesa y muestra su codo. Está cubierto por el tatuaje de una telaraña negra. “Tarde o temprano va a caer alguien aquí, en esta red”, dice muy serio. Su voz es la de un jovencito.

16 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Bluejean entubado, camiseta blanca, chaqueta negra y botas Dr. Martens rojas con cordones gruesos y blancos. Cabeza rapada. Se presenta, orgulloso, como un Sharp. Un skinhead against racial prejudices. Él mismo lo explica: “Un skinhead que lucha contra los prejuicios raciales”.

Sabe que su grupo está hoy más que nunca en el ojo del huracán, por la muerte del joven la semana pasada en Bogotá a manos de uno de sus compañeros. Por eso no anda armado estos días. Tiene la mirada de la Policía encima, así que es mejor evitar y no cargar las manoplas y las cadenas que acostumbra llevar.

Tiene 17 años y hace uno entró al grupo. Un amigo Sharp lo invitó a participar. Recuerda la primera vez que llegó al sitio donde se reúnen, en la calle 60 con carrera séptima, en pleno Chapinero: –Esa noche me dio como miedo. Sabía que eran violentos. Pero empezaron a presentarse y estuvo todo bien.

En ese momento tenía el pelo largo, como lo muestra hoy en un carné. Largo, negro y liso. Hoy se lo rapa cada tres o cuatro días. En ese parque se encuentran a charlar, a beber cerveza y a cuadrar la noche.

–Me gustó el ambiente. De una vez nos fuimos a hacer una vuelta en el centro.

–¿Una vuelta? –Sí, a darnos con los nazis. Los encontramos cerca de Las Cruces. Nos dimos duro. Los policías nos agarraron. Pero como yo todavía no estaba calveado, les dije que solo pasaba por ahí y me soltaron.

A las cuatro semanas de estar con el grupo, se rapó.

Lo sintió como un bautizo: “Desde ese momento supe que no era un juego.

Entendí que iba a afrontar lo que fuera para defender los principios del Sharp”. Dice principios y llega al tema de la discriminación racial y, sobre todo, de “acabar a los nazis”, la otra rama de cabezas rapadas que promueven ideas de derecha. “Los Sharp nacieron en Estados Unidos a finales de los 80 como respuesta al crecimiento de los neonazis. En Bogotá podemos ser más de 150. Sí, creo que somos más”.

–¿Tuvo que cumplir algún requisito para entrar? –Ninguno. Solo es importante que a uno le vean las ganas. En los Sharp no hay líderes ni hay jerarquías.

Mujeres y hombres, todos iguales. Las mujeres, dice, se pueden reconocer por su corte de pelo ‘chelsea’, con flequillo adelante y rapado en la parte de atrás. Aunque no hay requisitos, explica que cada vez se están cuidando más de quién entra porque han tenido ciertos problemas. “A veces hay infiltrados”, afirma.

Sus ojos oscuros, con pestañas largas, no parecen tan violentos. Sus manos y sus labios, en cambio, muestran los rastros de la pelea más reciente. Fue el miércoles pasado.

–¿Siempre van armados? –Sí. Es lo feo, pero toca. Se anda con cuchillos, cadenas, manoplas, bates, piedras. Todo lo conseguimos fácil. Hasta en la calle, en Chapinero, le venden a uno un cuchillo.

Fiel al grupo Es hijo único y en el colegio fue buen alumno. Todo el tiempo estudió en un solo plantel. Ahora está en la universidad y cumple con las clases sin perder ni una. “Antes los Sharp cascaban a los que iban mal en los estudios, ahora eso no pasa mucho. Lo que sí no se permite es la droga”.

Sus padres saben que está en este grupo. Al principio no le pusieron problema. A su papá parecía gustarle. Pero cuando empezó a llegar golpeado a la casa empezó a tener líos con ellos. Varias noches se ha visto obligado a llamarlos para que vayan a recogerlo a un CAI. Lo detienen, pero lo que más ha durado en esos sitios es ocho horas.

Una noche sus padres lo encontraron en un hospital: Iba por la calle y se cruzó con dos cabezas rapadas nazis. Lo golpearon y apuñalearon en la espalda. Alguien gritó al verlos y los muchachos salieron a correr. Él recuerda que se desmayó. Cuando volvió en sí, estaba en el hospital. A sus padres les dijo que habían intentado robarlo.

–¿Eso no lo hace pensar en dejar el grupo? –No, al contrario. Me hace dar mayor resentimiento. Me da más rabia. Digo que voy a hacerles lo mismo que me hicieron a mí. Y tengo el apoyo de todos mis compañeros.

En el grupo hay gente de 40 años para abajo, casados, solteros, personas de todos los estratos. “Hay gente de mucha plata. Hasta hace poco había uno que llegaba en la camioneta de su papá y con su escolta. El carro nos servía para irnos a hacer las vueltas”.

A los Sharp se les suele ver con jeans clásicos entubados y chaquetas verdes o negras tipo Bomber (adentro son de color naranja), tenis Adidas o las Dr.

Martens. “Con nuestra apariencia hacemos alusión a los obreros, la clase por la que nació el grupo”, dice.

Su habitación es la de un muchacho cualquiera. No tiene huellas del Sharp más que en la pantalla de su computador, donde se ve el símbolo del grupo: un casco troyano.

–El skinhead de por sí es violento. Formar parte de esto no es un juego –repite.

–¿Qué otros grupos son enemigos de los Sharp? –Básicamente los nazis. También están los RUK (Radicales Unidos de Kennedy), que ya son como una pandilla y también son nazis. De resto, no tenemos problema.

‘Es como un espíritu’ Lo que sucedió con el joven que asesinaron la semana pasada fue un asunto, según él, alejado de las ideologías del grupo. “La pelada que iba con él había sido novia del otro y se armó pelea”.

–¿Usted estuvo esa noche? –No. Esa vez no.

Estaba con su novia, dice. Ella sabe que es Sharp y no le gusta que ande enfrentándose en las calles. Él lo reconoce: “A veces uno se cansa de tanto pelear. Se entera de que a tal compañero le pasó esto o aquello y es tenaz.

Pero uno se vuelve muy violento”.

–¿Qué siente al pelear? –No sé. Es como un espíritu. Se sube la rabia a la cabeza. No se puede controlar.

Ya tiene antecedentes judiciales por dos razones: sevicia y porte de arma blanca.

Es apolítico, como la mayoría del grupo (aunque otros son comunistas). Cree en Dios y cuenta que es agradecido con él porque hasta el momento no le ha pasado nada grave. Cuando se planea una pelea grande, se encomienda.

–A mí me produce satisfacción pelear contra los nazis. Con ellos no vamos a hacer la paz nunca. Maltratan a los negros, a los travestis, a las prostitutas, a los indigentes...

–¿Ha matado a alguien durante alguna de esas peleas? –No. Pero sé que puede pasar. En la pelea, puede pasar.

Está muy convencido de lo que es. “Me tienen respeto”.

–La gente les teme.

–Me gusta la sensación. Me gusta que me tengan miedo.

Tiene 17 años. También le gusta leer Harry Potter.

pauort@eltiempo.com.co .

Andamos con cuchillos, cadenas, manoplas, bates, piedras. Todo es fácil de conseguir. Hasta en las calles, en Chapinero, uno consigue cuchillos”.

Dice un miembro de los Sharp, que lleva en el grupo un año.

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