Se destapó el hijo de ‘el Ajedrecista’

Se destapó el hijo de ‘el Ajedrecista’

El primogénito del capo Gilberto Rodríguez Orejuela lo tuvo todo. Estuvo en colegios y universidades de prestigio, se codeó con personalidades y fue partícipe del derroche de dinero en fiestas que aún son leyenda.

16 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Pero terminó en la cárcel, como su padre, por posesión de droga. Hoy Fernando Rodríguez Mondragón, tras saldar su deuda con la justicia, es rechazado por su familia y está a punto de meterse en un nuevo escándalo gracias a las revelaciones que publicará en un libro sobre su vida.

En él, lanza acusaciones graves contra personajes de la vida nacional, que nos abstenemos de publicar porque no se exhiben pruebas y no existen investigaciones contra ellos. Pero también relata anécdotas sobre su vida familiar y social en el apogeo del cartel de Cali.

En uno de las momentos más íntimos, describe la relación con su padre: “Yo nunca tuve un papá de planta, porque siempre estaba viajando. Cuando llegaba, lo hacía siempre de mal genio y cansado, uno esperaba que lo abrazara y le entregara regalos por el viaje, pero lo que nos daba era encierro en el cuarto, viendo televisión, y con la prohibición de no hacer ningún ruido (...). Mi padre, en su omnipotencia, nunca creyó que un hijo le fuese a salir igual o mejor bandido que él.

Por eso cada vez que me hacía sentir menos que los demás, me esforzaba para demostrarle que era más malo que él. Pero nunca hice lo que él le hizo a su padre, a mi abuelo Carlos Rodríguez Rendón. Lo echó de su casa y cuando enfermó ni siquiera fue a la clínica de Los Remedios a verlo”.

En otro aparte cuenta su experiencia en la cárcel de Cómbita, en la que irónicamente pudo compartir con su padre y su tío, Miguel Rodríguez, de quien dice era “el amo y señor” de todos los pabellones.

“(...)Miguel tenía una nómina que costaba 15 millones al mes: de ella hacían parte cabos, sargentos y el jefe de seguridad del penal, capitán Toledo. La mayor mesada era para el ‘Capi’, quien recibía 5 grandes. Al director de la cárcel, mayor retirado Orlando Buenaventura, se le ofrecieron 20 millones mensuales, dinero recogido entre los Rodríguez Orejuela y los demás extraditables, para que ‘aflojara’ un poco el régimen, pero el ex oficial no aceptó”.

-Los nexos con el fútbol En uno de los capítulos más interesantes, relata anécdotas de la época dorada del América, que ya en 1980 era “juguete” de su tío Miguel. “(...) Con la llegada de los extranjeros al América llegaron las mañas para estar a ‘tono’ en los partidos. Era normal que se prepararan unas bebidas que los jugadores consumían antes y durante el partido. Brebajes que los ponía ‘eléctricos’ durante todo el juego y lo tomaban con toda libertad porque no existían los controles antidopaje o eran manipulados. En el camerino ponían dos termos,uno era azul, que sólo los jugadores titulares sabían que contenía; estaba otro de color rojo, que era para el técnico y demás integrantes del plantel. En una ocasión el técnico Ochoa Uribe se sirvió una taza del termo equivocado y demoró tres días sin dormir.

Fue tal su preocupación que fue al siquiatra.

Los jugadores encargados de traer, desde Argentina, las pastillas, que maceraban para hacer el brebaje eran las estrellas Falcioni y Gareca.

Las pocas personas que vieron llorar a Miguel Rodríguez fueron los que lo acompañaron a ver las tres finales de la Copa Libertadores que perdieron.

Algunos se atreven a afirmar que la Confederación Suramericana jamás iba a permitir que un equipo financiado por el narcotráfico fuera campeón de América”.

Rodríguez Mondragón habla también del inmenso poder que su tío tuvo en el fútbol colombiano. Dice que llegó a imponer directivos y orientar las políticas a seguir en cada torneo.

“Ese poder también se extendía a la Federación Colombiana de Fútbol cuando fue manejada por León Londoño Tamayo, amigo personal de los hermanos Rodríguez Orejuela; Juan José Bellini, quien fue la mano derecha de Miguel Rodríguez; y Álvaro Fina, quien fue incondicional con los capos. Miguel Rodríguez llegó a tener cupos fijos en las selecciones Colombia, esto es que tenía derecho a sugerir jugadores, técnicos y médico”.

“Pero el verdadero poder de los capos se podía apreciar cuando para fin de año se sorteaban las fechas del octogonal final. Un día antes cogían una de las ocho balotas del sorteo y la metían en un congelador. La persona encargada de escoger ‘al azar’ las balotas sabía que la ‘fría’ era la del América. Por ello se vio el equipo de Cali muchas veces beneficiado con los rivales y con la ventaja de empezar y terminar de local”.

Las fiestas legendarias con artistas de primer orden también son narradas en el libro. A ellas asistieron desde el Chavo del Ocho hasta Juan Gabriel.

Rodríguez destaca precisamente una anécdota con el cantante mexicano, quien le hizo una broma a su padre por insinuación de José ‘Chepe’ Santacruz, otro de los capos del cartel.

“Juan Gabriel al finalizar la canción se acercó de a poco a donde estaba mi padre, quien lo observaba atentamente igualmente extasiado por el arte del cantaautor manito. De pronto Juan Gabriel queda junto a mi padre le coloca una mano en su hombro, toma aire y remata con todos sus pulmones la emotiva canción, y cuando la sala se cubría de sonoros aplausos y vivas incluidos los de mi padre, Juan Gabriel se agacha y le clava un sentido beso a Gilberto Rodríguez Orejuela, quien sumamente sorprendido y confundido la emprende contra el mexicano, ante la risa de ‘Chepe’ Santacruz y el asombro de los asistentes”. Cuenta, luego, que Juan Gabriel tuvo que ser sacado directo al aeropuerto porque su padre lo quería matar.

También Rodríguez describe el nivel de poder que llegaron a tener los hermanos Rodríguez Orejuela en Cali. Por ejemplo, dice que en la época de la guerra entre los carteles de Cali y de Medellín, ellos controlaban en Cali hasta la empresa de teléfonos de Emcali.

“A mi papá le enviaban todos los días los listados completos de las llamadas que se habían hecho el día anterior de Cali a Medellín y viceversa (...).

También el Cartel de Cali controlaba todos los vuelos que venían a diario de Medellín a Cali, pues mi papá tenía más de 300 taxis que estaban al servicio de ellos; y cuando aterrizaba un vuelo de Medellín, sólo los taxis de mi papá podían hacer fila para transportar a los pasajeros que provenían de Medellín.

En el camino a sus hoteles o a sus lugares de destino escuchaban las conversaciones de los pasajeros y verificaban si iban a hoteles y pasaban los datos a mi papá. Cuando eran algunos gomelitos sin oficio definido les caían al hotel, se los llevaban y no volvían a aparecer”.

Ese poder también se extendía a la Federación Colombiana de Fútbol cuando fue manejada por León Londoño, amigo de los Rodríguez”.

Al referirse a la infiltración del cartel de Cali en el fútbol.

-EL CLAN DE LOS RODRÍGUEZ OREJUELA EN FRASES El libro ‘El hijo del Ajedrecista’, escrito por el periodista Antonio Sánchez Jr., será lanzado el próximo 24 de septiembre por la Editorial Oveja Negra y Quintero Editores. En sus 205 páginas resume la vida de un clan ligado a la mafia que ha intentado, sin suerte, pasar una página oscura de la historia del país: El otro hermano de Fernando es José Alejandro. Tiene la fortuna de haber sido adoptado, legalmente por intermedio del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, a las dos horas de nacido por Miriam Ramírez y Gilberto Rodríguez. Su niñez se la pasó haciéndole compañía a su padre adoptivo en la cárcel.

Virginia Vallejo fue amante de mi papá mucho antes de ser amante de Pablo Escobar, estamos hablando más o menos del año 1972 ó 1973.

El cartel de Cali tuvo su inicio con un personaje llamado José ‘Chepe’ Santacruz este señor trabajó mucho tiempo en E.U. con el seudónimo de Santiago Campo. Mi padre que para ese entonces ya era un hombre ambicioso, duro e intrépido desde joven, yo recuerdo que había llegado a sacar a mi abuelo de su casa porque no le servía, porque no le llevaba dinero.

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