Evocando a San Francisco de Javier

Evocando a San Francisco de Javier

Hoy, 94 años después del naciomiento de Villa Javier en la localidad de San Cristóbal, el arquitecto Rubén Hernández Molina le hace un tributo a este hecho urbanístico que –dice– “es un punto de referencia a la protección y el amparo del Distrito del patrimonio modesto, y reseña obligada para el ejercicio de la profesión de los arquitectos que tienen en sus manos el tema de la vivienda de interés social en Colombia”.

15 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Para tal efecto, la Corporación Patrimonio Urbano Colombiano continúa el proceso que el arquitecto Hernández Molina inició hace siete años con un balance –a la fecha– de varias publicaciones, un banco de imágenes en blanco y negro, dibujos de arquitectura y urbanismo, la recuperación de la tradición oral y una investigación histórica exhaustiva que ha sido presentada a la comunidad en el auditorio del Instituto Caro y Cuervo con una conferencia sobre su evolución urbana y la donación del enlucimiento de la fachada de la primera casa, donde históricamente se puso la primera piedra.

Estas moradas resisten a su desaparición y están cargadas de vivencias a modo genérico de ‘los obreros y las Marías’, un sistema de organización ingeniado por el padre Campoamor S.J. artífice de las edificaciones, con elaboración artesanal y tinte religioso.

Según Hernández, “estaban protegidas a modo de castillo por un muro de adobe y tapia pisada, con una verja en forja para entrar a las afueras de la ciudad en medio del paisaje cercano al río Fucha, viendo a través de los años cómo la ciudad llegaba.

“Urbanísticamente contaban con un teatro al aire libre, al cual asistía el público bogotano procedente de la ciudad, utilizando el tranvía de la ruta de San Cristóbal. Disfrutaban de las presentaciones de zarzuela, de los reyes magos y de 35 fiestas periódicas que amenizaban unos 25 músicos que se formaban en las escuelas del barrio”.

Y cuenta Hernández que de alguna manera era un honor o una obligación ser actor, músico o partícipe de esas actividades religiosas y culturales. A manera de anécdota dos habitantes relataban: - Yo fui diablo en los reyes magos.

Lo interrumpe el otro diciendo: - Que va, usted que habla, si yo fui diablo mayor, usted solo fue diablo menor, más bien gásteme una cerveza, antes de que me haga hablar.

“En su desarrollo urbano entre 1913 y 1936, año en que se consolidó el barrio, contó con dos pilas de agua, una imprenta para sacar el periódico diario y semanal, una carbonera para almacenar el suministro de las estufas de carbón, un chircal para seguir construyendo las casas a medida que se conseguían recursos económicos con donaciones y bazares, zona de lavaderos, baños públicos, una botica, tienda, casa matrimonial, una caja de ahorros, un estanque para baño, zonas de recreación, comparsa y deporte, un edificio principal de una manzana de grande, noventa casas para arrendar y treinta para talleres y escuelas, su respectiva capilla y hasta una granja agrícola que permitía la enseñanza, practica y auto abastecimiento que vendía productos a sus habitantes.

“Sus casas pareadas en espejo a dos y tres aguas, tenían de una a tres habitaciones en el plano de loteo asignadas según el tamaño de la familia solicitante; en su fachada ostentaban un gran círculo contenido dentro de otro, que significaba la unión de los obreros, la unión de quienes allí habitaban, el círculo de amigos y a manera de logotipo, el ‘Círculo de obreros’, el mismo que hace ocho días evocó su historia de 94 años y de pensar, de nuevo, en temas recurrentes que le apuntan a lo social, a la comunidad… *Rubén Hernández es arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, docente universitario, autor de varias publicaciones con referencia al patrimonio modesto-no monumental. .

CIUDAD Y ARQUITECTURA CON IDENTIDAD’.

Recibió el nombre de “Villa” por la caracterización de su urbanismo, porque su imagen era de pueblito, de calles y manzanas, parque central, iglesia y edificio jerárquico frente a su espacio público, sus casitas como coloniales, blancas, cubiertas con teja española, zócalo y pequeñas molduras casi rosadas.

Se sumaba a la característica de Villa la tipología de sus casas que tenían 50 por ciento del lote como zona para huerta-jardín y una gran cantidad de zonas verdes en conjunto, todo comprendido dentro del muro de protección que las rodeaba de manera extraurbana.

Actualmente, el barrio ha entrado en las dinámicas de la ciudad moderna con cambios vertiginosos, pero aun resisten algunos habitantes y casas que aún conservan esas raíces, ese olor y esa memoria de lo que fue una particular y modesta o no monumental arquitectura, acompañada de vivencias sociales.

La cuidad, como los hombres, se caracteriza por sus singularidades, Villa Javier hace parte de esa inmensa minoría cultural que conforma la memoria de los bogotanos. Archivo Particular

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.