Mary quiere pasar de prostituta a empresaria

Mary quiere pasar de prostituta a empresaria

Mary* viste una blusa anaranjada, unos jeans, zapatos tenis y tiene el pelo largo y negro. Su vida tuvo un cambio radical en el último año. Antes era rubia, usaba lentes de contacto de colores, y siempre se mantenía bien peinada y maquillada, con mini falda, o pantalón elegante, y tacones. “Decidí cambiar por dentro y por fuera. Ahora soy más natural”, dice Mary, que estudia marroquinería en un programa del Distrito y que lucha por dejar la prostitución, que ejerce hace 3 años.

15 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Antes trabajaba de 9:00 a.m. a 9:00 p.m. en un ‘establecimiento reservado’, en Chapinero, donde los clientes la buscaban, y después se iba a una wisquería hasta las 3:00 a.m. Esa era su rutina, día tras día. “No me importaba trasnochar porque había noches que conseguía hasta 500.000 pesos”.

Ahora dedica sus días a su formación, estudia en las mañanas y, por dos semanas, ha estado vendiendo los bolsos y accesorios de cuero, hechos a mano por ella y sus compañeras: mujeres involucradas en la prostitución, pero hoy agrupadas en una cooperativa.

“A mí siempre me han gustado este tipo de accesorios”, dice Mary, que también llevará sus productos a Expocreatividad, que se realizará el 29 y 30 de septiembre, en la Plaza de los Artesanos (diagonal al Museo de los Niños).

Capacitación y DDHH Mary se enteró de estos cursos dictados por la Secretaría de Integración social, a los 23 años, cuando empezó a trabajar en el ‘establecimiento’. “Me dijeron que debía tener cédula, carné de la EPS y hacer un curso de promoción de derechos”. Mary hizo el curso por obligación, pero quedó muy satisfecha, porque además de enseñarle a cuidar su cuerpo y salud, se enteró de qué derechos tenía y de una serie de servicios a los que podía acceder.

Esta joven mujer empezó como trabajadora sexual por necesidad, cuando su familia en los Llanos Orientales, fue acorralada por un grupo armado, y ella se vio en la obligación de mandarles dinero. Su trabajo como vendedora de tarjetas de crédito de un banco no le daba lo suficiente, así que acudió a la convocatoria de un clasificado del periódico en el que solicitaban ‘damas de compañía’.

“Mi mejor amiga trabaja con los paramilitares, otra es ‘traqueta’. Yo pensé, al menos si yo me prostituyo no le hago daño a nadie, solo me hago daño a mí misma”.

Pero la rutina de ponerse el baby-doll para recibir los clientes todos los días, tener que aguantarse borrachos, esconder lo que hacía delante de su familia y esclavizarse en el cuidado de su cuerpo “para poder vender más”, la sumió en un profunda depresión, y en ese momento, recordó que cuando hizo el curso le ofrecieron capacitación y ayuda psicológica.

“Yo no había ido antes porque la dueña del ‘establecimiento’ me decía que capacitarme no me iba a dar más dinero que la prostitución, y que por ir a cursos iba a dejar de trabajar y de ganar dinero”, cuenta Mary, que hoy le da la razón a su jefa, pero cree que vale la pena porque vive más feliz.

Con la ayuda del SENA Después de recibir ayuda psicológica decidió capacitarse. Hizo el primer nivel en Marroquinería en la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo, después siguió con otra capacitación en el SENA y está próxima a empezar el nivel avanzado.

Ahora sabe fabricar bolsos de oficina, carteras de mujer, billeteras, cigarreras, cinturones y otros accesorios.

“Hoy mis amigas me dicen que me ven diferente, que me ven más contenta.

Además les da envidia porque nos llevan a paseos y a desfiles”, dice esta llanera, que ahora sueña con tener una boutique de marroquinería hecha mano y con estudiar Derecho.

La mayoría de las compañeras de Mary en el curso de marroquinería son mujeres de estrato 1 y 2, con esposo e hijos, y con una situación económica más precaria que la suya, por esto valora más la capacitación que recibe y dice que en el curso ha aprendido mucho de la vida y ha encontrado espejos que no quiere repetir. “Hay mujeres que a los 60 años todavía se prostituyen y que apenas saben escribir su nombre”.

Mary contó con la suerte de terminar el bachillerato y y dice que por eso maneja mejor su dinero. “Porque había muchas niñas que me pedían ayuda para que yo les ayudara a contar la plata”.

Por eso ellas las aconseja y las invita a hacer parte de la cooperativa que conformó con sus compañeras de estudio con las que quieren ofrecer servicios que las alejen de sus noches tristes. *Nombre cambiado por solicitud de la fuente .

‘‘La capacitación no me ha dado más plata, pero en cambio me ha dado mucha felicidad”.

Mary, trabajadora sexual y estudiante de marroquinería.

Otras opciones .

En los talleres de desarrollo personal que toman las mujeres en situación de prostitución, les informan del proyecto 7310 de la secretaría de Integración Social, que busca darles posibilidades de inclusión social. Dentro de este, ellas pueden acceder a atención psicológica, asesoría legal, culminación de la primaria y el bachillerato, capacitación en sistemas, belleza, operación de máquina plana y marroquinería.

Patricia Mugno, coordinadora del proyecto dice que “mujeres que ha pasado por el proyecto han llegado a graduarse como profesionales universitarias o a trabajar en la Secretaría”. Mugno destaca que para trabajar con este tipo de población es necesario entender que la prostitución en una situación y no una condición. “Es necesario demostrarles a esta mujeres que ellas tienen las capacidades de desempeñar cualquier otro oficio”. Entre las dificultades que han encontrado para trabajar con ellas, es que son muy desconfiadas así que fue difícil motivarlas para que trabajaran en grupo.

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