Viaje al tenebroso ‘Triángulo de las Bermudas’ bogotano

Viaje al tenebroso ‘Triángulo de las Bermudas’ bogotano

Desde hace ocho meses, al sector de la Avenida Jiménez con carrera tercera, frente al parque de los periodistas, en pleno eje ambiental, lo apodan el ‘Triángulo de las Bermudas’.

15 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Todo el que pase por allí después de las seis de la tarde se expone a ser víctima de una banda de menores de edad que se adueñó del sector y que a punta de puñal atraca a estudiantes, turistas y transeuntes para apoderarse de celulares, I Pods, dinero y hasta computadores portátiles.

Sus miembros tienen entre 13 y 16 años, bajan de los barrios Egipto, Germania y La Concordia, y comienzan a ‘operar’ apenas empieza a oscurecer.

Su método es simple. Se dispersan en grupos de dos o tres y se esconden detrás de los árboles del lugar para escoger, desde la penumbra, a su próxima víctima.

Son las 10 y media de la noche y la banda fija un nuevo blanco: un hombre delgado de casi 1,90 metros de estatura y con claro aspecto de extranjero.

Su nombre es Eric Keane*, un profesor de inglés que desde hace 6 meses vive en La Candelaria y que camina con total tranquilidad hasta que entra al ‘Triángulo de las Bermudas’.

Uno de los atracadores se acerca a Eric (estadounidense) sin que él lo note y lo coge bruscamente por uno de los bolsillos de su pantalón. El extranjero intenta liberarse, pero en cuestión de segundos otros siete jóvenes se abalanzan sobre él como micos sobre un árbol, y lo derriban.

Ya en el suelo Eric entiende perfectamente que no hay nada que hacer y por eso levanta sus dos brazos en señal de sumisión, mientras los siete atracadores lo esculcan frenéticamente.

En dos minutos todo ha terminado y los ladrones huyen con el reloj de Eric, que se levanta tembloroso, mira su billetera y reanuda su marcha.

“No es la primera vez que me pasa –dijo minutos después a EL TIEMPO–. Hace poco me la hicieron los mismos niños. Por eso no cargo mucha plata ni cosas de mucho valor”.

Mientras lo robaban, los demás transeúntes miraban asustados y apuraban el paso. Pero nadie hizo nada para defender a Eric, porque todos temen terminar ‘chuzados’ por esta pandilla, que opera en un punto, donde confluyen estudiantes de 10 universidades.

De hecho, solo cinco minutos después, la banda reaparece en el lugar y los jóvenes toman posiciones para atacar a una nueva víctima.

Según cuentan los propietarios de los comercios cercanos, cada tres o cuatro horas, dos hombres motorizados llegan al sector y recogen toda la mercancía que estos menores han robado.

Por esa razón, la Policía tiene problemas para arrestarlos, pues los jóvenes solo pueden ser procesados si son atrapados en flagrancia o con los objetos robados.

El mayor Nélson Arévalo, comandante de la estación de Policía ubicada al lado de la U. de los Andes, y a escasas cuatro cuadras del llamado ‘Triángulo de las Bermudas’, explica: “Nos enteramos del caso hace dos semanas por un comité con los estudiantes. Y la semana pasada arrestamos a cuatro. Pero normalmente no les podemos hacer nada, porque cuando los agentes los capturan nunca les encuentran nada de lo que han robado”.

‘Me están dañando el negocio’ Daniel, administrador de un comercio cercano, cuenta que esa situación le está dañando el negocio y que le ha ahuyentado mucha clientela: “La gente ya no se atreve a pasar por aquí”.

Y dice que él y otros propietarios temen por lo que puedan hacerles los miembros de la banda. Al punto de que Daniel hoy prefiere cerrar temprano su negocio, para evitarse problemas.

“Ellos aparecen y desaparecen permanentemente –cuenta– y le caen sobre todo a las parejas, a los borrachos y a los estudiantes. El viernes pasado le pegaron una puñalada a un joven que intentó defenderse cuando le iban a robar el celular. Ahí estuvo tirado varios minutos, hasta que vino la Policía y lo auxilió”.

Por la banda, este comerciante se ha visto obligado a tomar medidas de seguridad extremas, como cambiar de parqueadero cada noche para que no sepan donde está su carro. Mientras que otro de los propietarios del sector prefiere dormir en su negocio antes que salir a buscar su carro cuando cierra tarde.

Y es que esta banda no respeta ni siquiera a las mujeres embarazadas.

Cristina Hernández, artista de 27 años, recibió dos puñaladas en la pierna la primera vez que le robaron la cartera.

Y hace quince días, estando en estado de embarazo, intentaron atracarla de nuevo. Pero esta vez logró correr y escabullirse. “No se porqué, pero de unos meses para acá, uno siente que a toda hora están atracando a alguien. Y estos ‘pelaos’ ya han chuzado a demasiadas personas. Alguien debería hacer algo”.

bogota@eltiempo.com.co *Nombres cambiados para proteger a los afectados.

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1.216 menores Los capturados en los últimos cinco meses del año por la Policía Metropolitana de Bogotá, vinculados con robos y otros delitos. La mayoría permanece detenidos hasta que los papás los reclaman.

RUTAS SEGURAS PARA LOS UNIVERSITARIOS.

Ante la situación de inseguridad y robos que se ha presentado en el sector del eje ambiental desde hace varios años, diez universidades del sector decidieron unirse para contribuir a la seguridad de los estudiantes.

Así nacieron los corredores se seguridad, vías que conducen a los entes educativos, en donde hay guardias externos que recorren las calles con perros y radioteléfonos. Juan Sastoque, director de recursos académicos y administrativos de la universidad Jorge Tadeo Lozano, explicó que incluso, los guardias acompañan a los estudiantes hasta el lugar donde cogen el transporte para evitar que los roben. “Lo que hemos detectado es que los están atracando donde nosotros no tenemos presencia, como en el caso concreto el del parque de los periodistas. Ahí es donde la Policía tiene que actuar”, dijo Sastoque.

‘‘Nos enteramos del caso hace dos semanas. Ya los tenemos plenamente identificados pero no les podemos hacer nada porque son menores de edad”.

Mayor Nélson Arévalo, del comando de Policía del sector.

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