Irak: ganando tiempo

Irak: ganando tiempo

Un ambiente de frustración quedó esta semana en Washington tras los testimonios de los dos funcionarios norteamericanos más poderosos en Irak –el general David Petraeus, comandante militar, y el embajador Ryan Crocker– y el anuncio del presidente George W. Bush de que, hacia julio del 2008, los efectivos estadounidenses se podrían reducir en unos 30.000, para volver a los niveles previos al aumento de tropas lanzado a comienzos de año.

15 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Durante meses, la respuesta del gobierno a sus críticos fue la de que esperaran el reporte del general y el embajador al Congreso. Después de dos días de audiencias en ambas cámaras y de un breve pronunciamiento televisado del Presidente –el octavo desde la invasión, en marzo del 2003– no se ven ni un horizonte para el fin de la intervención ni una estrategia clara para sacar a Irak de la guerra civil en que se sumió hace más de un año. Más bien, esta parece una guerra perdida.

El general Petraeus apuntó a la disminución de los atentados con bombas y de la violencia en las provincias de Anbar (anterior fortín de Al Qaeda en Mesopotamia) y Diyala, gracias a las alianzas con líderes sunitas. Y destacó la estabilidad en la región de los kurdos, que contrasta con el resto del país, y avances en las instituciones democráticas y económicas. Los críticos alegan, no sin razón, que la violencia en Bagdad se ha reducido no por haber mayor seguridad, sino porque la limpieza étnica de las milicias chiitas contra los sunitas casi ha culminado, al expulsar a estos últimos de barrios enteros de la capital (desde febrero ha habido 35.000 desplazados). Entre junio y agosto del 2006 e igual período del 2007, los carros bomba bajaron de 42 a 23 por mes, en promedio... Que sea una mejora llegar a una veintena de atentados por mes da una idea de lo dramático de la situación.Y, como para ratificar a los escépticos que se preguntan cuánto durará la alianza con los líderes sunitas que hasta hace poco disparaban contra los estadounidenses, el jueves fue asesinado el más importante de ellos, el sheik Abdul Sattar, que se había fotografiado con Bush en su visita a Anbar, días antes.

El embajador Crocker defendió lo hecho, pero aceptó que no puede “garantizar el éxito”. Ayer, como para confirmar las dudas, un reporte de la Casa Blanca estimó que ha habido poco progreso en los 18 parámetros que el Congreso le fijó a Bush para determinar el avance en Irak. Días antes, otros reportes señalaron la fragilidad del aparato estatal iraquí y la incapacidad de la Policía y el Ejército para cumplir con sus deberes.

Por más metas que en E.U. le asignen al gobierno de Bagdad, el primer ministro, Nuri Al-Maliki (y la Policía), sigue respondiendo más a sus intereses chiitas sectarios que al papel unificador que debería desempeñar.

Sunitas, chiitas y kurdos no se ponen de acuerdo; el parlamento no ha aprobado las leyes fiscales y de petróleo básicas para un reparto del poder, y cada día parece más difícil mantener unido a Irak como entidad nacional.

Para no hablar de la presunta intervención iraní y la posibilidad de que el conflicto se riegue al vecindario –sobre la cual previno esta semana el propio gobierno iraquí–. Todo ello mientras crece en E.U. el descontento con esta guerra.

Desde Vietnam, una administración estadounidense no enfrentaba un conflicto en tan imposibles condiciones. Aunque la orquestada salida al ruedo de Petraeus, Crocker y Bush compra algo de tiempo, con la promesa de reducir las tropas al nivel que tenían antes de la escalada de este año. Los demócratas mantendrán sus críticas, pero sin votos ni agallas para forzar la salida de tropas o un drástico corte de fondos. Todo indica que un gran contingente seguirá en Irak por largo tiempo (la reducción prevé dejar desde julio del 2008 los mismos 130.000 efectivos que había antes del aumento). Ya no se habla de “victoria”, sino, en palabras de Condoleezza Rice, del “comienzo de un largo proceso”. Parece que el próximo Presidente de los Estados Unidos tendrá todo un lío entre manos. Y los iraquíes, su tragedia sin resolver.

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