¿Carbón o turistas?

¿Carbón o turistas?

Un escándalo de inmensas proporciones se ha desatado en Cartagena por cuenta de un proyecto que permitiría la entrada en marcha de un muelle carbonífero en plenas aguas de la bahía, razón por la cual el futuro de un desarrollo turístico en la vecina zona de Barú quedó en entredicho. El tema no es nuevo, ya que en el pasado hubo exportaciones de mineral desde el área, pero en esta ocasión la iniciativa es mucho más ambiciosa, pues consiste en la habilitación de un terminal de 270 metros de longitud para atender dos embarcaciones al tiempo, con una capacidad de carga de 10 millones de toneladas al año. El plan además incluye la construcción de un puerto fluvial en el Cesar, la compra y operación de 36 barcazas y la rehabilitación de una vía férrea, todo con un costo de 130 millones de dólares.

13 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Las razones de semejante iniciativa tienen lógica. De manera relativamente discreta, Colombia se ha venido convirtiendo en una potencia carbonífera de talla mundial, a raíz de los grandes yacimientos que existen y del inmenso apetito que hay por un combustible que es usado para generar energía.

Semejante riqueza ha atraído a las principales multinacionales del ramo, que entre el 2004 y la fecha han invertido más de 5.000 millones de dólares en nuevas explotaciones o desarrollo de las existentes. Debido a ello, las exportaciones de carbón pasaron de 893 millones de dólares en el 2000 a 2.913 millones en el 2006 y al cierre del semestre pasado llegaron a 1.745 millones de dólares. El Ministerio de Minas calcula que los despachos llegarán a 72 millones de toneladas el presente año, pero la proyección es que esa cifra suba a 102 millones de toneladas en 2010.

Semejante crecimiento ha desnudado la falta de infraestructura necesaria para sacar el mineral desde los sitios de explotación hasta el mar, particularmente en el Cesar, de donde sale la mitad de la producción. La otra gran proporción tiene origen en la Guajira, pero el desarrollo de la mina del Cerrejón incluyó en un solo paquete ferrocarril y puerto al norte de la península, cuya capacidad es copada por una sola compañía. Debido a los cuellos de botella, las nuevas empresas que participan en la bonanza están obligadas a buscar opciones diferentes. De tal manera, ha habido intento de desarrollar instalaciones en Santa Marta, al igual que en Barranquilla y en inmediaciones del parque natural Isla de Salamanca.

El problema es que en ciertas zonas la experiencia de tener a un puerto carbonífero de vecino ha sido muy mala. Así quedó demostrado hace unos días, cuando los coletazos del huracán Dean que azotó al Caribe generaron un fuerte oleaje en las costas del Magdalena, cuya expresión práctica fue un polvillo oscuro que contaminó las playas durante varios días. Ya en el pasado reciente los pescadores artesanales habían denunciado la desaparición de su principal medio de subsistencia debido a la contaminación del suelo marítimo, pero el episodio comprobó que el daño ecológico ya causado es grave.

En respuesta, los voceros del sector minero arguyen que hay tecnologías que permiten minimizar las secuelas de transporte y embarque, impidiendo que el polvillo de carbón sea esparcido por el viento. Esa afirmación es cierta, pero no lo fue en el caso concreto de Santa Marta, por lo cual, la incredulidad entre las comunidades ante posibles puertos futuros es la norma. Por tal motivo, resulta apenas razonable que los promotores de un proyecto hotelero prefieran abstenerse, sacrificando con la decisión nuevas posibilidades de empleo en las zonas costeras.

Para evitar que continúe la disyuntiva actual entre carbón y turistas, es evidente que el Gobierno debe tomar cartas en el asunto, con más accionar que palabras y eliminar una dicotomía que no debería existir, si se toman las precauciones del caso. De lo contrario, el limbo actual llevará a que no haya ni puertos, ni hoteles, o a que aparezcan los antipáticos rumores de corrupción que rodean el tema de Cartagena, siempre en contra del ansiado desarrollo sostenible que todavía es posible en Colombia, si hay voluntad por supuesto.

En los últimos años Colombia se ha convertido en una potencia minera, pero eso no debe ser a costa del medio ambiente ni del sacrificio del sector hotelero”.

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