Una ráfaga de ideas y sentimientos

Una ráfaga de ideas y sentimientos

Entre las películas colombianas de reciente data, que suelen dejarse tentar por el simple pasatiempo de carácter comercial y desconectarse de los problemas cruciales del país, sobresalen aquellas que nacen de una inspiración propia y rompen con los esquemas alienantes impuestos por el mercado. Un sondeo trae a consideración tres refrescantes excepciones en los últimos tres años: Sumas y restas, La sombra del caminante y la que en seguida recomendamos. En cuanto a Satanás o El Colombian Dream, las opiniones siguen divididas.

13 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

El viaje por carretera de un grupo de amigos en Medellín también funciona como una reconstrucción en el tiempo de las circunstancias dramáticas atravesadas por quienes padecieron a comienzos de los 90 la zozobra frente a una inminente captura de Pablo Escobar. Si el lenguaje es directo y desenfadado, así como la descarga de groserías a puerta cerrada, los excesos de drogas y alcohol no limitan la capacidad para retratar un estado de caos en medio de agudezas visuales y reflexiones personales.

Javier Mejía, su guionista y director, recrea nuestra modernidad de manera contundente como tratándose de un flagelo existencial que no respeta edades ni condiciones sociales. Porque en esta emocionante cinta de la contracorriente antioqueña, jamás desprendida del estado crítico de pesadilla o deterioro soportado en el ámbito nacional, hay víctimas de jueces perseguidos en convivencia con los hijos de quienes hicieron parte de negocios ilícitos. Ni el secuestro, ni las represalias o requisas autoritarias les son ajenas.

Al observar las acciones incontenibles y sus episodios desperdigados antes y después de un aparente paseo, se disparan frases ofensivas que tienen sentido y se ven situaciones tremendas o delirantes que complementan el cuadro de nuestras debilidades. Sin desconocer esos estrechos valores humanos que persisten entre jóvenes quizás ricos pero marginados del establecimiento. Cinco perfiles bien esbozados: el Flaco (ausente), Malala (compañera), Pipe (el tullido), Caliche (sereno) y La Comadreja (mal hablada).

Aunque pueda haber reacciones negativas por parte de espectadores que sólo buscan sensaciones ligeras, la perturbación que genera esta buena cinta es una de sus mejores cualidades y obedece al compromiso estético de arremeter sin contemplaciones contra las llamadas conciencias tranquilas. Conclusión: no deje de verla, o de repetirla, puesto que Apocalipsur nos abre llaves para comprender un poco mejor por qué hace rato tocamos fondo.

mlaurens@coldecon.net.co

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