El crimen de los rapados

El crimen de los rapados

No solo a las familias en cuyos hogares hay adolescentes, sino a la sociedad en general, les debió causar angustia y desconcierto la muerte de Julián Javier Prieto, el joven de 24 años, guitarrista del grupo de rock Pitbull, a manos de una horda de skinheads, o cabezarrapadas, que mientras acuchillaban a su víctima gritaban “oi, oi, oi”, con el puño en alto. En un acto de la más auténtica barbarie, seguramente ebrios y drogados, celebraban el haber logrado una cabellera. Como las viejas tribus salvajes, pero al lado de la zona rosa de Bogotá. Increíble.

12 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Este crimen deja mucho que reflexionar; mucho que revisar por parte de las autoridades e, inclusive, de los mismos grupos juveniles que conforman estas bandas, en las cuales los violentos son minoría. Es absurdo que un joven inquieto e intelectual (estudiaba dos carreras), músico por pasión, muera en esa sinrazón. Pero también resulta escandaloso que la Policía haya actuado en forma tan negligente y equívoca. No solo no actuó para evitar el crimen, sino que, según testigos, no llevó al herido a la clínica ni persiguió a los agresores. Más bien detuvo a los agredidos. La alcaldesa de Chapinero, Angélica Lozano, acepta que hubo negligencia. Faltan explicaciones y sanciones en la Policía.

En Bogotá han sido identificados entre 50 y 60 grupos juveniles que se reúnen por causas de identidad. Dentro de ellas hay muchos muchachos que no van más allá del tatuaje y la rumba. Pero otros, como los cabezarrapadas, se disputan ideologías y territorialidad. Y eso los lleva a cometer actos como el asesinato de Julián, un crimen de odio que no puede ocultarse bajo el manto de las identidades urbanas o de atenuantes de juventud. Es una expresión de criminalidad. Y son tan culpables, en este caso, los autores materiales como sus mismos compañeros, que cohonestaron el hecho.

Controlar a estos grupos es responsabilidad de las alcaldías, de la Policía, especialmente, y de las propias familias. Por ahora, según la alcaldesa, el autor material del asesinato está identificado. Capturarlo y castigarlo será un mensaje claro a los demás jóvenes, que, vistan como vistan y piensen como piensen, deben entender que esta conducta será severamente reprimida por la autoridad.

editorial@eltiempo.com.co

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