Los 'Skin' cantaban al apuñalar a Julián

Los 'Skin' cantaban al apuñalar a Julián

“Oi. Oi.Oi. Oi. Oi....” era el coro que la noche del sábado no cesaba de repetir un grupo de 30 jóvenes cabezas rapadas –de entre 15 y 20 años–, mientras uno de ellos hundía un puñal en el cuerpo de Julián Javier Prieto Herrera: 24 años y guitarrista del grupo musical Pitbull.

11 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Luego, estos ‘skinheads’ atacaron a seis de los músicos y amigos que esa noche acompañaban a Prieto, y que apenas se enteraron del ataque salieron a buscar a los agresores trenzándose en una pelea con los ‘skin’.

“Esos manes gritaban Oi. Oi. Oi’, como si estuvieran celebrando un gol.

Alzaban los brazos, lanzaban el grito y luego bajaban las manos con los puñales que tenían pa’ bajarse a todo el mundo”, contaron los amigos de Prieto, amante del género roquero hardcore, y quien recibió heridas de puñal en el cuello, tórax y espalda. Heridas que terminaron causándole la muerte poco después de la medianoche en la Clínica El Country.

Después de un ‘toque’ Todo comenzó hacia las 11:40 p.m., cuando Prieto salió de la tienda ‘Rikotto’, en la calle 79 con carrera 11, donde tomaba cerveza para celebrar ‘un toque’ de su banda con otros grupos de rock en el Club Social Gótica.

El joven músico acababa de dejar a una amiga en un taxi cuando fue brutalmente agredido en plena vía pública y, al parecer, sin causa alguna.

Nadie sabe qué pasó exactamente, pero algunas voces señalaron que un skin le dio un cabezazo sin mediar palabra, y que Prieto se defendió con un puño. Y luego vinieron las puñaladas.

“Cuando nos dimos cuenta y salimos, nos tocó defendernos a punta de botella y patadas”, contaron los amigos del músico asesinado.

Al final, también resultaron heridos: Daniel Vega, baterista de Pitbull –que se encuentra aún en la Clínica El Bosque, porque una puñalada le afectó un pulmón–; Édgar Augusto de Castro, guitarrista de Pitbull; y Anderson Amette, cantante del grupo Moshpit. Estos dos últimos, fueron dados de alta ayer.

Testigos de lo ocurrido contaron que ellos llegaron a la tienda ‘Rikotto’ para terminar allí la celebración de un sábado que había sido “la chimba”, es decir: fenomenal.

Julián Javier estaba eufórico porque a Pitbull le había ido bien en el “toque”, el primero que hacían en el reconocido club Gótica. Allí actuaron con grupos como Kontragolpe, Repulsión y Moshpit, otros grupos roqueros locales.

Esa noche Julián no paraba de hablar sobre la presentación que el próximo 24 de noviembre compartirían con el grupo argentino Urbanos HC.

Además –narraron sus amigos– Prieto “estaba súper encarretado con una nena”.

Los ‘skinhead’ acabaron así con la vida de un universitario inquieto que estudiaba dos carreras: el séptimo semestre de sociología en la Universidad Santo Tomás; y el primero, de Filosofía en la Universidad Nacional.

Prieto vivía en Suba con sus padres –Pedro Nel Prieto y Carmen Lourdes Herrera– y sus hermanos Sergio Alejandro, de 29; y Norman, de 23.

“Era muy intelectual”, recordó su padre. Prieto leía con admiración a los pensadores franceses Foucault y Derrida.

Pero nunca dejó de lado su pasión por la música, cuyas habilidades empezó a mostrar desde los 5 años, cuando trataba de tocar la guitarra empíricamente.

A los 14 años, Prieto comenzó a acercarse a las bandas de rock. Un año después, ya tocaba para el grupo Ataque en Contra. Hacía cuatro años, era uno de los guitarristas de Pitbull. Su canción predilecta era Ni un paso atrás, de la banda de rock andaluza Reincidentes.

Tenía en sus brazos tatuados la estrella náutica y figuras precolombinas.

Así se vio ayer, tocando su guitarra eléctrica, en la foto gigantesca que compañeros de Julián pusieron frente a su ataúd, en la sala de velación. Y al lado le pegaron un cartel que lo exaltaba como sociólogo y varios mensajes de “parceros” encabezados afectuosamente así: Julián Prieto, ‘el Yero’. Como le decían sus amigos.

La Policía no hizo nada “Los skinheads estaban buscando la forma de pelear con alguien. Si no hubiéramos sido nosotros, igual a alguien le iba a tocar, porque querían problemas.

Pero nosotros no les dimos ninguna importancia, y entramos frescos a ‘Rikotto’ por unas cervezas para celebrar el ‘toque’ en Gótica, con motivo de un festival en el que además de ‘Pitbull’ estuvieron bandas de heavy metal, hardcore y hasta de Emos.

Llegamos a las 10 de la noche pasadas, y como a las 11:30 Julián salió a llevar a una amiga al taxi. Cinco minutos después entró ensangrentado, lleno de huecos por todos lados, y lo único que dijo fue: “me mataron esos hp”.

No voy a negar que me dio mucha rabia, porque de una supe que habían sido los skins. Ahí mismo salí con los otros miembros de la banda y otros amigos (6 en total) a buscarlos por lo que le habían hecho a Julián.

Ellos cantaban, celebrando porque le habían dado cuchillo a Julián, y apenas nos vieron nos cayeron encima. Eran por ahí unas treinta personas: 15 hombres y 15 mujeres.

La pelea duró cinco minutos y a mí me apuñalaron por la espalda. Pero al final todos ellos salieron a correr y nosotros a perseguirlos. ‘Sally’ (mi novia) se quedó alegando con dos policías motorizados para que ayudaran a Julián. Pero ellos comenzaron a tratarla mal y a decirle groserías.

Alcanzamos a perseguirlos hasta la Clínica Country, pero una patrulla de la Policía nos detuvo antes en la parte de atrás del centro comercial Atlantis.

Y cuando les contamos lo ocurrido y pedimos ayuda para coger a los skins, que ya nos llevaban mucha ventaja, nos subieron a la camioneta, dizque por estar peleando.

Yo les dije que solo me dejaba llevar a los golpes, y cuando me vieron la espalda toda llena de sangre uno de los policías me dijo que me fuera para la clínica. Ellos (los policías) no hicieron nada.

Julián fue llevado a la Country en el carro de un amigo porque ningún taxi quiso subirlo. Allá se murió”.

LOS PUNTOS 'ROJOS' DE LA ZONA ROSA.

Venta de droga callejera en la esquina de la calle 82 con carrera 13, y sobre la carrera 15, entre otros puntos.

Proliferación de prostíbulos, inclusoa pocas cuadras de reconocidos centros comerciales.

Violación a las normas de uso del suelo por parte de propietarios de negocios de que han instalado bares y tabernas por fuera de los límites de la Zona Rosa, con fachadas de restaurantes y cafeterías.

Comercialización de artículos robados, como relojes, plumas, gafas y cadenas.

Riñas en el costado sur del centrocomercial Atlantis.

‘Carteristas’ pendientes de cualquier descuido

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