El 'desguazadero' de los celulares

El 'desguazadero' de los celulares

Un joven de piel morena, de 1,70 metros de estatura y ojos oscuros, atraviesa a toda velocidad el pasillo del primer piso del centro comercial Las Avenidas, hasta llegar a uno de los locales. Saca del bolsillo de su saco un celular y se lo ofrece a un hombre robusto. El señor le dice que no con la cabeza, pero le sugiere que vaya a otro local. El muchacho sube por una rampa al segundo piso, y se dirige a un hombre rubio que le recibe el celular y le entrega unos billetes al adolescente, que se va despacio entre los múltiples compradores.

10 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Esta escena se repite todos los días en este sitio, ubicado en la calle 13 con Caracas. “Solo a nuestro local llegan diez celulares diarios”, le dijo a EL TIEMPO un niño, de unos 13 años, que atiende en un almacén del primer piso de este edificio, especializado en ventas de teléfonos móviles ‘de segunda’, y que tiene más de cien locales.

“Uno no pregunta si son robados, solo los compra”, cuenta el pequeño, que a pesar de su corta edad, conoce muy bien el negocio.

“Nosotros compramos el Motorola V3 por 100.000 pesos y lo vendemos en 150.000 o 200.000”, dice, a sabiendas de que en el mercado legal el mismo equipo cuesta 400.000.

Con el celular, los clientes reciben el cargador, y a veces el ‘manos libres’, obviamente sin caja. Y así se sientan estrenando teléfono, es normal que encuentren, entre los contactos, el número telefónico del ‘amorcito’ o la mamá del anterior dueño.

Los precios cambian según el comprador y la negociación empieza en la entrada del centro comercial, en la que se ven varias motos estacionadas.

“¿Qué equipo necesita?”, pregunta un hombre de camisa de color naranja a quienes entran. Algunos se dejan atender por él, pero otros obedecen a los letreros de las paredes que recomiendan no comprar en los pasillos, porque hay ladrones que se hacen pasar por vendedores, reciben dinero mientras van, supuestamente. por un móvil, y nunca regresan.

Más de 2.000 al día en Bogotá En Bogotá se cometen la mayoría de hurtos de celulares del país, según Tulio Ángel, presidente de la Asociación de Empresas de Telefonía Celular (Asocel).

En el último año se han robado o perdido 2,1 millones de celulares en Colombia. Esto equivale a 5.753 teléfonos cada día.

Y aunque no hay registros policiales sobre el número de celulares robados diariamente en la ciudad (pues se clasifican dentro el grupo de hurto a personas, en general), fuentes de la industria calculan que alrededor de un 40 por ciento del total de robos ocurren en Bogotá: unos 2.300 al día (entre robados y extraviados).

Ángel asegura que su entidad ha tratado de combatirlos. “Cuando roban un teléfono de cualquier operador, reportamos a las tres empresas prestadoras del servicio, para que no sirva en ninguna. Pero los ladrones burlan este mecanismo y los vuelven a activar”, afirma Ángel.

A esto se le conoce como “liberar” el teléfono, y no es nada del otro mundo.

En Las Avenidas esa operación cuesta entre 3.000 y 60.000 pesos, dependiendo del equipo.

EL TIEMPO habló con una de las personas que presta este servicio: “Liberar un equipo es darle un nuevo serial. El serial es como la cédula del teléfono. Así que uno compra un software, conecta el celular al computador, se le borra el anterior y se le da uno que esté disponible”.

El precio del software para hacer esta operación oscila entre los 30.000 y los 50.000 pesos.

“Es como la piratería de discos, es ilegal, pero en todas partes venden quemadores y discos vírgenes”, dice el reparador.

Para ‘liberar’ el teléfono también es necesario saber unos códigos, que cambian de un equipo a otro. Los más difíciles son los de la marca Nokia.

El ‘flecha’ se exporta El Nokia 1100, más conocido como ‘el flecha’ –porque según un chiste popular ‘todo indio lleva uno’–, es de los pocos que no se pueden liberar. Pero ese no ha sido inconveniente para hacer negocio. “Un señor los pasa recogiendo para llevárselos para Ecuador, porque allá sí sirven”, cuenta un vendedor de Las Avenidas.

Este contrabando también ha intentado ser frenado por Asocel. “Los celulares, además, los reportamos a todos los países de Latinoamérica, pero al parecer estos no hacen los suficientes controles”, sostiene Ángel. Esta actividad es tan ilegal como regrabar una autoparte con unas placas diferentes a las originales, sin embargo, en Las Avenidas y otros sitios de la ciudad, (como el Sanandresito de la 38) se hace sin ningún inconveniente.

El mayor Nelson Arévalo, comandante de la Policía de la localidad de Santa Fe, a la que pertenece Las Avenidas, dijo que no conocía la situación del centro comercial, pero sostuvo que sus unidades “hacen un trabajo continuo con la policía de Los Mártires y la Dijín, para atrapar a los ladrones de celulares y a quienes los comercian clandestinamente. En el caso de los locales es necesario comprobar la flagrancia para hacer un operativo”.

En las visitas que EL TIEMPO hizo a La Avenidas sí se observó la presencia de algunos uniformados de la Policía en sus motos. Curiosamente no estaban haciendo controles, sino comprando celulares.

Otro de los factores que motiva el comercio de estos equipos son sus reparaciones, pues las garantías de los operadores suelen ser de poca cobertura y los usuarios tienen que recurrir a un técnico empírico o comprar un teléfono nuevo. “Compramos muchos teléfonos de segunda para sacar los repuestos y poder reparar otros celulares”, afirma un reparador.

No todos son robados Además, no siempre que se libera un celular es porque es robado. Puede ser que lo enviaron de otro país, o un regalo de alguien que se compró uno mejor.

El procedimiento de abrir las bandas, o sea habilitar un aparato para que reciba una tarjeta Sim de cualquier operador, no es ilegal en Colombia, sin embargo en el mercado formal casi nadie presta este servicio.

Al preguntarle al presidente de Asocel si han medido el impacto que trae a su negocio el mercado negro de celulares, respondió que no. “Nos afecta porque genera delincuencia e ilegalidad, pero no a nuestro mercado, porque nuestra especialización está en la habilitación de líneas”, dijo.

Pero a los que sí afecta es a los miles de personas que son víctimas de la delincuencia por este mercado paralelo de teléfonos celulares que, al igual que lo que ocurre con el mercado negro de los respuestos de carros, es alimentado por los propios ciudadanos.

20.000 pesos, es el precio desde el cual se puede conseguir un celular en el mayor centro de reventa de celulares de ‘segunda’ en Bogotá.

5.753 celulares se roban cada día en Colombia, según Asocel. Y los expertos cree que cerca del 40 por ciento de esos robos ocurren en Bogotá.

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