¿El tercero?

¿El tercero?

Desde hace ya varias semanas, el tema aparece en conversaciones de oficina y tertulias de coctel, e incluso ha sido carátula de revistas y del que se han ocupado algunos columnistas. El hecho es que la pregunta sobre si Álvaro Uribe aspirará a un tercer mandato está en boca de muchos colombianos. Las razones para que ello suceda tienen que ver primero que todo con su popularidad, que, más allá de subidas y bajadas poco significativas, sigue siendo muy alta, a pesar del evidente desgaste que implica llevar más de cinco años en la Casa de Nariño. Y esa popularidad parece relacionada con la vigencia que sigue teniendo el estilo muy particular de Uribe de gobernar y de comunicarse con los colombianos.

09 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Además, la persistencia del riesgo que significan las Farc, manifiesto en emboscadas como la reciente en La Línea, que dejó 11 militares muertos, planes terroristas como los develados recientemente y el delicado asunto de los secuestrados, en vez de llevar a los colombianos a pensar que la política de seguridad del Presidente fracasó, mantiene a la mayoría convencida de que mientras esos peligros existan, él es el hombre para enfrentarlos. Lo muestra la reciente encuesta de Invamer-Gallup, en la que la popularidad del Presidente sube cinco puntos.

A esa actitud le ayudan golpes importantes de la Fuerza Pública, como la presunta muerte del ‘Negro Acacio’. La idea de que Uribe ha contenido y hasta hecho retroceder a las Farc, pero aún no ha acabado con ellas, produce una ecuación que, para muchos, conduce a que el actual mandatario deba seguir.

* * * * Una circunstancia externa contribuye a que el tema de una segunda reelección esté en la agenda. El proceso de reforma constitucional lanzado por el presidente venezolano, Hugo Chávez, implica que el mandatario, que ya fue reelegido, pueda seguirlo siendo indefinidamente. Si puede Chávez, a la vez muy distinto y muy parecido a Uribe, ¿por qué no puede Uribe?, comienzan a preguntarse seguidores de este último.

Otra razón por la cual la posibilidad de un tercer mandato se ha abierto es que ni en el uribismo, ni en la oposición, ha surgido un liderazgo claro de sólido perfil presidencial. Hay una lista de presidenciables destacados –Lucho Garzón, Rafael Pardo, Germán Vargas, Sergio Fajardo y otros–. Pero, al menos en el uribismo, son tantos que, como se dijo en estos días, Uribe tiene sucesores pero no sucesor.

El Presidente se ha apresurado a descartar la posibilidad de un tercer período, al afirmar, como lo hizo en Bucaramanga el jueves 30 de agosto, que el país necesita un liderazgo joven y renovado. Al mismo tiempo, Andrés Felipe Arias, su Ministro de Agricultura, ha lanzado una campaña contra el despeje, en la que muchos ven los pinitos de una ofensiva para ponerse en la fila de la sucesión presidencial. Pero ni la negativa de Uribe ni sus aparentes guiños a Arias convencen a quienes creen que el verdadero plan de algunos asesores de Palacio es el tercer mandato y que, en esa medida, lo del Ministro de Agricultura no es más que una jugada de despiste.

* * * * A todas estas, ¿es posible jurídicamente una segunda reelección? Cuando avaló la reforma que hizo posible la primera, la Corte Constitucional dejó por sentado que solo podría ser una. Pero esa interpretación podría cambiar con una nueva reforma que, según señales que asoman desde círculos uribistas, no se daría por el Congreso, sino con un referendo, que iría al Capitolio como ley, sometida solo a cuatro y no a ocho debates.

Antes de ponerse a consideración de los colombianos, el referendo tendría que pasar el examen de la Corte Constitucional. Sin embargo, la Corte que lo estudie no será la misma que dijo que la reelección era solo por una vez.

Estaría integrada con al menos dos nuevos magistrados de ternas propuestas por el Presidente, el primero de los cuales, Mauricio González, su ex Secretario Jurídico, acaba de ser elegido. Es decir, una Corte de origen más uribista.

* * * * Habrá quienes vean en la posibilidad de un tercer mandato ventajas, sobre todo en el terreno de la continuidad de las políticas. Pero no hay duda de que el tema implica enormes riesgos. Para la democracia, por lo que significa la perpetuación de una misma persona en el poder. Y para la imagen del país en el exterior, donde cambiar una y otra vez las reglas del juego para posibilitar la reelección de un mandatario es muy mal visto. Es temprano para pronunciarse de fondo sobre un tema tan complejo y con tantas aristas. Pero, por lo pronto, es indudable que el asunto está sobre el tapete y que en los meses por venir será motivo de agudos debates que encenderán las pasiones y enrarecerán el clima político.

editorial@eltiempo.com.co

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