UN HOTEL DETENIDO EN EL TIEMPO

UN HOTEL DETENIDO EN EL TIEMPO

En el hotel San Germán de Girardot el tiempo se detuvo desde hace casi noventa años. De eso se encargan los ventiladores alemanes de principios de siglo con hélices de madera, un espejo de murano incrustado en la pared, el conmutador que data de 1925 y varios teléfonos de manivela pegados en los muros.

14 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

La casona parece un museo. Inmensas palmeras y gruesos palos de mamoncillos rodean la sede que presume de sus baldosines importados de Italia, las lámparas y sillas de madera inglesas, grandes armarios de cedro y caoba, aguamaniles y hermosas ánforas.

Pese a que el San Germán y otras diez casonas con siglos de antigedad hacen parte de los sitios de interés arquitectónicos de Girardot, los expertos se quejan de la ausencia de un reglamento urbanístico para la ciudad.

Se teme por la desaparición pausada de la parte antigua de Girardot, para darle paso a nuevas construcciones.

Los arquitectos Angela Rodríguez y Orlando Barragán, miembros del Consejo de Patrimonio de Girardot incluyeron la edificación en un listado de los sitios de interés arquitectónico e histórico que se deberían preservar. El documento reposa en la Alcaldía y la Corporación de Turismo.

Pero, frente a la carencia de interés oficial para preservarlos, Rodríguez y Barragán promueven proyectos con particulares tendientes a evitar que la memoria de la ciudad se acabe por el efecto de las picas y las palas.

El San Germán es uno de los más antiguos de Girardot y de los primeros que funcionaron como tal en Colombia.

Menú para descansar Desde finales del siglo pasado, los visitantes y comerciantes, después de agotadoras semanas a bordo de los buques de vapor, encontraban en el hotel espléndidas horas de descanso.

Allí, al frente de la antigua estación del ferrocarril, esperaban el transbordo con destino a Bogotá.

En la inmensa casona de adobe prensado, techo de palma, ventanales de madera y largos zaguanes, durmieron las tropas del gobierno conservador durante la Guerra de los Mil Días.

La historia turística del San Germán arranca a principios de este siglo cuando Germán Venegas, un español radicado en Girardot, decidió darle a su casona el estatus de hospedería. Habilitó 40 amplias habitaciones, armó kioskos de madera en la mitad del patio central y dotó al lugar de muebles, ventiladores, lámparas y sillas.

Venegas y su familia lo administraron hasta 1917 cuando el hotel, ya con renombre a lo largo de la ribera del río Magdalena, fue vendido a Guillermo Durán, quien en compañía de su esposa Magola reformaron sus instalaciones y mejoraron la atención.

En ese entonces era el sitio obligado de cuanto personaje ilustre llegara a Girardot.

Luego de la muerte de los Durán el hotel fue adquirido por Alejandro Escovar Suescún.

Y vino la decadencia de los trenes y el barco de vapor y con ella, la del hotel; la clientela empezó a preferir otros sitios para veranear.

Cuando vi en el periódico que estaba en venta el San Germán, le dije a mi familia fue nos íbamos a vivir en Girardot , cuenta Alberto Galvis Meléndez, un hotelero bogotano que desde hace más de diez años es su propietario.

El nuevo dueño tuvo que hacerle nuevas inversiones al hotel, el cual requería de arreglos en los servicios sanitarios y la ampliación de los instalaciones.

Para ello, adquirió un lote contiguo y construyó la parte moderna del lugar, donde se encuentra la piscina.

Para Zoraida Galvis Santamaría, hija del propietario y encargada de la sección de alimentos y bebidas, la clientela del San Germán ha sido constante a lo largo de estos años, muchos llegan aquí a recordar la primera vez que los trajeron sus padres, cuando iban de paso a Bogotá o simplemente por referencia de sus abuelos cuenta.

Sus actuales propietarios mantienen la misma estructura con la que se fundó hace casi 90 años, por eso el blanco de su fachada no ha sido modificado, igual con su estructura.

Lo único que se reemplazó, por viejos, fueron los kioscos de principio de siglo, allí se construyó uno nuevo que es donde se encuentra el comedor del hotel.

Todo se ha respetado, incluso no se han retirado de los gruesos muros de adobe, ni las argollas de hierro ubicadas estratégicamente para que el huésped colgara su hamaca.

Renace El Tocarema Después de cerca de tres años de remodelaciones, se dará al servicio en este mes el Hotel Tocarema.

Con una inversión cercana a los 5.000 millones de pesos, el Hotel quedó convertido en uno de los más modernos de Girardot.

El Tocarema, ubicado en la parte alta de la ciudad, fue hasta hace cuatro años de propiedad del municipio; ahora pertenece a inversionistas privados.

El lugar fue ampliado en 160 habitaciones, una discoteca, una enorme piscina para adultos y otra para niños, sede social, kioscos, salón de convenciones con capacidad para 600 personas, canchas de tenis, amplios parqueaderos, jacuzzis con vista a la ciudad y moderna lavandería.

En las obras realizadas se respetó la parte antigua de la edificación que tiene más de 30 años de construida.

Se preservaron los inmensos jardines y especialmente las palmas de coco ubicadas en la orilla de la piscina, que vienen a hacer parte integral del edificio.

El Tocarema sería puesto al servicio el 20 de diciembre, para entonces sólo quedaría por terminar el salón de convenciones y la discoteca

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