Pavarotti cantó para todos

Pavarotti cantó para todos

La muerte del tenor italiano Luciano Pavarotti le dio ayer la vuelta al mundo. Desde el presidente estadounidense, George Bush, hasta los noticieros de la cadena árabe Al Yazira hablaron del tema. La conmoción por el fallecimiento del llamado “tenor del pueblo” fue global.

07 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Con 71 años, Pavarotti falleció en la madrugada de ayer en Módena (norte de Italia), su ciudad natal, rodeado de sus familiares más cercanos y de los médicos, quienes lucharon contra un cáncer de páncreas que llevaba más de un año devorando al artista y apartándolo de los teatros.

“El maestro sostuvo una dura batalla contra el tumor que al final le ha quitado la vida. Manteniendo la actitud que ha caracterizado toda su vida y su trabajo, permaneció optimista hasta el último instante de su enfermedad”, informó el agente de Pavarotti, Terri Robson, quien dio la noticia.

Poco antes de morir, el tenor declaró: “Espero ser recordado como un cantante de ópera, es decir, como el representante de una forma de arte que ha encontrado su máxima expresión en mi país. Y espero, además, que el amor por la ópera tenga siempre una importancia central en mi vida”.

‘Bel canto’ para el pueblo Los críticos recordaban ayer a Pavarotti como el cantante lírico más importante de las últimas tres décadas, comparando su genio con el de María Callas y olvidando las polémicas surgidas años atrás por su disponibilidad para participar en proyectos que poco tenían que ver con la ópera y por prestar su magnífica voz para experimentos comerciales.

Ettore Mo, el último crítico de música que consiguió entrevistar a Pavarotti y quien fue su amigo íntimo durante más de 40 años, prefiere recordarlo precisamente así, dejando en un segundo plano su notoriedad pública y sus proyectos comerciales.

“Nunca me atreví a decirle que formo parte del grupo de los conservadores, de los que prefieren el Réquiem verdiano donde su voz llega con vibraciones arcanas a las zonas siderales del pentagrama, al Miserere cantado a dúo con Zucchero”, explica Mo.

La maestría de ‘Big Luciano’, como se le conocía en Nueva York, se forjó en una familia humilde de la provincia italiana.

Hijo de un panadero del Ejército, nació en Módena en octubre de 1935 y, tras una infancia marcada por las dificultades económicas, empezó a aficionarse por el canto en su primera juventud, de la mano de su padre.

Combinando la pasión por la música con su trabajo como maestro de escuela, poco a poco se fue haciendo un hueco en la escena italiana, alcanzando su primer gran éxito en 1961, cuando obtuvo el Premio Internacional de Reggia Emilia, interpretando el Rodolfo de La Bohème, de Puccini.

“Su consagración definitiva llegó el 17 de febrero de 1972, en el Metropolitan de Nueva York, donde en la Fille du Regiment, de Donizetti, llevó al éxtasis al público con nueve do de pecho perfectos. Suyo fue el récord de conseguir 17 llamadas con ovaciones del público”, explica el crítico Stefano Abbri.

El cantante italiano Andrea Bocelli afirmó que Pavarotti “es una de aquellas personas que consiguen ya en vida entrar en la leyenda”.

Conciertos para multitudes Mientras críticos y colegas lo recuerdan por sus cualidades líricas, su entrada en la fama mundana –que le valió el sello de ‘Tenor del Pueblo’– llegó con sus espectaculares conciertos al aire libre, así como con Los Tres Tenores, una exitosa asociación con los líricos españoles Plácido Domingo y José Carreras.

En los años 90, Pavarotti cantó en el Hyde Park de Londres, ante 150.000 aficionados, y en el Central Park de Nueva York, ante 500.000 personas, en un concierto transmitido en directo en las televisiones de medio mundo.

Meses después repitió a la sombra de la Torre Eiffel de París, reuniendo a más de 300.000 espectadores.

En la cima de los proyectos comerciales que tanto enfadaron a los críticos más puristas se sitúa el festival benéfico Pavarotti and friends, donde el italiano consiguió reunir en Módena a decenas de estrellas del pop internacional.

Si el luto alcanzó ayer dimensiones planetarias (del presidente francés Nicolás Sarkozy a la sede de la ONU en Nueva York), donde más se hizo sentir la pérdida fue en su ciudad natal. Allí, en Módena, incluso, se decretó el duelo oficial.

Anoche se instaló la capilla ardiente en la catedral de la ciudad, por la que empezaron a desfilar miles de personas. Allí mismo se celebrará mañana el funeral, en el que se espera la presencia de cientos de artistas de talla internacional.

La cita que le cumplió a Colombia en 1995.

El 2 de febrero de 1995, entre las 8 y las 10 p.m. no pasaron aviones sobre el estadio Nemesio Camacho El Campín. Pavarotti le había advertido a Fanny Mikey, directora del Teatro Nacional, que el ruido que producen las aeronaves, que se escucharon con frecuencia durante el ensayo de esa tarde, podría estropear la presentación. Mikey llamó angustiada a la torre de control del aeropuerto El Dorado y pidió el favor que retrasaran varios vuelos para que el concierto que disfrutaría ese día Bogotá no se viera empañado.

Esa fue una de las muy pocas exigencias que el recién fallecido italiano hizo cuando vino a la capital. “Era un hombre muy sencillo”, cuenta Mikey, cuya compañía produjo el evento.

Pavarotti pudo cantar tranquilo con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

Tres tanques de oxígeno aliviaron el soroche que sufrió el cantante por la altura bogotana. Su camerino fue adecuado como una ‘suite’ de hotel.

Mientras las cerca de 50 mil personas que asistieron al concierto esperaban su entrada al estadio, Pavarotti veía las películas de Sophia Loren que pidió para amenizar su estadía. El evento inició con el Himno Nacional. En las dos horas que duró su presentación, el tenor cantó dos arias de ‘Tosca’: ‘Recóndita armonía’ y ‘E lucevan le stelle’. El público en silencio escuchó también la historia del arlequín de ‘Payasos’, de Leoncavallo.

Dentro de los asistentes a gramilla, que pagaron 250 mil pesos, había hombres de esmoquin y corbata negra. Muchas mujeres calzaron tacón de puntilla para la ocasión y usaron abrigos de piel.

Pero no todo fue elegancia: algunos llevaron ruana para protegerse del frío capitalino.

Ese año Pavarotti trajo a Colombia el concurso que lleva su mismo nombre. El ganador de una beca de estudios musicales en Filadelfia fue Valeriano Lanchas, quien ahora es un reconocido intérprete.

El concierto del italiano se recuerda hoy como uno de los mejores que ha vivido la ciudad, sin la molestia de los aviones, pero con otro incómodo ruido: el de los celulares, que “el público no supo controlar”, como lo dijo una crónica del momento.

‘‘ Pavarotti era un volcán que cantaba fuego (...) Algunos saben cantar ópera; él era la ópera”.

Bono, líder del grupo U2.

El dolor de sus colegas.

La muerte de Pavarotti conmocionó a quienes compartieron con él.

José Carreras, tenor y amigo entrañable: “Este es un momento desgraciado pero debemos recordarlo como el gran artista que era y como un gran jugador de póquer”.

Plácido Domingo, tenor: “Siempre admiré su grandiosa voz; era un don de Dios”.

Bono, vocalista de U2: “Era un volcán que cantaba fuego, que derramaba amor por la vida”.

Mercedes Sosa: “Disfruté cada trabajo con él”.

Ricky Martin: “Se mantendrá sin duda en el corazón de futuras generaciones”.

Sting, cantante: “El mundo es más pequeño sin este gran hombre”.

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