Bandas emergentes elevan crímenes en tres capitales

Bandas emergentes elevan crímenes en tres capitales

El impacto de las bandas que surgieron tras la desmovilización ‘para’ se está sintiendo ya en las ciudades.

06 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

A ellas, admiten autoridades, se debe en parte el incremento del número de homicidios en Cúcuta, Valledupar y Santa Marta.

En la capital nortesantandereana, donde más aumentó el número de muertes violentas, de 259 entre enero y agosto del 2006, a 327 en el mismo período de este año, las grupos emergentes se están matando, entre otras cosas, por el control del negocio de la droga y de la extorsión.

La Policía admite esta situación y la Fundación Progresar, estudiosa de la violencia, se atreve a decir que la manera de matar es idéntica a la que practicaban los paramilitares (ver Cúcuta, como en sus peores tiempos).

Esta ciudad, junto con Pereira, tiene hoy la segunda tasa de homicidios más alta por cada 100 mil habitantes: 43.

En Santa Marta, las ‘Aguilas Negras’ tienen gran protagonismo en la violencia. Allí están enfrentadas a mandos medios desmovilizados de las autodefensas que reincidieron. El caso más ilustrativo de esta pelea fue la masacre de cinco personas en un estadero, el pasado 29 de julio.

El Ejército tuvo que salir a las calles y aún mantiene puestos de control en varios sectores.

Y en Valledupar, como en Cúcuta, se da enfrentamiento de grupos emergentes. El comandante de la Policía allí, coronel José Édgar Cepeda, admite esto, pero aclara que también hay homicidios por deudas y riñas.

Desapareció el ‘orden para’ ¿Por qué los enfrentamientos de los grupos emergentes se están trasladando a las ciudades? Según el director de la Fundación Seguridad y Democracia, Alfredo Rangel, tras la desmovilización de los paramilitares desapareció el ‘orden’ que algunos imponían en zonas urbanas y por eso hoy se dan con libertad las peleas.

“Cuando desaparece un grupo mafioso, entra otro grupo mafioso a tratar de tomar el control. Ocasionalmente esas bandas cuentan con la participación de algunos desmovilizados”, agrega Rangel.

Advierte que no hay que olvidar que la desmovilización paramilitar significó una baja importante en la criminalidad, y lo que se está viviendo ahora se relaciona más como la aparición de nuevos factores de violencia.

Rangel dice, sin embargo, que si bien este fenómeno puede considerarse natural tras un procesos de paz, las experiencias del posconflicto en Centroamérica muestran que si se descuida, podría dispararse.

En Bucaramanga e Ibagué, las otras ciudades con mayor incremento en el número de homicidios, de acuerdo con las cifras de la Policía (ver gráfico comparado), se da una mezcla de sicariato e intolerancia.

Pero quizás el caso más dramático es el de Cali. Es la única capital donde el número de muertes violentas sigue estando por encima de mil, aunque el incremento entre enero y agosto del 2006 y el mismo período del 2007 no fue tan alto.

Bandas emergentes, narcotráfico y una alta dosis de intolerancia se han convertido allí en una mezcla explosiva. .

‘‘ Cali para seguridad cuenta con 13.000 millones de pesos anuales, mientras que Bogotá cuenta con 80.000 millones. El delito no está acabado en ninguna parte”.

General Jesús A. Gómez, comandante de Policía de Cali.

En Valledupar la gente dice sentirse insegura .

VALLEDUPAR Al surgimiento de bandas emergentes o ‘Águilas Negras’, y a la delincuencia “pescando en río revuelto”, atribuyen los ciudadanos de Valledupar el incremento de la violencia en esa capital.

“Aquí le toca a uno andar con cuatro ojos. Los atracos y hasta los muertos son pan de cada día”, comenta uno de ellos.

“Lo que ocurre es que mucho desmovilizado se acostumbró a recibir buena plata cuando estaba con los ‘paracos’ y ahora quieren vivir de actividades ilegales”, dice otro habitante.

Una fuente de la Policía de Valledupar apoya las versiones de los ciudadanos y admite que los grupos surgidos tras la desmovilización han agravado la situación en la capital.

Sobre esto el comandante de Policía del departamento, coronel José Édgar Cepeda, y el secretario de Gobierno de Valledupar, Fabio Mendoza, coinciden en que a esto se suman el desempleo, la pobreza, el desplazamiento y hasta la guerrilla. Tanto el oficial como el funcionario municipal se mostraron extrañados con las cifras reveladas en Bogotá.

Pero uno de los hechos violentos ocurrió apenas el pasado martes.

Ese día mataron al rector del Colegio Pestalozzi y ex secretario de Educación Andrés Escobar, a quien atracaron por robarle 15 millones de pesos que llevaba en su carro y que acababa de retirar de una entidad bancaria.

El informe más reciente – el del fin de semana pasado– sobre la lucha de la Policía contra acciones delictivas en el Cesar reportó la captura de 114 personas culpables de homicidios y el esclarecimiento de 131 casos.

Así mismo, la incautación de 269 armas ilegales y la captura de 319 personas por porte ilegal de armas.

Hasta el momento se han desarrollado 247 campañas educativas en distintos municipios del Departamento para prevenir los delitos.

Cúcuta, como en sus peores tiempos.

CÚCUTA Solo la semana pasad a, en el barrio Cerro Norte, uno de los que está en disputa en Cúcuta, fueron asesinados seis hombres, que estarían relacionados con bandas emergentes. Cuatro en una cancha de microfútbol y dos cerca de ahí.

Estos crímenes sumaron para los 68 homicidios de más que se presentaron entre enero y agosto pasados al comparar con igual período del 2006. La pelea en Cúcuta también es por quedarse con los cobros por vigilancia y con el negocio de la prostitución. "La mayoría de los muertos son personas con entradas a las cárceles y antecedentes de drogadicción", afirma el coronel Jorge Iván Flórez, comandante de la Policía de Norte de Santander.

Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar, dice que además de las cifras, lo importante es reflexionar sobre quiénes continúan disparando y quienes son las víctimas.

Asegura que la modalidad criminal es idéntica a la que utilizaron los paramilitares cuando tenían el control, entre 1999 y el 2004.

“Sacan a sus víctimas de las casas, les disparan en la calle desde motos o carros, el tipo de arma automática es igual y participan más de dos hombres en la operación", precisa Cañizares. Dice, además, que las víctimas siguen siendo comerciantes, vendedores, conductores, prestamistas y desempleados.

La cifra de muertos este año en Cúcuta, 327, no se registraba desde el 2002, cuando la capital tuvo los índices más altos de criminalidad, asociada a narcos y ‘paras’.

Intoleracia mata a los caleños: autoridades.

CALI El secretario de Gobierno de Cali, Rodrigo Zamorano, asegura que el 70 por ciento de las muertes violentas en Cali (1.026 entre enero y agosto pasados, frente a 1.000 del mismo período del año pasado) son producto de la intolerancia. “ De la fiesta que termina en riña, de las balas perdidas, de la falta de cultura ciudadana”, añade. Sin embargo, el sociólogo de la Universidad del Valle Fernando Urrea afirma que lo que sucede en esta ciudad debe analizarse a la luz de lo que ocurre en Buenaventura y el norte del Valle, “porque el resurgimiento de bandas criminales tiene impacto en la capital”.

El comandante de la Policía Metropolitana, general Jesús Antonio Gómez, admite la participación del narcotráfico en la cifra de homicidios, pero afirma que si bien a comienzos de año la ciudad venía perdiendo la meta de bajar las muertes violentas, no se puede desconocer que en los últimos tres meses las cifras han caído.

"Por ejemplo, Bogotá cerró agosto con 107 homicidios, mientras que Cali reportó 86. Esto también se debe reconocer y lo que nos impone es un reto para seguir bajando la curva", dice el general Gómez.

Explica que en 1995 la tasa de homicidio era de 110 por cada cien mil habitantes, pero que el trabajo institucional ha disminuido la tasa a 64 por cada cien mil.

El hecho es que un 50 por ciento de los caleños piensa que la seguridad en la capital es apenas regular, según la encuesta de percepción del proyecto ‘Cali, cómo Vamos’, que se presentó ayer.

De acuerdo con el mismo sondeo, un 62 por ciento de los ciudadanos no denuncia porque no tiene confianza en las autoridades.

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